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¿Manipulación en las Bolsas?
@S. McCoy – 25/07/2009
Y el mercado de acciones estalló. Tras haber amagado con la ruptura a la baja del importante soporte del 878, el S&P 500 ha rebotado con una fuerza inusitada que le ha llevado a romper la fuerte resistencia que el indicador presentaba alrededor de los 950 puntos, lugar de convergencia entre la tendencia bajista de largo plazo iniciada en octubre de 2007 y la alcista de corto que viene de los mínimos de marzo. Las posibles formaciones de hombro, cabeza, hombro cuya confirmación amenazaba con un fuerte recorrido a la baja en caso de materializarse, se han convertido en triples suelos que consolidan el vigor del mercado. La subida, como era previsible, ha sido extraordinariamente virulenta y nos ha dejado a los que preveíamos que la dirección de las bolsas sería la contraria con un palmo de narices.
Como cualquier otro movimiento técnico, detrás de su origen hay que buscar una causa fundamental. Y en esta ocasión no iba a ser menos. Han convergido, por una parte, unos resultados empresariales -fundamental pero no exclusivamente de financieras y tecnológicas, véase el caso de GE- mejores de lo esperado que, en el caso de las firmas del Nasdaq han sido fruto de la capacidad de reacción que la globalización ha propiciado. Aún así las caídas interanuales de beneficios siguen siendo importantes, como nos recuerda este revelador chart. Igualmente, la doctrina de los brotes verdes continúa ganando adeptos en la medida en la que los datos macro sorprenden positivamente y, aunque no se puede de hablar de recuperación propiamente dicha salvo en muy contadas economías, se impone al menos la tesis de la normalización. La conclusión es que el horizonte veraniego se plantea mucho más halagüeño de lo que el dato de paro estadounidense apuntaba hasta hace sólo un par de semanas.
¿Y España? Bueno, el jueves me sugería un lector que destacáramos lo bueno de nuestro país, que es mucho y abundante, que parece que sólo nos fijamos en el lado oscuro de la fuerza zapateril. Bueno, querido Jaime, pues un guiño para ti. El IBEX tira porque se ha convertido en una aproximación bastante certera a la emergencia latinomericana y, en concreto, tanto a México como a Brasil. Por si les cupiera alguna duda, echen un vistazo a estos gráficos de Bloomberg que comparan el comportamiento de los principales selectivos de los tres países tanto desde el inicio del año como a partir de la recuperación que se iniciara a comienzos de marzo. La correlación es prácticamente absoluta. Esto, que en el pasado era un factor de riesgo adicional, se ha convertido ahora en garantía de estabilidad si nos creemos la solida posición financiera de estas naciones, y en especial de la economía brasileña. El IBEX es cada vez más Latibex. Importa menos lo que ocurra dentro de nuestras fronteras.
Sombras de manipulación en el horizonte.
Sin embargo, una sombra de duda acecha sobre la reciente evolución de los mercados financieros a nivel mundial. Las primeras sospechas aparecieron a principios de julio cuando alguno de los blogs más outsiders de Estados Unidos se hicieron eco de la detención de uno de los principales operadores de mercado de Goldman Sachs al que el banco de inversión norteamericano acusaba de haber robado códigos que permitían a la entidad llevar a cabo operaciones de trading de alta frecuencia o Algo Trading, llamados así pues su fundamento último es algorítmico. ¿El fundamento de la Fiscalía? Su potencialidad para manipular las bolsas. Vaya, en manos del individuo, sí; de la entidad, no. Ummmm. En ese mismo post se nos recordaba cómo el 50% del volumen en Estados Unidos corresponde a este tipo de operativa muy de corto plazo que ha sido la heredera cuantitativa natural a esos otros programas que se vieron superados por cisnes no sólo negros sino de todos los colores. Y, por último, que como consecuencia de la detención Goldman, que era el líder indiscutible en esta actividad, había desaparecido del mapa. Suerte que ya estaban cerrados los maravillosos resultados del segundo trimestre.
El Algo Trading o High Frequency Trading (HFT) consiste, en su versión más simplificada, en una rabiosa operativa intradiaria, de extraordinaria rotación y muy bajo margen, que persigue aprovecharse de los diferenciales entre la oferta y la demanda mediante el posicionamiento, según convenga, en uno u otro lado de la ecuación. La ejecución es automatizada y la labor intelectual humana se limita a la creación y mantenimiento de los programas que se convierten, de esta manera, en creadores de mercado, toda vez que los volúmenes que manejan son muy elevados y la rapidez con la que liquidan sus posiciones extraordinaria. ¿Vamos hacia el Reino Bursátil de los Ordenadores? No sé pero, de hecho, cuando uno hace la ronda por los brokers conocidos y les pregunta acerca de la actividad del cliente final en toda esta subida, la respuesta unánime es: por aquí no ha pasado. ¿Entonces?
Entonces, como nos recordaba ayer mismo el New York Times, la respuesta a muchas de las preguntas de los últimos días. Y es que el círculo vicioso es innegable. El HFT permite a la entidad en cuestión obtener suculentas plusvalías a costa, en muchas ocasiones, de inversores que compiten con medios técnicos más limitados; tales resultados positivos, que suponen el 60% del total en un caso como el de Goldman Sachs, disparan la cotización de la firma que arrastra consigo a los principales selectivos mundiales; el mercado se hace direccional con lo que la operativa del HFT, se refuerza y así sucesivamente. Una dinámica difícil e romper y que generó por si sola 21.000 millones de beneficios en 2008. Clavo ardiendo al que aferrarse. Y vaya si se aferran.
Al final del día, aparte de ser un día más viejo, como cantan en Los Miserables, lo que cuenta es el resultado. Y lo que no se puede negar es la evidencia: lo que aventuraba ser un año bursátil desastroso se ha dado la vuelta de forma acelerada llenando los bolsillos de los inversores más avezados. La justificación fundamental existe, aunque se haya visto probablemente superada ya por los acontecimientos. La potencial manipulación, también, con el problema añadido de su difícil ruptura salvo intervención administrativa, que ya se vislumbra en el horizonte. Todo cambia, para seguir igual, de momento. Veremos a ver lo que pasa entonces. ¿Y ahora, qué? Seguir vigilando niveles: las resistencias pasan a ser soportes y en el punto de mira el 1008/1017 del S&P500 que, de romperse, llevaría al indicador al 1.100 que es el objetivo, nuevo, tarde y mal, como casi siempre, de estrategas como los de Credit Suisse y Morgan Stanley. Sean buenos y temerosos de Dios.
Fuente: Cotizalia
El oro rompió su inercia y apuesta a superar su récord histórico
Luego de valer durante varios meses a u$s950 la onza, en lo que va de septiembre la cotización comenzó a subir en forma sostenida. Los pronósticos
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Hace apenas una semana, la cotización del oro superó la barrera de los 1.000 dólares la onza por primera vez en seis meses. En su marcha ascendente, el miércoles tocó los precios máximos en 18 meses mientras que el dólar retrocedía a su menor valor del año frente al euro.
En el mercado de Nueva York el lingote negociado al contado tocó un máximo deu$s1.020,50 la onza, frente a 1.005,90 dólares del cierre del martes. De mantenerse esta combinación de factores, el mercado espera que el metal precioso siga avanzando debido al interés de los inversores de incorporarlo como un activo alternativo a sus carteras.
Operadores consultados por Reuters afirmaron que podría superar su máximo histórico de u$s1.030 la onza si el dólar sigue debilitándose.
Fuente: Kitco.com
En este contexto, la analista Suki Cooper, de Barclays Capital, sostuvo que “si el dólar sigue bajando, el oro podría continuar trepando”.
Precisamente, el billete verde retrocedió a su menor valor de este año frente al euro, con la divisa única superando los 1,47 dólares por primera vez desde diciembre. Esto se debe a la salida de muchos inversores de esa moneda y sú búsqueda de activos más riesgosos, y más rentables, ahora que perciben que lo peor de la crisis global habría quedado atrás.
Su precio está ligado al del dólar por una fuerte correlación inversa, y tiende a apreciarse cuando éste se debilita. Esta menor aversión al riesgo también se hizo visible en las cotizaciones de las principales bolsas del mundo, que tocaron sus valores máximos de 11 meses.
La escalada del oro ayudó al avance de otros metales preciosos, con la plata y el platino -ambos de amplio uso industrial. La plata subió a su mayor registro en 12 meses, a u$s17,33 la onza, y el platino tocó los 1.338 dólares, su mayor precio desde septiembre del 2008.
"Alcanzar los 1.000 dólares la onza es tan sólo una de las primeras etapas de un gran mercado alcista para el oro. Este mantiene su valor cuando todos los demás activos bajan. El oro es dinero. Es la más antigua y la más sólida de las divisas, puesto que no se puede crear de la nada ni por decreto de los bancos centrales, como sí sucede con las divisas", señaló Marion Mueller, directora de OroyFinanzas.
"Las razones para la continuada suba de su precio se deben buscar no sólo en la inflación, ni en la depreciación de la moenda estadounidense, sino en un abanico de factores económicos, financieros y políticos que están causando malestar y desconfianza entre los inversores de todo el mundo. Esto se traducirá en mayores subas", explicó la directora del periódico digital especializado en este mercado.
El peso cada vez mayor de los ETF
El actual envión de las cotizaciones se debe en gran medida al considerable aumento de compras de oro a través de diversos Fondos Cotizados (ETF), que replican el precio de la onza.
Los Exchange Traded Funds (ETF) son certificados que representan una cuotaparte de una “canasta” de activos.
Cada una de éstas tiene una composición específica, con el objetivo de seguir el comportamiento de un determinado índice, mercado o industria.
Existen mas de 400 ETFs distintos que permiten invertir, por ejemplo, en acciones de tecnología, energía, biotecnología, medios, telecomunicaciones, transporte, S&P500, NASDAQ, Europa, Asia, mercados emergentes, granos, metales preciosos, petroleo, bonos, monedas, estrategias, etc.
Este tipo de activo está orientado a individuos o empresas que desean invertir en un portfolio diversificado en el exterior, de manera sencilla y a bajo costo.
Los ETFs se negocian en el mercado bursátil de la misma forma que una acción. Su cotización puede consultarse online y su operatoria es extremadamente simple, con montos que van desde los u$s 5.000 en adelante, y no se requiere una permanencia mínima.
En el caso particular del oro, desde Rava Sociedad de Bolsa dijeron que el preferido es GLD, cuyo objetivo es reflejar el precio del lingote. Con el GLD se puede invertir en este metal de forma más segura, innovadora y eficiente. Al negociarse en un mercado transparente y regulado, la autenticidad y seguridad de este instrumento es innegable.
Fuente: Rava Sociedad de Bolsa
El activo subyacente a este ETF consiste en oro físico custodiado en el HSBC Bank of USA. Para determinar su valor se tiene en cuenta el precio del oro de London Fix.
La posición de los bancos centrales
En una reunión anual de esa industria, el economista Martin Murenbeeld afirmó que había un cambio positivo en la postura de los bancos centrales hacia el oro como inversión de una parte clave de sus reservas.
"Los bancos centrales y los países del G-20 se han quejado del dólar y de las políticas monetarias y fiscales de los Estados Unidos, que los lleva a pensar más y más sobre cambiar sus tenencias", afirmó el presidente de la consultora DundeeWealth Economics.
"Ellos no tienen una gran cantidad de opciones para cambiar sus reservas, y el oro está siendo mencionado con más frecuencia como un activo importante", agregó.
Recientemente, China y otras potencias económicas emergentes han mostrado un creciente interés en el metal, en lugar de acumular sus reservas de divisas en activos cotizados en dólares.
Pero no es el único que mantiene esa posición, ya que por ejemplo el muy respetado Richard Russell, que viene acertando en los mercados desde 1958, cree que la Reserva Federal tiene un gran interés en evitar que el precio del oro suba de forma algo más que gradual.
Russell argumentó que “la FED está tratando de luchar contra las fuerzas de la deflación a base de imprimir dinero en unas proporciones que no tienen precedente alguno en la historia”.
El gurú enfatizó que si el oro comenzara a llamar la atención a partir de subas espectaculares de su precio, se estaría poniendo de manifiesto que hay serios problemas económicos y financieros, y que los Gobiernos se encuentran en dificultades para enfrentarlos.
Aben Jaldin, en un artículo publicado en el portal OroyFinanzas, consideró que “el oro, como el termómetro, es un indicio de la salud del paciente. Podría ser que se estuviera solucionando el problema de la enfermedad de la depresión económica a base de un tratamiento que nos llevará a las puertas de la hiperinflación monetaria, y que esto se vería reflejado en la cotización del oro”.
¿Qué se espera para los próximos años?
El precio subiría por encima de los u$s1.110 la onza, en el 2010, debido a que los Bancos Centrales podrían diversificar sus reservas dada la inestabilidad del dólar, dijo Murenbeeld en un foro en Denver. Murenbeeld estima que podría trepar a un promedio de u$s1.116 la onza en el 2010.
Además, Murenbeeld, quien también es profesor adjunto del programa MBA de la Universidad de Victoria, señaló que se está volviendo cada vez más usado en portafolios de inversión por rendimiento y menores riesgos en general.
"Más y más administradores de portafolios están comenzando a pensar en oro y materias primas como un activo de inversión", aseguró.
Los precios pueden evolucionar "fácilmente" por encima de los u$s1.000, debido a temores inflacionistas.
"Es altamente probable que la monetización de la deuda y unas tasas de interés superbajas, en particular en Estados Unidos" terminen por alimentar la inflación, estimó el director general de GFMS, Philip Klapwijk.
Para luchar contra la recesión más profunda en 50 años, los bancos centrales de las economías desarrolladas bajaron sus tasas a niveles históricamente bajos, entre 0 y 0,25% en Estados Unidos, 0,5% en Gran Bretaña. También compraron masivamente bonos del Tesoro para desatascar el sistema crediticio.
En este contexto el oro lleva todas las de ganar, dado que es una inversión que los inversores privilegian en un contexto inflacionario.
Rubén Ramallo
© iProfesional.com
Fuente: InfobaeProfesional
¿De crisis financiera a crisis de la deuda?
TRIBUNA: Primer plano KENNETH ROGOFF
KENNETH ROGOFF 13/09/2009
Todo el mundo -desde la reina de Inglaterra hasta los trabajadores de la industria automovilística despedidos en Detroit- quiere saber por qué no hubo más expertos que vieran acercarse la crisis financiera. Se trata de una pregunta embarazosa. ¿Cómo pueden estar tan seguras las autoridades de que la catástrofe financiera no reaparecerá pronto cuando, para empezar, parecieron no tener idea de que semejante crisis ocurriría?
La respuesta no es demasiado tranquilizadora. Esencialmente, sigue existiendo un riesgo de que la crisis financiera esté hibernando, mientras se metamorfosea lentamente en una crisis de deuda gubernamental.
Para bien o para mal, la razón por la que la mayoría de los inversores tienen ahora mucha mayor confianza que hace unos meses es la de que los Gobiernos de todo el mundo han colocado una enorme red de seguridad bajo gran parte del sistema financiero. Al mismo tiempo, han apuntalado las economías incurriendo en déficit en gran escala, mientras que los bancos centrales han reducido los tipos de interés casi a cero.
Pero ¿puede ser la liberalidad de los Gobiernos la última respuesta? Los apoyos de los Gobiernos dan resultado porque los contribuyentes tienen bolsillos profundos, pero ningún bolsillo carece de fondo, y cuando los Gobiernos, en particular los grandes, tienen problemas, no hay apoyo al que recurrir. Con unos niveles de deuda en todo el mundo que sólo se ven después de guerras, es evidente que la estrategia actual no es sostenible.
Si la trayectoria es insostenible, ¿por cuánto tiempo puede seguir acumulándose la deuda? No lo sabemos. Los economistas académicos han creado instrumentos útiles para predecir qué economías son las más vulnerables ante una crisis financiera, pero, aunque podemos descubrir las vulnerabilidades, determinar el momento oportuno resulta virtualmente imposible.
Nuestros modelos revelan que en teoría incluso una economía que está excesivamente apalancada puede avanzar laboriosamente durante años, durante muchos decenios incluso, antes de estrellarse y arder. Todo se reduce a una cuestión de confianza y coordinación de las perspectivas, que, a su vez, dependen de los antojos de la naturaleza humana. Así, podemos decir qué países son más vulnerables, pero especificar exactamente dónde y cuándo harán erupción las crisis es prácticamente imposible.
Una buena analogía es la predicción de los ataques al corazón. Una persona obesa, con hipertensión y niveles elevados de colesterol tiene, estadísticamente, muchas más probabilidades de sufrir un ataque al corazón o una apoplejía graves que una persona que carezca de todas esas vulnerabilidades y, sin embargo, personas con gran riesgo pueden pasar a menudo decenios sin problemas. Al mismo tiempo, las personas que parecen tener poco riesgo son también vulnerables a los ataques al corazón.
Naturalmente, la vigilancia minuciosa brinda en potencia información muy útil para prevenir los ataques al corazón. Sin embargo, sólo es útil, en última instancia, si se somete a la persona a un tratamiento y si ésta tal vez emprende un importante cambio en su forma de vida.
Lo mismo es aplicable a los sistemas financieros. Una buena vigilancia brinda información que sólo es útil si hay una respuesta. Lamentablemente, vivimos en un mundo en el que el sistema político y regulador es con frecuencia muy débil y corto de miras.
De hecho, ninguna economía es inmune a las crisis financieras, por mucho que los inversores y los dirigentes intenten convencerse de lo contrario, como Carmen Reinhart y yo mostramos en nuestro nuevo libro, irónicamente titulado This time is different. Eight centuries of financial folly (Esta vez es diferente. Ocho siglos de insensatez financiera). Ahora mismo, la última insensatez sobre lo de que esta vez es diferente es la de que, como los Gobiernos están cargando sobre sus hombros toda esa deuda, los demás no tenemos por qué preocuparnos.
Se nos asegura constantemente que los Gobiernos no dejarán de pagar sus deudas. En realidad, los Gobiernos de todo el mundo dejan de hacerlo con pasmosa regularidad, ya sea abiertamente o mediante la inflación. Incluso Estados Unidos, por ejemplo, redujo en gran medida su deuda mediante la inflación en la década de los setenta y también el valor del dólar en relación con el oro de 20 dólares por onza a 34 en el decenio de 1930.
Por ahora, la buena noticia es la de que mientras el crédito gubernamental se sostenga, se contendrá la crisis. La mala noticia es la de que el ritmo al que se está acumulando la deuda gubernamental podría propiciar fácilmente una segunda oleada de crisis financieras dentro de unos años.
Lo más preocupante es la enorme dependencia de Estados Unidos respecto de los créditos exteriores, en particular de China: desequilibrio que probablemente plantará las semillas de la crisis actual. Los asiáticos reconocen que, si siguen acumulando deuda en papel, corren el riesgo de sufrir la misma suerte que los europeos hace tres decenios cuando acumularon deuda de EE UU, se fundió espectacularmente mediante la inflación.
La pregunta que debemos hacernos hoy no es la de por qué nadie está advirtiendo sobre la próxima crisis, cosa que sí que se está haciendo, sino la de si los dirigentes políticos están prestando atención. El ajuste de los insostenibles niveles de déficit gubernamental es una cuestión decisiva que los dirigentes del G-20 deben plantearse cuando se reúnan en Pittsburg este mes. De lo contrario, la reina Isabel II y los trabajadores de la industria automovilística de Detroit volverán a preguntarse muy pronto por qué nadie la vio acercarse.
Fuente: El País
Un año después
ANÁLISIS: Primer plano
JEFFREY D. SACHS 13/09/2009
Ha transcurrido casi un año desde que la economía mundial se tambaleaba al borde de la calamidad. En el transcurso de tres días, desde el 15 hasta el 17 de septiembre de 2008, Lehman Brothers se declaró en bancarrota, la megaaseguradora AIG pasó a estar en manos del Gobierno de EE UU y el simbólico Merril Lynch de Wall Street fue absorbido después de quebrar por el Bank of America gracias a un acuerdo facilitado y financiado por el Gobierno estadounidense. A renglón seguido se desató el pánico y el crédito dejó de circular. Las empresas no financieras eran incapaces de obtener capital para funcionar, y todavía menos fondos para inversiones a largo plazo. Una depresión parecía posible.
Ahora la tormenta ha amainado. Meses de medidas de emergencia tomadas por los principales bancos centrales del mundo evitaron que los mercados financieros se desplomaran. Cuando los bancos dejaron de proveer liquidez a corto plazo a otros bancos y empresas industriales, los bancos centrales llenaron el vacío. Como consecuencia, las principales economías evitaron un desplome del crédito y de la producción. La sensación de pánico se ha aplacado. Los bancos han vuelto a prestarse dinero unos a otros.
Aunque se ha evitado lo peor, la situación sigue siendo dolorosa. La crisis culminó en el hundimiento de los precios de los activos a finales de 2008. Las familias de clase media y acaudaladas de todo el mundo se sentían más pobres y por consiguiente redujeron drásticamente el gasto. Los precios del petróleo y los alimentos se pusieron por las nubes y contribuyeron a causar más dolor y, por tanto, a la recesión. Las empresas eran incapaces de vender su producción, lo cual provocó recortes y despidos. El aumento del desempleo agravó la pérdida de riqueza de los hogares, lo cual puso a las familias en grave peligro económico e indujo recortes adicionales en el gasto de los consumidores.
El gran problema ahora es que el paro sigue aumentando en EE UU y en Europa, porque el crecimiento es demasiado lento para crear suficientes puestos de trabajo. La deslocalización sigue sintiéndose en todo el mundo.
Se ha desatado un acalorado debate en torno al denominado "gasto en medidas de estímulo" en EE UU, Europa y China. Dicho gasto pretende compensar el declive en el consumo de las familias y en las inversiones de las empresas con desembolsos más elevados del Gobierno o con incentivos fiscales. En EE UU, por ejemplo, aproximadamente un tercio del plan de estímulo de 800.000 millones de dólares se compone de rebajas fiscales (para incentivar el gasto del consumidor); otro tercio consiste en desembolsos públicos para carreteras, colegios, energía y otras infraestructuras, y el último tercio adopta la forma de transferencias federales a gobiernos estatales y locales para sanidad, seguros de desempleo, salarios para los colegios y otras cosas por el estilo.
Las medidas para estimular la economía despiertan controversia porque aumentan los déficits presupuestarios y, por consiguiente, implican la necesidad de recortar el gasto o subir los impuestos en un futuro próximo. La pregunta es si conseguirán que la producción y el empleo se recuperen a corto plazo y, de ser así, si harán lo bastante para compensar los inevitables problemas presupuestarios que se avecinan.
La verdadera efectividad de estos paquetes de medidas no está clara. Supongamos que el Gobierno concede una rebaja fiscal para aumentar el dinero que los consumidores se llevan a casa. Si los consumidores esperan que sus impuestos suban en el futuro, es posible que decidan ahorrar esa rebaja fiscal en lugar de aumentar el consumo. En ese caso, el estímulo tendrá poco impacto positivo en el gasto de las familias y empeorará el déficit presupuestario.
Una primera valoración de las medidas de estímulo da a entender que el programa de China ha funcionado bien. La drástica caída de las exportaciones chinas a EE UU se ha visto compensada por un aumento acusado del gasto del Gobierno chino en infraestructuras: por ejemplo, en la construcción del metro en las ciudades más grandes de China.
En EE UU, el veredicto no está tan claro. Es probable que la rebaja fiscal se haya ahorrado en lugar de gastado. El componente de las infraestructuras todavía no se ha invertido debido a los prolongados retrasos a la hora de transformar el plan de estímulo estadounidense en verdaderos proyectos de construcción. La tercera parte -las transferencias a los gobiernos estatales y locales- ha conseguido casi con toda seguridad que se mantenga el gasto en escuelas, sanidad y los parados.
En resumen, las medidas de estímulo en EE UU probablemente hayan tenido un efecto positivo aunque pequeño sobre el gasto, pero no decisivo para la economía. Es más, la preocupación por el enorme déficit presupuestario, que ahora ronda los 1,8 billones de dólares al año (el 12% del PIB), seguramente aumentará, lo cual no sólo creará una enorme incertidumbre en la política y los mercados financieros, sino que también disminuirá la confianza de los consumidores a medida que las familias centren su atención en los posibles recortes presupuestarios y subidas de impuestos en el futuro. EE UU ha alcanzado los límites prácticos de la dependencia del gasto en estímulos a corto plazo, y tendrá que empezar a recortar el déficit presupuestario y a fomentar vías alternativas hacia el crecimiento.
Cuando la crisis empeoró hace un año, Barack Obama introdujo en la campaña presidencial el tema de la "recuperación verde", basada en un repunte de la inversión en energías renovables, nuevos vehículos eléctricos, edificios verdes eficientes y una agricultura razonable desde un punto de vista ecológico. Al desatarse la batalla contra el pánico financiero, la atención política se alejó de esa recuperación verde. Ahora EE UU necesita volver a esta importante idea.
Los consumidores agobiados por las deudas en EE UU y en Europa reducirán el gasto en los próximos años para recuperar su riqueza y sus pensiones. Pero la consiguiente falta de actividad económica nos brinda la oportunidad -y necesidad- histórica de compensar el bajo gasto del consumidor con un aumento del gasto en inversión en tecnologías sostenibles.
La política gubernamental en EE UU y otros países ricos debería estimular esas inversiones mediante incentivos especiales. Éstos incluyen un sistema de límites e intercambio de los derechos de emisión de gases de efecto invernadero, subvenciones para la investigación y desarrollo de tecnologías sostenibles, tarifas especiales e incentivos reguladores para las energías renovables, subvenciones para los consumidores y otros incentivos para la utilización de nuevas tecnologías verdes y la puesta en práctica de programas de infraestructuras verdes, como el transporte de masas.
El mundo rico también debería ofrecer a los países más pobres becas y préstamos a bajo interés para comprar tecnologías para energías sostenibles, como la solar y la geotérmica. El hacerlo contribuiría a la recuperación mundial, mejoraría la sostenibilidad medioambiental a largo plazo y aceleraría el desarrollo económico.
Esta crisis puede constituir una oportunidad para apartarnos del camino de las burbujas financieras y el consumo excesivo y seguir la vía del desarrollo sostenible. De hecho, el aprovechar esta oportunidad es la única receta que nos queda para un crecimiento verdadero.
Fuente: El País
¿Cómo pudieron equivocarse tanto los economistas?
TRIBUNA: Primer plano PAUL KRUGMAN
PAUL KRUGMAN 13/09/2009
I. CONFUNDIENDO LA BELLEZA CON LA VERDAD
Es difícil creerlo ahora, pero no hace tanto tiempo los economistas se felicitaban mutuamente por el éxito de su especialidad. Estos éxitos -o al menos así lo creían ellos- eran tanto teóricos como prácticos y conducían a la profesión a su edad dorada.
En el aspecto teórico, creían que habían resuelto sus disputas internas. Así, en un trabajo titulado The State of Macro (es decir, de la macroeconomía, el estudio de cuestiones panorámicas como lo son las recesiones), Olivier Blanchard, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), actualmente economista jefe del Fondo Monetario Internacional, declaraba que había habido "una amplia convergencia de puntos de vista".
Y en el mundo real, los economistas creían que tenían las cosas bajo control: "El problema central de la prevención de la depresión está resuelto", declaraba Robert Lucas, de la Universidad de Chicago, en su discurso inaugural como presidente de la American Economic Association en 2003. En 2004, Ben Bernanke, un antiguo profesor en Princeton que ahora preside la Reserva Federal, celebraba la Gran Moderación del comportamiento económico comparado con las dos décadas precedentes, y que atribuía en parte al mejorado desempeño de la política económica.
El año pasado, todo esto se vino abajo.
En el despertar de la crisis, las líneas de falla de la profesión de economista han bostezado con más amplitud que nunca. Lucas dice que los planes de estímulo de la Administración de Obama son "economía de baratija" y su colega de Chicago John Cochrane dice que están basados en desacreditados "cuentos de hadas". Como respuesta, Brad DeLong, de la Universidad de California en Berkeley, escribe sobre el "derrumbe intelectual" de la Escuela de Chicago, y yo mismo he escrito que estos comentarios de los economistas de Chicago son el producto de una Edad Oscura de la macroeconomía, donde el conocimiento tan arduamente conseguido ha quedado olvidado.
¿Qué le ha sucedido a la profesión de economista? ¿Y adónde va a partir de ahora?
II. DE SMITH A KEYNES Y VUELTA ATRÁS
El nacimiento de la economía como disciplina se atribuye habitualmente a Adam Smith, quien publicó La Riqueza de las Naciones en 1776. Durante los siguientes 160 años se desarrolló un extenso cuerpo de economía teórica, cuyo mensaje central era: confía en el mercado. Ésta era la presunción básica de la economía neoclásica (llamada así al haber sido elaborada por los teóricos de finales del siglo XIX sobre conceptos de sus predecesores clásicos).
Esta fe, sin embargo, quedó hecha pedazos por la Gran Depresión. Con el tiempo, la mayoría de los economistas sustentó las consideraciones de John Maynard Keynes tanto acerca de la explicación de lo que había pasado como de la solución de futuras depresiones.
A pesar de lo que usted haya podido oír, Keynes no quería que el gobierno dirigiera la economía. En su obra capital, Teoría general del empleo, el interés y el dinero, escrita en 1936, él mismo describió su análisis como "moderadamente conservador en sus repercusiones". Quería organizar el capitalismo, no reemplazarlo. Pero cuestionó la noción de que las economías de libre mercado puedan funcionar sin un vigilante. Y apeló a la activa intervención del gobierno -imprimiendo más moneda y, si fuera necesario, con un fuerte gasto en obras públicas- para combatir el desempleo durante las depresiones.
La historia de la economía a lo largo del último medio siglo es, en gran medida, la historia de una retirada del keynesianismo y de un retorno al neoclasicismo. El renacer neoclásico fue guiado inicialmente por Milton Friedman, de la Universidad de Chicago, quien afirmó ya en 1953 que la economía neoclásica sirve adecuadamente como descripción del modo en que la economía funciona realmente, al ser "extremadamente fructífera y merecedora de plena confianza". Pero ¿qué hay de las depresiones?
El contraataque de Friedman contra Keynes comenzó con la doctrina conocida como monetarismo. Los monetaristas, en principio, no discrepaban de la idea de que una economía de mercado necesite una deliberada estabilización. Los monetaristas afirmaban, sin embargo, que una intervención gubernamental muy limitada y restringida -a saber, instruir a los bancos centrales a mantener el flujo del dinero, la suma del efectivo circulante y los depósitos bancarios creciendo a ritmo estable- es todo lo que se requería para prevenir depresiones.
Friedman empleó un argumento convincente contra cualquier esfuerzo deliberado del gobierno por reducir el desempleo por debajo de su nivel natural(actualmente calculado en torno al 4,8% en Estados Unidos): las políticas excesivamente expansionistas, predijo, llevarían a una combinación de inflación y alto desempleo; una predicción que fue confirmada por la estanflación de los años setenta, la cual impulsó en gran medida la credibilidad del movimiento antikeynesiano. A la postre, sin embargo, la posición de Friedman vino a resultar relativamente moderada comparada con la de sus sucesores.
Por su parte, ciertos macroeconomistas consideraban que las recesiones eran algo bueno que formaba parte del ajuste al cambio de una economía. E incluso quienes no eran partidarios de llegar tan lejos argüían que cualquier intento de enfrentarse a una depresión económica provocaría más mal que bien.
Muchos macroeconomistas llegaron a autoproclamarse como neokeynesianos, ya que seguían creyendo en el papel activo del gobierno. Aun así, la mayoría aceptaba la noción de que inversores y consumidores son racionales y que los mercados por lo general lo hacen bien.
Por supuesto que unos pocos economistas no aceptaban la asunción del comportamiento racional, cuestionaban la creencia de que los mercados financieros merecen confianza y hacían ver la larga historia de crisis financieras que tuvieron devastadoras consecuencias económicas. Pero eran incapaces de hacer muchos progresos frente a una complacencia que, vista retrospectivamente, era tan omnipresente como insensata.
III. FINANZAS DE CASINO
En los años treinta, los mercados financieros, por razones obvias, no suscitaron mucho respeto. Keynes consideró que era una mala idea la de dejar a semejantes mercados, en los que los especuladores pasaban su tiempo tratando de pisarse la cola el uno al otro, que dictaran decisiones importantes de negocios: "Cuando el desarrollo del capital de un país se convierte en un subproducto de las actividades de un casino, es muy probable que el trabajo resulte mal hecho".
Hacia 1970 más o menos, sin embargo, la discusión sobre la irracionalidad del inversor, sobre las burbujas, sobre la especulación destructiva, había desaparecido virtualmente del discurso académico. El terreno estaba dominado por la hipótesis del mercado eficiente, promulgada por Eugene Fama, de la Universidad de Chicago, la cual sostiene que los mercados financieros valoran los activos en su preciso valor intrínseco si se da toda la información públicamente disponible.
Y por los años ochenta, hubo economistas financieros, en particular Michael Jensen, de la Harvard Business School, que defendían que, dado que los mercados financieros siempre aciertan con los precios, lo mejor que pueden hacer los jefes de las empresas, no sólo en su provecho sino en beneficio de la economía, es maximizar los precios de sus acciones. En otras palabras, los economistas financieros creían que debemos poner el desarrollo del capital de la nación en manos de lo que Keynes había llamado un "casino".
El modelo teórico desplegado por los economistas financieros al asumir que cada inversor equilibra racionalmente riesgo y recompensa -el llamado CapitalAsset Pricing Model, o CAPM (pronúnciese cap-em)- es maravillosamente elegante. Y si uno acepta sus premisas también es algo sumamente útil. Este CAPM no sólo te dice cómo debes elegir tu cartera de inversiones, sino, lo que es incluso más importante desde el punto de vista de la industria financiera, te dice cómo poner precio a los derivados financieros. La elegancia y aparente utilidad de la nueva teoría produjo una sucesión de premios Nobel para sus creadores, y muchos profesores de escuelas de negocios se convirtieron en ingenieros espaciales de Wall Street, ganando salarios de Wall Street.
Para ser justos, los teóricos de las finanzas produjeron gran cantidad de pruebas estadísticas, lo que en un principio pareció de gran ayuda. Pero esta documentación era de un formato extrañamente limitado. Los economistas financieros rara vez hacían la pregunta aparentemente obvia (aunque no de fácil contestación) de si los precios de los activos tenían sentido habida cuenta de fundamentos del mundo real, tales como los ingresos. En lugar de ello, sólo preguntaban si los precios de los activos tenían sentido habida cuenta de los precios de otros activos.
Pero los teóricos de las finanzas continuaron creyendo que sus modelos eran esencialmente correctos, y así lo hizo también mucha gente que tomaba decisiones en el mundo real. No fue el menos importante de ellos Alan Greenspan, quien era entonces el presidente de la Reserva Federal y que durante mucho tiempo respaldó la desregulación fiscal, cuyo rechazo a los avisos de poner freno a los créditos subprime o de enfrentarse a la creciente burbuja inmobiliaria descansaban en buena parte en la creencia de que la economía financiera moderna lo tenía todo bajo control.
En octubre del pasado año, sin embargo, Greenspan admitió encontrarse en un estado de "conmocionada incredulidad", debido a que "todo el edificio intelectual" se había "derrumbado".
IV. NADIE PODÍA HABERLO PREDICHO…
En los recientes y atribulados debates sobre economía se ha generalizado una frase clave: "Nadie podía haberlo predicho…". Es lo que uno dice con relación a desastres que podían haber sido predichos, debieran haber sido predichos y que realmente fueron predichos por unos pocos economistas que fueron tomados a broma por tomarse tal molestia.
Tomemos, por ejemplo, el precipitado auge y caída de los precios de la vivienda. Algunos economistas, en particular Robert Shiller, identificaron la burbuja y avisaron de sus dolorosas consecuencias si llegaba a reventar. Pero, aún en 2004, Alan Greenspan descartó hablar de burbuja inmobiliaria: "Una grave distorsión nacional de precios", declaró, era "muy improbable". El incremento en el precio de la vivienda, dijo Ben Bernanke en 2005, "en gran medida es el reflejo de unos fuertes fundamentos económicos".
¿Cómo no se dieron cuenta de la burbuja? Para ser justo, los tipos de interés eran inusualmente bajos, lo que posiblemente explica parte del alza de precios. Puede ser que Greenspan y Bernanke también quisieran celebrar el éxito de la Reserva Federal en sacar a la economía de la recesión de 2001; conceder que buena parte de tal éxito se basara en la creación de una monstruosa burbuja debiera haber puesto algo de sordina a esos festejos.
Pero había algo que estaba sucediendo: una creencia general de que las burbujas sencillamente no tienen lugar. Lo que llama la atención, cuando uno vuelve a leer las garantías de Greenspan, es que no estaban basadas en la evidencia, sino que estaban basadas en el aserto apriorístico de que simplemente no puede haber una burbuja en el sector inmobiliario.
Y los teóricos de las finanzas eran todavía más inflexibles en este punto. En una entrevista realizada en 2007, Eugene Fama, padre de la hipótesis del mercado eficiente, declaró que "la palabra burbuja me saca de quicio" y continuó explicando por qué podemos fiarnos del mercado inmobiliario: "Los mercados inmobiliarios son menos líquidos, pero la gente es muy cuidadosa cuando compra casas. Se trata normalmente de la mayor inversión que van a hacer, de manera que estudian el asunto con cuidado y comparan precios".
De hecho, los compradores de casas comparan concienzudamente el precio de su compra potencial con los precios de otras casas. Pero eso no dice nada sobre si el precio en general de las casas está justificado.
En pocas palabras, la fe en los mercados financieros eficientes cegó a muchos, si no a la mayoría, de los economistas ante la aparición de la mayor burbuja financiera de la historia. Y la teoría del mercado eficiente también desempeñó un significante papel en inflar esa burbuja hasta ese primer puesto.
Ahora que ha quedado al descubierto la verdadera peligrosidad de los activos supuestamente seguros, las familias de Estados Unidos han visto evaporarse su dinero por valor de 13 billones de dólares. Se han perdido más de 6 millones de puestos de trabajo y el índice de desempleo alcanza su más alto nivel desde 1940. Así que ¿qué orientación tiene que ofrecer la economía moderna ante el presente aprieto? ¿Y deberíamos fiarnos de ella?
V. LA PELEA POR EL ESTÍMULO
Durante una recesión normal, la Reserva Federal responde comprando Letras del Tesoro -deuda pública a corto plazo- de los bancos. Esto hace bajar los tipos de interés de la deuda pública; los inversores, al buscar un tipo de rendimiento más alto, se mueven hacia otros activos, haciendo que bajen también otros tipos de interés; y normalmente esos bajos tipos de interés finalmente conducen a la recuperación económica. La Reserva Federal abordó la recesión que comenzó en 1990 bajando los tipos de interés a corto plazo del 9% al 3%. Abordó la recesión que comenzó en 2001 bajando los tipos de interés del 6,5% al 1%. E intentó abordar la actual recesión bajando los tipos de interés del 5,25% al 0%.
Pero resultó que el cero no es lo suficientemente bajo como para acabar con esta recesión. Y la Reserva Federal no puede poner los tipos a menos de cero, ya que con tipos próximos al cero los inversores sencillamente prefieren acaparar efectivo en lugar de prestarlo. De tal modo que a finales de 2008, con los tipos de interés básicamente en lo que los macroeconomistas llaman zero lower bound, o límite inferior cero, como quiera que la recesión continuaba ahondándose, la política monetaria convencional había perdido toda su fuerza de tracción.
¿Y ahora qué? Ésta es la segunda vez que Estados Unidos se ha tenido que enfrentar al límite inferior cero, habiendo sido la Gran Depresión la ocasión precedente. Y fue precisamente la observación de que hay un límite inferior a los tipos de interés lo que llevó a Keynes a abogar por un mayor gasto público: cuando la política monetaria es infructuosa y el sector privado no puede ser persuadido para que gaste más, el sector público tiene que ocupar su lugar en el sostenimiento de la economía. El estímulo fiscal es la respuesta keynesiana al tipo de situación económica depresiva en la que estamos inmersos.
Tal pensamiento keynesiano subyace en las políticas económicas de la Administración de Obama. John Cochrane, de la Universidad de Chicago, indignado ante la idea de que el gasto gubernamental pudiera mitigar la última recesión, declaró: "Eso no forma parte de lo que todos hemos enseñado a los estudiantes graduados desde los años sesenta. Ésas (las ideas keynesianas) son cuentos de hadas que han demostrado ser falsas. Es muy reconfortante en los momentos de tensión volver a los cuentos de hadas que escuchamos de niños, pero eso no los hace menos falsos".
Pero como ha señalado Brad DeLong, la actual postura académica viene también siendo de generalizado rechazo a las ideas de Milton Friedman. Friedman creía que la política de la Reserva Federal, más que para cambios en el gasto público, debía ser utilizada para estabilizar la economía, pero nunca afirmó que un aumento del gasto público no puede, en cualesquiera circunstancias, aumentar el empleo. De hecho, al volver a leer el sumario de las ideas de Friedman de 1970, Un marco teórico del análisis monetario, lo que llama la atención es lo keynesiano que parece.
Y ciertamente Friedman nunca se creyó la idea de que el paro masivo represente una voluntaria reducción del esfuerzo de trabajo o la idea de que las recesiones en realidad sean buenas para la economía. Sin embargo, Casey Mulligan, también de Chicago, sugiere que el desempleo es tan elevado porque muchos trabajadores están optando por no aceptar trabajos.
Ha sugerido, en particular, que los trabajadores están prefiriendo seguir desempleados porque ello mejora sus probabilidades de recibir ayudas a sus deudas hipotecarias. Y Cochrane declara que el alto desempleo en realidad es bueno: "Debiéramos tener una recesión. La gente que pasa su vida machacando clavos en Nevada necesita algo distinto que hacer".
Personalmente, pienso que eso es una locura. ¿Por qué debería el desempleo masivo en todo el país hacer que los carpinteros se fueran de Nevada? ¿Puede alguien alegar seriamente que hemos perdido 6,7 millones de puestos de trabajo porque hay pocos estadounidenses que quieran trabajar? Claro que si empiezas por asumir que la gente es perfectamente racional y los mercados perfectamente eficientes, tienes que llegar a la conclusión de que el desempleo es voluntario y la recesión es deseable.
VI. DEFECTOS Y FRICCIONES
La economía, como disciplina, se ha visto en dificultades debido a que los economistas fueron seducidos por la visión de un sistema de mercado perfecto y sin fricciones. Si la profesión ha de redimirse a sí misma tendrá que reconciliarse con una visión menos seductora, la de una economía de mercado que tiene unas cuantas virtudes pero que está también saturada de defectos y de fricciones.
Existe ya un modelo bastante bien desarrollado del tipo de economía que tengo en mente: la escuela de pensamiento conocida como finanzas conductuales. Quienes practican este planteamiento ponen el énfasis en dos cosas. Primero, en el mundo real hay muchos inversores que tienen un escaso parecido con los fríos calculadores de la teoría del mercado eficiente: casi todos están demasiado sometidos al comportamiento de la manada, a ataques de entusiasmo irracional y de pánicos injustificados. Segundo, incluso aquellos que tratan de basar sus decisiones en el frío cálculo se encuentran con que a menudo no pueden, que los problemas de confianza, de credibilidad y de garantías limitadas les fuerzan a ir con la manada.
Entretanto ¿qué ocurre con la macroeconomía? Los acontecimientos recientes han refutado de manera decisiva la idea de que las recesiones son una óptima respuesta a las fluctuaciones en los índices del progreso tecnológico; un punto de vista más o menos keynesiano es la única alternativa plausible. Pero los modelos del neokeynesianismo estándar no dejan espacio para una crisis como la que estamos padeciendo, ya que esos modelos generalmente aceptaron el punto de vista del sector financiero sobre el mercado eficiente.
Una línea de trabajo, encabezada por nada menos que Ben Bernanke en colaboración con Marc Gertler, de la Universidad de Nueva York, ha puesto el acento en el modo en el que la carencia de garantías suficientes puede dificultar la capacidad de los negocios para recabar fondos y forjar oportunidades de inversión. Una línea de trabajo similar, en gran parte establecida por mi colega de Princeton Nobuhiro Kiyotaki y por John Moore, de la London School of Economics, sostenía que los precios de activos tales como las propiedades inmobiliarias pueden sufrir desplomes de los que salen fortalecidos pero que, a cambio, deprimen a la economía en su conjunto. Pero hasta ahora el impacto de las finanzas disfuncionales no ha llegado ni siquiera al núcleo de la economía keynesiana. Claramente, eso tiene que cambiar.
VII. RECUPERANDO A KEYNES
Así que esto es lo que pienso que tienen que hacer los economistas. Primero, tienen que enfrentarse a la incómoda realidad de que los mercados financieros distan mucho de la perfección, de que están sometidos a falsas ilusiones extraordinarias y a las locuras de mucha gente. Segundo, tienen que admitir que la economía keynesiana sigue siendo el mejor armazón que tenemos para dar sentido a las recesiones y las depresiones. Tercero, tienen que hacer todo lo posible para incorporar las realidades de las finanzas a la macroeconomía.
Al replantearse sus propios fundamentos, la imagen que emerge ante la profesión puede que no sea tan clara; seguramente no será nítida, pero podemos esperar que tenga al menos la virtud de ser parcialmente acertada.
Fuente: El País
El ‘error Lehman’
REPORTAJE: Primer plano
El mundo aún sufre las consecuencias de la caída del gigante de Wall Street
CLAUDI PÉREZ 13/09/2009
Mediados de septiembre de 2008. Nueva York está casi otoñal. Es el momento idóneo para darse un garbeo por Central Park, pero en esa ciudad que vendió su alma a los especuladores la acción suele suceder unas calles más abajo: esta vez, en una lujosa oficina del piso 31 de la sede del poderoso banco de inversión Lehman Brothers, en el número 745 de la Séptima Avenida. Su presidente ejecutivo, Richard Fuld, está pensando lo impensable. Pide a un experto en quiebras que prepare los papeles necesarios por si el banco se hunde. "La Administración no te va a dejar caer", replica el incrédulo abogado. "Sería como si el Gobierno mismo quebrara. Como si Roma vendiera el Vaticano a los japoneses para convertirlo en un hotel y contratara al Papa como botones", bromea. Apenas unas horas después, sucede lo inimaginable: Lehman cae. Y cientos de empleados del banco empiezan a vaciar el edificio.
No había en el mundo banqueros más arrogantes y despiadados que los de Lehman Brothers. Por eso, la potencia visual de esas imágenes, la cola de jóvenes ejecutivos cabizbajos llevándose sus pertenencias en cajas de cartón, puede ser el equivalente en esta crisis a las fotos en blanco y negro de la Gran Depresión del siglo pasado.
Los jugosos diálogos entre Fuld y su abogado despuntan en los primeros planos de Los últimos días de Lehman Brothers, un drama producido por la BBC que se ha emitido esta semana en la cadena pública británica. Pero el auténtico drama empieza el 15 de septiembre de 2008. La crisis financiera deviene tras ese día en la mayor recesión desde la Segunda Guerra Mundial. Se esfuman los ahorros de los miles de incautos que confiaron en las promesas de un mundo en el que la innovación financiera y la autorregulación de los mercados acabarían con las crisis, que son algo tan viejo como el capitalismo. A partir de esa sorprendente bancarrota, millones de personas empiezan a perder su empleo por todo el planeta en una película con un metraje interminable: un año después, apenas se vislumbra el final de la historia.
Las crisis no suceden de repente. El Muro de Berlín no cayó de un día para otro. Tampoco Lehman, cuya quiebra es precisamente algo así como la caída del muro para una determinada forma de entender el capitalismo. Todo lo que hay detrás de ese 15 de septiembre es la prehistoria. Es verdad que apenas tres años antes no sucedía nada fuera de lo común -al menos, en apariencia-, excepto la incapacidad de un grupo de familias norteamericanas para pagar sus créditos inmobiliarios. Sin embargo, a lo largo de 2007, las hipotecas basura, concedidas a gente con un mal historial crediticio que dejó de pagar cuando pinchó la burbuja inmobiliaria en EE UU, empiezan a llevarse por delante al sistema financiero. El sector lleva años engordando demasiado, con unos niveles de riesgo y de endeudamiento insostenibles. Pese a los intentos de los bancos centrales por actuar como cortafuegos, la globalización extiende el virus con rapidez. "Salió a la superficie un sistema bancario en la sombra, creado por los propios bancos para saltarse las normas, que arrasaba todo lo que tocaba", describe Jordi Galí, catedrático de la Universidad Pompeu Fabra.
Las innovaciones financieras que la banca vendía como la panacea han resultado ser armas de destrucción masiva. "Los ejecutivos hicieron apuestas enormemente arriesgadas, operaron en el límite y más allá del límite de las reglas, e incluso ahora siguen poco dispuestos a reconocerlo, pero consiguieron lo nunca visto: que ni los propios banqueros confiaran en la banca", asegura Charles Wyplosz, catedrático de Economía Internacional del Graduate Institute de Ginebra. En efecto, ya antes de caer Lehman nadie se fía de nadie: ni siquiera los bancos de sí mismos. La confianza empieza a esfumarse y en la primavera de 2008 se hunde Bear Stearns. En verano, las gigantescas hipotecarias Freddie Mac y Fannie Mae. Pero en el último momento siempre sale al rescate el Estado: la Administración de George W. Bush encuentra un comprador para Bear Stearns a cambio de cubrir las pérdidas. Y el presidente, apóstol del mercado libre, se ve obligado a nacionalizar Freddie y Fannie.
Tras un fusible, siempre salta otro, y en septiembre del año pasado Lehman tiene todos los números para ser la próxima víctima. Es el siguiente de la lista. Y basta con que los mercados crean que algo va a suceder para que suceda: los economistas llaman a eso la paradoja de la profecía autocumplida. Un ex alto ejecutivo de Lehman que prefiere guardar el anonimato relata esos momentos de incertidumbre: "La operativa de banca de inversión pura y dura era impecable: Lehman era la crème de la crème. Pero a finales de 2007 Fuld comete un error de bulto: piensa que la crisis no va a ir a más y empieza a endeudarse con ayuda de los productos estructurados en el maltrecho sector inmobiliario americano, cuya burbuja no ha hecho más que empezar a deshincharse. Ése será el principio del fin". Aun así, ni Fuld ni nadie en Wall Street piensa que Washington vaya a permitir una quiebra de ese calibre. Segundo y definitivo error: el guión dará entonces un giro inesperado.
Durante el fin de semana del viernes 12 al domingo 14 de septiembre, cuenta el economista francés Jacques Attali en su último libro, los grandes banqueros de Wall Street discuten con el secretario del Tesoro, Hank Paulson, y el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, un plan para confinar los activos tóxicos de Lehman creando un banco malo, para ubicar el resto en un buen banco que comprarán Barclays y
Bank of America. Todos están convencidos de que Paulson y Bernanke se harán cargo de las pérdidas, como han hecho en casos parecidos hasta ese momento. Pero eso no ocurre y la Administración de Bush rechaza cualquier tipo de intervención. Decide dar una lección, castigar a los malos y lanzar un aviso: el Estado no va a salir siempre al rescate.
Para muchos expertos se trata del mayor error de política económica en más de medio siglo. Para algunos -cada vez más-, quizá no es para tanto.
Durante la presente crisis hay una constante, y es que aun cuando las autoridades creen estar preparándose para el peor escenario, la realidad lo supera. Eso es exactamente lo que acaba sucediendo con Lehman: la quiebra desata el pánico en los mercados de financiación a corto plazo. Los bancos, que no sabían exactamente lo que Lehman les debía y no les devolvería, dejan de prestar (y de prestarse) dinero. Dejan de aceptar incluso papel comercial de las empresas y el huracán financiero se convierte en una fenomenal recesión, con los empresarios ahogados por la falta de liquidez. Las cosas se les van de las manos y Paulson y Bernanke se ven obligados a salir al rescate de la gigantesca aseguradora AIG sólo unas horas después de permitir la quiebra de Lehman. La tormenta no cesa y el sistema entero se sitúa a un paso del abismo.
Pero entonces Paulson y Bernanke consiguen meter el suficiente miedo en el cuerpo a los políticos como para que el Congreso apruebe contrarreloj un plan de medio billón de euros que permite salvar a Goldman Sachs y Morgan Stanley, la aristocracia de la banca de inversión. "Es el final de EE UU como superpotencia", afirma el ministro de Finanzas alemán, Peer Steinbrück. Sólo unas horas después tiene que tragarse esas palabras: también Alemania, Reino Unido y el resto de gobiernos se ven obligados a lanzar salvavidas a un sector financiero en ruinas, y poco más tarde empiezan los multimillonarios planes de estímulo que evitan una segunda Gran Depresión.
"Es increíble que sólo seis meses después de la quiebra de Bear Stearns la Administración no tuviera un plan de contingencia y no alcanzara a ver que dejar caer Lehman Brothers provocaría una debacle que dejó una factura multimillonaria y todo el sistema al borde del colapso", critica Luigi Zingales, de la Universidad de Chicago. "Esa falta de previsión es un desastre. Peor aún fueron los bandazos posteriores: con la nacionalización de AIG nadie entendía nada, a quién se salvaba y a quién no. Eso creó una incertidumbre fenomenal: lo peor que puede pasar en tiempos de zozobra es que las autoridades pierdan credibilidad", añade.
Pero Zingales cree que el error Lehman tiene otras aristas. El pánico que provocó permitió aprobar ambiciosos planes anticrisis en todo el mundo sin que los defensores del libre mercado apenas chistaran: la patronal española llegó a pedir un paréntesis en la economía de mercado. Y ayudó a poner en marcha notables cambios regulatorios con una idea fuerza: "El mercado no puede funcionar correctamente sin la mano visible del Estado, sin unas reglas del juego claras. De otra manera, los capitalistas serían capaces de cargarse el capitalismo", afirma Zingales, miembro del comité que examina los cambios normativos en EE UU.
"Si no hubiera caído Lehman, hubiera sido cualquier otra entidad", defiende Zingales. "La lección que debemos aprender de esta crisis es que el Estado no puede garantizar todas las instituciones. No hay razones para defender a ultranza la política del demasiado grande para caer si a cambio no hay una regulación férrea para ese tipo de entidades que pueden borrar el sistema de la faz de la tierra".
Varias fuentes consultadas comparten esa visión: dejar caer Lehman fue un error tremendo, nadie calculó las consecuencias de la espiral que desató. Pero a la vez fue el catalizador que hizo sonar todas las alarmas, que aceleró la aprobación de los paquetes de estímulo. Que evitó una debacle aún peor, en definitiva. Y que ha abierto debates que se disparan en todas las direcciones: el sector financiero no volverá a ser el mismo; el capitalismo y la correlación de ideologías que lo conforman, tampoco.
La crisis llegó y se agravó debido a una regulación poco estricta que permitió que algunas firmas llegaran a ser tan grandes o tan interconectadas que el sistema no era capaz de permitir su caída. Y eso daba manos libres a sus gestores para tomar todo tipo de riesgos a sabiendas de que el Estado difícilmente permitiría una quiebra. Sólo EE UU atravesó esa línea roja con Lehman, con consecuencias devastadoras, y eso pone todas las miradas en el peligro que supone ese gigantismo bancario. "Esas instituciones no sólo son demasiado grandes para fracasar, sino demasiado grandes para ser administradas", ha sentenciado el Nobel Joseph Stiglitz.
Desde Bruselas, Daniel Gros, director del Centro de Estudios de Política Europea, comparte a grandes rasgos ese punto de vista. "Primera lección de la caída de Lehman: claramente, nunca más. ¿Pero nunca más qué? Me temo que supervisores y bancos centrales ahora piensan ‘nunca más una bancarrota de un gran banco’. Y eso es lo contrario de lo que necesitamos si no se acompaña de un empujón en la regulación".
Lejos de ser un error, el consenso empieza a virar entre los economistas hacia el hecho de que dejar caer a Lehman acabó siendo, inesperadamente, algo positivo. Es evidente que Bernanke y Paulson -el primero lo ha reconocido abiertamente- no planearon esa vía, cuyos costes han sido colosales. Pero las consecuencias de ese nefasto fin de semana no sólo aceleraron una crisis financiera que de todas formas era inevitable, sino que también permitieron una rápida respuesta global coordinada que evitó la Gran Depresión, un agujero negro en las finanzas y quién sabe si una crisis social de enorme calado.
"La crisis de Lehman tiene algo de darwinismo -la destrucción creativa necesaria para que el sistema mejore, o al menos no muera- y de metáfora de los graves abusos de la última década. Es un símbolo de la temeridad de los banqueros. Y también un gran caso de castigo de los culpables: la gente que ha conducido a ciegas un autobús escolar y ha tenido un accidente nunca debería volver a ponerse delante de un autobús, y es posible que eso suceda con muchos de los involucrados en este caso", asegura el economista belga Paul De Grauwe.
De Grauwe reparte también estopa entre las autoridades económicas estadounidenses: "No tenían que haber dejado que eso sucediera, porque los costes han sido brutales. Si querían un castigo ejemplar, deberían saber que es perfectamente posible rescatar un banco y asegurarse de que esa actuación no genera riesgo moral [un efecto perverso sobre otros bancos, que empiezan a creer que pueden arriesgarse y cometer excesos porque en última instancia el Estado los salvará]. Basta con enviar a los ejecutivos a la cárcel, o con imponer sanciones muy duras, o con enviar a los accionistas a casa con las manos vacías por haber permitido eso para que el riesgo moral desaparezca".
No sólo la BBC ha intentado indagar en los días previos a la bancarrota de Lehman. Michael Moore acaba de estrenar en Venecia el documental Capitalismo: una historia de amor. En EE UU se han editado ya varios libros y entrevistas con los protagonistas de la trama. Hay un poco de todo: justificaciones, teorías conspirativas -Lehman es uno de los grandes bancos de inversión judíos; Paulson procedía de Goldman Sachs, un banco rival que sí recibió ayuda- e incluso algún que otro mea culpa con la boca pequeña. Paulson y Bernanke siguen negando la mayor: aseguran que dejar caer Lehman no fue un error y que las reglas del juego les ataban de pies y manos en la búsqueda de soluciones.
Pero los hechos desacreditan esa tesis. Seis meses antes del caso Lehman, las autoridades económicas estadounidenses cubrieron las posibles pérdidas de Bear Stearns para que JP Morgan tragara con ese sapo, y unos días después nacionalizaron AIG con un crédito extraordinario que se aprobó en un abrir y cerrar de ojos.
Charles Morris, autor de El gran crac del crédito -y uno de los que defienden que fue un acierto que Lehman quebrara-, asegura desde Nueva York que esa crisis deja grandes lecturas: "Lo más importante es que los banqueros no pueden seguir insistiendo en que ellos realmente sabían lo que estaban haciendo. Todo lo demás es consecuencia de eso: hay que limitar el poder de los bancos aunque los banqueros insistan en que no se puede poner coto a la innovación. Porque se ha llamado innovación a prácticas que eran verdaderas salvajadas, o auténticas idioteces".
Ahora que la situación se va normalizando, a Wall Street le entra de repente cierta amnesia respecto a lo ocurrido. "En los casos de Lehman y AIG se demuestra que la acción de las autoridades está limitada por nubes de incertidumbre en la regulación. Los bancos quieren impedir que el nuevo Ejecutivo imponga claridad en la nueva normativa, quieren aguar la reforma y dejar las cosas como están. Pero hay que limitar los movimientos de esas instituciones demasiado grandes para caer, y hay que dar poderes a la Administración para meter mano en cuanto empiecen a ver cosas raras", apunta Morris.
Wyplosz dispara en la misma diana: "Estados Unidos, Suiza y el Reino Unido han planteado propuestas interesantes para la nueva regulación bancaria. Pero esos proyectos deben pasar por los parlamentos respectivos: mi apuesta es que al final se verán claramente aguadas. Si estoy en lo cierto, el mundo pos-Lehman será muy peligroso".
La intrahistoria de la caída de Lehman es también una feroz lucha de egos, un tratado de bajas pasiones; un folletín peliculero, en suma. En las infinitas entrevistas, en los reportajes y en los libros que describen los últimos días del banco, su presidente, Richard Fuld, aparece retratado como un tipo arrogante, estúpido, codicioso, temerario y con algunas lindezas más. "El carácter es el destino", escribió John Cheever hace casi 30 años.
Darwin y los samaritanos
Los ideólogos del capitalismo salvaje -de capa caída últimamente- han querido ver en el darwinismo y la selección de los más aptos una coartada científica para justificar abusos. La teoría darwinista vuelve a estar encima del tapete, pese a que suena a simple excusa para justificar la avaricia y los años de excesos.
"Dejando caer a Lehman, EE UU pensaba que podía reintroducir la disciplina darwinista en el funcionamiento de los mercados financieros. Desgraciadamente, Lehman era demasiado grande para caer sin efectos devastadores, por lo que el Gobierno Bush tuvo que dar marcha atrás y volver a rescatar bancos para evitar una debacle aún mayor. Y adiós al darwinismo", reflexiona Chang Ha-Joon, profesor surcoreano en Cambridge y autor de ¿Qué fue del buen samaritano?
Lejos quedan los días en los que los bancos eran pequeños y aburridos y podían quebrar igual que un restaurante o una fábrica de zapatos. Lo curioso es que la crisis no está acabando con los riesgos del demasiado grande para caer. Al contrario: "A pesar de todo, los grandes bancos supervivientes son aún más gigantescos porque se han quedado con los despojos de los caídos", critica Chang.
Para el académico surcoreano, el caso Lehman demuestra que el darwinismo social del siglo XIX, en el que muchos economistas aún creen, "simplemente no funciona". "Los gobiernos no pueden comprometerse de forma creíble a dejar quebrar a los bancos. Como eso es así y no hay vuelta de hoja, si hay que socializar las pérdidas, al menos las autoridades deben tenerlos estrictamente regulados para evitar rescates millonarios. Desgraciadamente, los bancos disponen de esa protección sin las correspondientes obligaciones".
Con todo lo que ha caído, sigue habiendo expertos que defienden que la vuelta de tuerca a la regulación no sirve de nada. "Es inevitable una nueva crisis financiera derivada de la especulación. Está en la naturaleza humana", defendía esta semana el ex oráculo Alan Greenspan, uno de los mitos caídos de esta crisis, que dirigió durante dos décadas la política monetaria estadounidense.
Sebastian Edwards, profesor de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), le da respuesta: "Hay varias lecciones que seguro que se van a aprender de esta crisis. Pero sobre todo hay que aprender que la arrogancia de los banqueros de inversión y todos aquellos que creen que las finanzas se mueven por principios y leyes exactas, como la física, puede llevar a excesos extremadamente costosos".
Fuente: El País
Las cinco crisis invisibles
Marcelo Justo
BBC Mundo
En el mundo hay crisis visibles e invisibles.
La crisis financiera está en los radares de los medios y en la atención permanente de los gobiernos.
La de la pobreza o el desempleo sólo aparece en las páginas de temas sociales.
En algunos casos la visibilidad de una noticia – paraísos fiscales o activos tóxicos – esconde una esencial invisibilidad con una técnica similar a la que usó Edgar Allan Poe en su célebre cuento "La carta robada": la mejor manera de esconder una carta comprometedora es dejarla a la vista.
BBC mundo identificó cinco crisis que están y no se ven.
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Crisis invisible del desempleo
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Crisis invisible de la pobreza
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Crisis invisible del hambre
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Crisis invisible de los activos tóxicos
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Crisis invisible de los paraísos fiscales
1. Invisibilidad del desempleo
La OIT calcula que 50 millones de personas se agregarán a las filas de desocupados en 2009:el número total será entre 210 millones y 239 millones.
La crisis es planetaria. La máxima potencia, Estados Unidos, tendrá unos 14 millones de personas de desempleados (10% de la poblacion económicamente activa). En América Latina habrá entre tres y cuatro millones de nuevos desempleados. En Asia el desempleo regional podría rozar el 6%.
A lo que hay que agregar el galopante crecimiento del subempleo, como indicó a BBC mundo el director del Instituto de Estudios Laborales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) Raymond Torres.
"En muchos países ha aumentado el número de gente que está trabajando a tiempo parcial aunque quisiera trabajar a tiempo completo. En muchos casos se ha llegado a acuerdos para reducir el número de horas de trabajo a cambio de conservar el puesto laboral", indicó Torres a BBC Mundo.
A pesar de esto, la crisis laboral ha quedado relegada a un segundo plano en la agenda mediática.
Más grave aún, en la agenda gubernamental, está muy por detrás de la salud del sector financiero.
Unos 32 países anunciaron medidas de estímulo fiscal por unos dos millones de millones de dólares destinados a reactivar la economía e impedir un agravamiento de la situación.
Esto es la mitad de lo que se ha gastado en el sector financiero.
La ayuda directa al empleo es ínfima en comparación, aunque en el mundo desarrollado, hay que tomar en cuenta el seguro social que cubre a los desempleados.
2. Invisibilidad de la pobreza
El desempleo está disparando otro silencioso escándalo: la pobreza mundial.
Según la OIT a fin de año habrá unos 1.422 millones de pobres – casi una cuarta parte de la población mundial.
El empleo no será una garantía de nada. Más de 200 millones de nuevos pobres que ha traído la actual crisis tienen empleo, pero ganan menos de dos dólares diarios.
"El modelo de crecimiento económico que hemos tenido no ayuda a revertir esta situación. La informalidad, por ejemplo, no sirve para la reducción de la pobreza", indicó Torres a BBC Mundo.
Esta informalidad forma parte de la desregulación económico-laboral de las últimas décadas.
La contrapartida de este modelo económico-social ha sido el crecimiento de la desigualdad y la caída del salario real.
En Estados Unidos el salario real promedio está hoy por debajo del que existía en 1979: el de los más pobres es un 20% menor.
En este mismo período la deuda individual estadounidense pasó de 46 al 98% del PIB.
La conclusión salta a la vista. El crédito fácil fue la manera de sustituir la caída del salario real y sostener el consumo, verdadero motor del crecimiento económico estadounidense.
A nivel global este modelo de crecimiento generó un consumidor y deudor mundial (Estados Unidos) y un nuevo acreedor y exportador de productos baratos (China)
Segunda conclusión, entonces. Lejos de pertenecer a la sección de temas "sociales", la pobreza es clave en la actual crisis económica.
3. Invisibilidad del hambre
Las cifras de la FAO son alarmantes. Según la organización 1.020 millones de personas sufrirán hambre diariamente a consecuencia de la crisis económica: una sexta parte de la población mundial.
El presidente del Banco Mundial Robert Zoellick calcula de otra manera el impacto de la actual crisis: este año van a morir 400 mil niños más de los que ya mueren por pobreza extrema o indigencia.
Pero lo cierto es que desde la caída del muro de Berlín y el llamado fin de las ideologías, el hambre, la pobreza y el desempleo se han naturalizado: forman parte "inevitable" del paisaje social.
A nadie escandaliza que esto suceda al mismo tiempo que el desarrollo tecnológico permite viajar a otros planetas o sumergirnos en el ciberespacio.
La economía no sale indemne de esta crisis "social".
Un elemento central de la actual debacle es la caída de la demanda mundial, es decir, del consumo.
Pero lo que faltan no son consumidores.
Estos 1.020 millones de personas saltarían de alegría si pudieran incorporarse plenamente al circuito de los incluidos.
En este caso, la economía mundial tendría un problema distinto: potenciar la producción (y el empleo) para satisfacer la demanda.
4. Invisibilidad de los activos tóxicos
Nadie sabe a ciencia cierta cuántos activos tóxicos hay en el sistema bancario.
El Fondo Monetario Internacional ha ido cambiando su evaluación de estas deudas incobrables que tienen los bancos escondidas en la complejísima ingeniería financiera que se montó a partir de la desregulación de los 80.
En su ultima evaluación, el FMI hablaba de 4 millones de millones de dólares, pero otras fuentes han llegado a sumar 16 millones de millones y, en realidad, nadie sabe a ciencia cierta.
Esta aparente ignorancia es un escándalo en sí misma.
¿Cómo explicar que a dos años de comenzada la crisis las instituciones financieras todavía no sepan o no digan o no puedan dar a conocer cuánta deuda acumulan y hasta dónde están expuestos?
Desde los registros contables más rudimentarios en los albores de la civilización hasta el desarrollo de la contabilidad moderna durante el renacimiento, se supone que cualquier empresa conoce qué tiene y qué debe: el famoso debe y haber de la escuela secundaria.
Crisis, invisible
"Las declaraciones del G-20 en favor de una regulación y supervisión del sistema financiero global se contradicen con la política de rescates bancarios efectuadas sin alterar el funcionamiento de las entidades en paraísos fiscales"
Juan Hernández Vigueras, autor de "Al rescate de los paraísos fiscales"
¿Qué ha pasado con estos balances contables de las instituciones financieras? ¿Existen, desaparecieron, son fraudulentos, generarían pánico revelarlos o nadie tiene la menor idea porque hemos vivido en el peor de los caos financieros?
De eso no se habla.
5. Invisibilidad de los paraísos fiscales
Una de las razones por las que no se termina de conocer la suma total de las deudas incobrables o activos tóxicos es que se encuentran diseminados en la opacidad de los paraísos fiscales.
Esta opacidad es una red de filiales, sucursales y compañías fantasmas que operan bajo la regulación laxa o nula de esas jurisdicciones.
Los especialistas calculan que los paraísos fiscales mueven unos US$11 millones de millones, equivalente al PIB de Estados Unidos.
El derrumbe de los bancos en los últimos dos años está vinculado a la existencia de los paraísos fiscales.
La caída del Bear Stearns se produjo meses después del hundimiento de dos de sus fondos de alto riesgo (hedge funds) registrados en un buzón de correos en las Islas Caimán.
La mecánica era clásica. Estos fondos de alto riesgo recibían préstamos apalancados (con un endeudamiento muy superior a su capital) para que especularan con títulos y valores vinculados a las hipotecas sub-prime.
Aunque existían gracias al respaldo de la casa matriz, los fondos que movían no figuraban en los balances contables del Bear Stearns porque "pertenecían" a las compañías en los paraísos fiscales.
Usted dirá que el tema dista de ser invisible, ¿acaso no fue uno de los más importantes de la cumbre del G20 en abril?
En el comunicado final de la cumbre se afirmó que "la época del secreto bancario ha terminado".
El mensaje era que, de ahora en adelante, la transparencia sería la norma.
Según Juan Hernández Vigueras, autor de "Al rescate de los paraísos fiscales", la cumbre del G20 fue una cortina de humo.
"Las declaraciones del G-20 en favor de una regulación y supervisión del sistema financiero global se contradicen con la política de rescates bancarios efectuadas sin alterar el funcionamiento de las entidades en paraísos fiscales", indicó a BBC Mundo.
A falta de una nueva regulación financiera internacional, los bancos pueden hacer – quizá están haciendo – las mismas operaciones que llevaron a la peor crisis económica desde el crack del 29.
Fuente: BBC Mundo
La crisis aumenta la esclavitud Más de 12 millones de personas sufren trabajos forzosos por impago de deudas
ANA G. ROJAS / LALI CAMBRA - Nueva Delhi / Ciudad del Cabo – 07/09/2009
"Nací siendo esclavo. Mi padre estaba endeudado con el dueño de una mina y forzaban a toda mi familia a trabajar 16 horas diarias con poca comida y bebiendo agua de los charcos que formaba la lluvia". Es la historia de Lakshman Singh, un hombre que pasó sus 14 primeros años de vida sin saber que existía un mundo más allá de la cantera en la que estaba atrapado, a 40 kilómetros de Nueva Delhi, la capital de India. Toda la familia -los padres, tres hijos y un tío- estaban sometidos a trabajos forzosos por una deuda equivalente a 300 euros actuales.
En India hay millones de personas atrapadas en esta servidumbre por deudas, considerada una forma de esclavitud moderna. Aunque las cifras varían mucho, la Organización Mundial del Trabajo (OIT), estima que el 77% de los sirvientes por deudas en el mundo están en Asia y en el Pacífico: 9.5 millones de los 12.3 millones totales, según los últimos datos de 2005, que la propia OIT reconoce que deben ser actualizados. Las ONG aseguran que podría haber muchos más esclavos en el mundo, "nuestras estimaciones conservadoras indican que hay ahora 27 millones, más que nunca en la historia de la humanidad", según un portavoz Free The Slaves, con sede en EE UU.
El informe de la OIT de este año, El coste de la coacción, publicado el pasado mayo, dice que las víctimas trabajo forzoso en el mundo -excluyendo la explotación sexual- pierden unos 14.000 millones de euros en salarios no recibidos. Con la crisis económica y financiera actual, la esclavitud podría crecer, temen los especialistas. "Si no se toman medidas inmediatas para aumentar la seguridad para los trabajadores vulnerables, especialmente los que migran, hay un gran riesgo de que más personas caigan en esta situación", declara en una entrevista telefónica Roger Plant, al frente del programa especial de la OIT contra el trabajo forzoso. Entre los grupos más vulnerables están los niños, dice. Hasta el 50% de los que son explotados podrían ser menores.
"La crisis afecta a los países en desarrollo por la caída del comercio, precios de materias primas a la baja, menor acceso a crédito, menor envío de dinero por familiares en el extranjero, menor ayuda exterior. Unos países serán más afectados que otros y en cada uno la situación será diferente, pero, en general, habrá mayor vulnerabilidad. Las familias, por ejemplo, no llevarán a los niños al colegio y los enviarán a trabajar, con el riesgo de que caigan en manos de traficantes o formas de explotación laboral", explica Hans van de Glind, experto en tráfico infantil de la OIT.
"No sabemos cómo repercutirá la crisis en cifras", dice Peter Schatzer, director de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en el Mediterráneo, "pero ya está afectando". Con un control más estricto de las fronteras se prevé que se encarezcan los precios que las redes cobran a los inmigrantes irregulares y que haya más riesgo de tráfico humano. En India, el país más afectado, la esclavitud responde a un cóctel de factores, entre ellos la pobreza, la falta de educación y de conocimiento de los derechos, pero, sobre todo, la discriminación está arraigada en el sistema de castas, coinciden los expertos. El 86% de los esclavos pertenece a los dalits (antes llamados intocables), según el Frente para la Liberación de Servidumbre por Deudas. "Las castas altas se aprovechan económicamente de la creencia de que algunos nacieron para ser explotados, mientras que las víctimas creen que es su karma, que deben pagar algo que hicieron en otra vida", explica Kailash Satyarthi, fundador de Bachpan Bachao Andolan (BBA), una ONG que se dedica a liberar niños esclavos.
Según sus estimaciones hay unos 25 millones de esclavos sólo en India. Prácticamente todos los que viven en estas condiciones fueron víctimas del tráfico humano o adquirieron deudas con sus patrones o las han heredado de sus padres. Los trabajadores más pobres toman un préstamo adelantado de su patrón por alguna herramienta de trabajo o para comprar medicinas, comida o ropa. Luego los sueldos son tan bajos y los intereses tan altos que caen en una espiral de endeudamiento. "Los empleadores enmascaran una práctica fraudulenta en la que el trabajador deja de tener control y se siente atrapado y sin posibilidad de reclamar sus derechos. Muchas veces sufre también amenazas físicas o psicológicas", explica, desde Londres, Enrique Restoy, de la ONG Anti Slavery Internacional. En algunos casos las deudas pueden pasar de generación en generación.
¿Qué se puede hacer para terminar con este círculo vicioso? Los expertos coinciden en que es necesario el pago de salarios mínimos que garanticen una vida digna y la educación en contra de la discriminación y para conocer los derechos. "Se deben dar alternativas de crédito independientes", agrega Coen Kompier, especialista de la OIT.
En India la situación ha mejorado, pero es difícil avanzar más rápido porque el Gobierno no acepta hablar del sistema de castas y otros países no quieren presionar porque son sus aliados y lo consideran un país democrático, prooccidental, explica Restoy. En África, añade, la esclavitud tiene o bien carácter tradicional en países como Mauritania, Niger, Chad o Sudán, o se centra en los niños, por su número o por su vulnerabilidad, "pero no se puede descartar que la esclavitud por deudas no se dé, por ejemplo, en determinadas etnias indígenas marginadas".
Se calcula que en el mundo hay 218 millones de niños trabajando de una manera u otra. El 26%, en Africa. No se sabe cuántos de ellos están sometidos a trabajos forzosos, aunque se han identificado sectores que usan niños como esclavos: minería, agricultura y pesca. La OIM ha liberado desde 2002 a 618 niños que trabajaban forzadamente para comunidades pesqueras del Lago Volta, en Ghana. En el caso de algunas niñas la explotación es doble: como esclavas sexuales y como criadas.
Permiso del amo hasta para casarse
Boubacar Messaoud nació esclavo, hace 64 años, en Mauritania: "Soy hijo de esclavos y la esclavitud hubiera sido mi sino, pero tuve suerte. El director francés de la escuela del pueblo me vio llorando en la valla de entrada y avergonzó a mi amo por no dejarme ir a clase. Yo tenía siete años". Messaoud sigue hablando de amos, porque en Mauritania, "aun a pesar de mis éxitos [fue el primero en su familia en recibir educación, ir a la Universidad, estudiar en el extranjero y ser arquitecto], sigo siendo, a ojos de muchos, un esclavo".
Los esclavos mauritanos se originaron hace siglos, descendientes de africanos negros capturados por los moros, árabes bereberes, "que dieron su nombre al país y todavía lo dominan". Se calcula que un quinto de la población mauritana, más de medio millón de personas, son esclavos "a los que se prohíbe la educación, tener tierras o heredarlas. Tienen que pedir permiso a sus amos para casarse. Éstos tienen derecho a regalar a sus hijos. Trabajan sin salario, en el pastoreo, en la agricultura. Para las mujeres es peor. Trabajan más. Son las primeras en levantarse y las últimas en ir a dormir. Frecuentemente son golpeadas o violadas", dice Messaoud.
Los esclavos tuvieron un cierto respiro con la llegada al Gobierno en 2007 del primer presidente elegido democráticamente, Sidi Mohammed Ould Sheikh Abdallahi, que criminalizó la esclavitud (aunque no envió a nadie a la cárcel), pero las esperanzas se frustraron con el golpe de Estado militar del pasado mes de agosto. Messaoud organizó SOS Esclaves en 1995, junto con el hijo de un ex ministro, anterior propietario de esclavos. Desde entonces, ha estado en prisión tres veces. En mayo pasado recibió un premio de la organización Anti Slavery International por su lucha contra esta lacra.
Fuente: El País
G20 intentará dar una respuesta concertada a la crisis
Según Bush, intentarán “responder a la crisis actual y sentar las bases de reformas para impedir que una crisis semejante se reproduzca en el futuro”
La cumbre del G20, agrupación nacida en 1999 tras las crisis asiática y rusa, reagrupa al G8 (Alemania, Francia, Estados Unidos, Japón, Canadá, Italia, Reino Unido y Rusia), la Unión Europea y once países emergentes (Argentina, Australia, Arabia Saudita, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Sudáfrica y Turquía
14/11/2008
Los líderes de los principales países industriales y de las grandes economías emergentes (G20) se reúnen por primera vez este viernes en Washington para elaborar una estrategia concertada frente a la peor crisis financiera desde 1929, que contamina rápidamente a la economía mundial.
Estados Unidos, potencia anfitriona y al principio reticente, ahora quiere que se adopte un “plan de acción” para reformar el sistema financiero internacional durante esta cumbre que comienza el viernes con una cena de trabajo en la Casa Blanca y que culmina el sábado.
Los 20 participantes intentarán “responder a la crisis actual y sentar las bases de reformas para impedir que una crisis semejante se reproduzca en el futuro”, declaró el presidente estadounidense, George W. Bush.
Pero el margen de maniobra de Bush será estrecho porque está al fin de su mandato y su sucesor, Barack Obama, recién asumirá el 20 de enero.
Del lado europeo, ahora se reconoce que la reunión sólo será un lanzamiento y no desembocará en un Bretton Woods II, por el nombre de los acuerdos que dieron origen en 1944 a las actuales instituciones financieras multilaterales.
El presidente ruso, Dmitri Medvedev, dijo el jueves “respaldar la idea” de su homólogo francés, Nicolas Sarkozy, de organizar una segunda cumbre en febrero, indicó una portavoz del Kremlin al margen de la cumbre UE-Rusia en Niza.
Medvedev se mostró muy cercano a las demandas europeas para la cumbre de Washington, pronunciándose a favor de una refundación del sistema internacional y de sus grandes instituciones, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
“Creo poder decir que las propuestas rusas son de gran calidad y que se acercan mucho a las propuestas europeas”, se congratuló Sarkozy.
Según The Washington Post, los dirigentes de los 20 grandes países industrializados y emergentes que participarán en la cumbre decidirán crear una estructura para supervisar a los 30 bancos más grandes del mundo.
El nuevo organismo, llamado “Colegio de supervisores”, reuniría a “los reguladores internacionales para coordinar la vigilancia de las 30 instituciones financieras más grandes del mundo”, afirma este viernes el diario.
Ese organismo sería concebido “para agregar un nivel suplementario de vigilancia al control de los bancos y para corregir cualquier toma de riesgo excesivo”, como las que alimentaron la actual crisis.
Por su parte, el FMI y el Foro de Estabilidad Financiera (FSF) publicaron una carta a los gobiernos y bancos centrales del G20 este viernes en la que indican que van a cooperar para poder instaurar un sistema de alerta precoz de las crisis financieras. Ambos organismos dicen que en la carta que están a disposición de los gobiernos para emprender esa tarea.

Dando muestras de buena voluntad, Bush trazó pistas de reflexión durante un discurso del jueves: mejorar la gestión de riesgo de los bancos, combatir la opacidad y las malversaciones en los mercados, y mejorar las reglas contables de cada país sobre los títulos financieros.
(Activistas de Oxfam, interpretan de forma burlona a diferentes mandatarios con una lista falsa donde se leen los siguientes temas: Bancos, Industrias aseguradoras y Pobreza mundial. Esto sucedió hoy 14, en el Lafayette Park, cerca de la Casa Blanca en Washington, DC. Líderes mundiales tendrán hoy una reunion de emergencia del G20 por la crisis financiera. Foto: AFP PHOTO / TIM SLOAN)
Los estadounidenses están asimismo a favor de una reforma del FMI y del Banco Medial para acrecentar el peso de los países emergentes.
Entre estos últimos, China afirmó el viernes que su economía podía mantener el rumbo y ayudar a la economía mundial.
“Esta crisis es un serio desafío que es preciso no subestimar”, dijo Mu Hong, vicepresidente de la Comisión para la Reforma y el Desarrollo (planificación económica), asegurando que la crisis tendría un impacto limitado sobre el sistema financiero chino.
La cumbre del G20, agrupación nacida en 1999 tras las crisis asiática y rusa, reagrupa al G8 (Alemania, Francia, Estados Unidos, Japón, Canadá, Italia, Reino Unido y Rusia), la Unión Europea y once países emergentes (Argentina, Australia, Arabia Saudita, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Sudáfrica y Turquía.
Por su parte, organizaciones de activistas no han perdido la oportunidad de protestar esperando llamar la atención de los líderes mundiales para que traten temas como la pobreza mundial y el comercio justo. Uno de esos grupos es Oxfam.

Activistas de Oxfam protestaron hoy en el Lafayette Park, cerca de la Casa Blanca en Washington, DC. Líderes mundiales tendrán hoy una reunion de emergencia del G20 por la crisis financiera. Foto: AFP PHOTO / TIM SLOAN
G20 de Washington: lista de países y dirigentes participantes
He aquí una lista de los paíes que participan en la “Cumbre sobre los mercados financieros y la economía mundial” que comienza este viernes en Washington en el marco del G20, con el nombre de los jefes de Estado o de gobierno presentes:
SUDAFRICA:
Presidente: Kgalema Motlanthe
ALEMANIA:
Canciller: Angela Merkel
ARABIA SAUDITA:
Rey: Abdalá
ARGENTINA:
Presidenta: Cristina Kirchner
AUSTRALIA:
Primer ministro: Kevin Rudd
BRASIL:
Presidente: Luiz Inacio Lula da Silva
CANADA:
Primer ministro: Stephen Harper
CHINA:
Presidente: Hu Jintao
COREA DEL SUR:
Presidente: Lee Myung-Bak
ESTADOS UNIDOS:
Presidente: George W. Bush (el presidente electo Barack Obama, que asume sus funciones el 20 de enero, no participa en la cumbre)
FRANCIA:
Presidente: Nicolas Sarkozy
INDIA:
Primer ministro: Manmohan Singh
INDONESIA:
Presidente: Susilo Bambang Yudhoyono
ITALIA:
Presidente del Consejo: Silvio Berlusconi
JAPON:
Primer ministro: Taro Aso
MEXICO:
Presidente: Felipe Calderon
REINO UNIDO:
Primer ministro: Gordon Brown
RUSIA:
Presidente: Dmitri Medvedev
TURQUIA:
Primer ministro: Recep Tayyip Erdogan
UNION EUROPEA:
Presidente en ejercicio: Nicolas Sarkozy
La Comisión europea es representada por su presidente José Manuel Barroso
Además de los miembros del G20, otros dos países europeos participarán en la cumbre de Washington:
ESPAÑA:
Jefe de Gobierno: José Luis Rodriguez Zapatero
HOLANDA:
Primer ministro: Jan Peter Balkenende
Dos organizaciones internacionales también estarán representadas:
BANCO MUNDIAL:
Presidente: Robert Zoellick
FONDO MONETARIO INTERNACIONAL:
Director gerente: Dominique Strauss-Kahn
© 1994-2008 Agence France-Presse
Fuente: Economista24
"Hay que dejar quebrar a las empresas automovilísticas antes de darles ayudas"
Mario Platero. Chicago – 10/11/2008
Paul Samuelson, Premio Nobel de Economía en 1970.
Paul Samuelson ya no vive aquí, pero recuerda, con nostalgia, su época de estudiante en la Chicago University, hace ahora 73 años. El Premio Nobel de Economía en 1970 conserva una clara imagen de los años de la Gran Depresión, cuando “desde las ventanas de la universidad veía un mundo muy diferente del que describían los libros de texto, un mundo de gente pobre y de desesperación”.
Fue aquí, en Chicago, donde comenzó la aventura de Barack Obama y donde Samuelson estudió entre los neoclásicos y los conservadores, para terminar encontrando su propio camino. Un camino más intervencionista y keynesiano, ante la evidencia del desastre que se había consumado en aquella época. Primero con el hundimiento de la bolsa en 1929 y, después, con la Gran Depresión.
Entonces Samuelson abandonó el conservadurismo, que dominaba en su escuela de Chicago, para comenzar un recorrido muy diferente, que él mismo califica de centrista.
Los recuerdos se agolpan en su mente, pero entre ellos prevalecen, sobre todo, dos hechos que hoy, a sus 93 años, le proporcionan fuerza y al mismo tiempo estupor: la catástrofe financiera de los últimos meses, muy similar en su dinámica a la de los años 30, y la llegada de un afroamericano a la Casa Blanca. “Nunca hubiera creído que iba a ver ni lo uno ni lo otro. Ni me lo podía imaginar. A mis 93 años, todavía hay algo que consigue sorprenderme, un privilegio extraordinario para una persona de mi edad”.
Profesor, ¿hay alguna otra cosa que consiga sorprenderlo?
La testarudez del género humano. Ésta era una crisis anunciada. Bear Stearns era el intermediario del Long Term Capital, la primera voz de alarma que sonó, hace diez años, para pedirnos que prestásemos atención a la situación. Pero hacer dinero a corto plazo era más importante que la certeza de la estabilidad a largo plazo. Lo que está meridianamente claro es que la culpa es nuestra.
Fue Wall Street el que abrió el camino del desastre económico, por el que, después, se puso a caminar el resto del mundo. Fueron nuestros profesores, algunos alumnos míos, los que desarrollaron teorías para la distribución del riesgo, que se mostraron después fatales por un simple error: no tuvieron en cuenta la insaciabilidad del género humano.
¿Qué quiere decir?
Imagine que tiene un bate de béisbol en sus manos y quiere hacer equilibrios con él. Si lo intenta, puede incluso llegar a mantenerlo derecho sobre un dedo. Pero si el bate se torna tan grande como el emblemático Empire State, entonces ya resultará imposible mantenerlo en equilibrio en la mano. Nuestro pecado fue el gigantismo incontrolado. Serán necesarias nuevas reglas. Pero atención, las reglas no pueden estrangular al enfermo.
¿Qué le preocupa al mirar al futuro inmediato?
Que el péndulo de la ideología se vaya demasiado a la izquierda. Me horroriza la idea de que el Senado pueda disponer de una mayoría de 60 votos demócratas, que impida el obstruccionismo. Eso significaría que se podrán realizar con absoluta libertad políticas que podrían ser muy dañinas para el país.
Por ejemplo, aumentar los gastos inútiles, para contentar a determinadas bases políticas. O reforzar los sindicatos, que han ocasionado muchos perjuicios al país con su excesiva rigidez, que tanto daño hizo a las automovilísticas.
¿Se volverá atrás, a poner en marcha políticas como el ‘New Deal’?
Nunca se vuelve atrás. El mundo de hoy es diferente. Hay nuevos retos. Por ejemplo, los medioambientales, que son centrales para el desarrollo. El mundo cambia. Mi consejo es mirar hacia adelante. Es muy sencillo: que no se abandone el centro.
Soy un centrista porque sé, por la historia económica, cuáles son los peligros que se pueden derivar de los movimientos extremistas, tanto del excesivo liberalismo como de lo que experimentamos antes de la crisis, es decir de la excesiva centralización y rigidez. Mire, Marx y Mao eran unos imbéciles, que no tenían idea de cómo gestionar una economía. El nuevo presidente tendrá que situarse en el centro político.
Hablemos de un reto concreto. ¿Es partidario de salvar la industria automovilística, como se salvó la banca?
No. Y si se tiene que activar un paquete de ayudas, primero las empresas tienen que quebrar. Hay que tener el coraje de reconocer que los equipos directivos se han equivocado. Pero que también se equivocaron los sindicatos al reivindicar derechos que están fuera de los modelos competitivos internacionales.
Se necesitarán importantes paquetes para estimular la economía. ¿Le preocupan las consecuencias de todo ello sobre el gasto público?
Los estímulos son importantes. Pero tienen que ser inteligentes. Desde siempre se ha impreso dinero para reencauzar a una economía con dificultades. Sabemos cuáles son los peligros: la hiperinflación. También en el caso americano el proceso conducirá a la inflación. Pero no creo que la tasa vaya a superar el 10 por ciento.
¿Y Europa? Hay quien aconseja al BCE que se ocupe sólo de la inflación y del gasto público.
Que se olvide de esos consejos. No se puede razonar como si estuviésemos en una fase normal de ajuste cíclico, que puede superarse con pequeñas medidas. El reto es histórico y el BCE está actuando con cierto retraso. Tendrá que cambiar de filosofía. Tendrá que colocar la recesión por delante del peligro de inflación. Es una cuestión de inteligencia, no de reglas. Por eso, estoy seguro de que los Gobiernos nacionales ignorarán a Bruselas.
Me hacen sonreír las reivindicaciones de los burócratas que enarbolan los manuales. No habrá ni un solo país que pueda salvarse en solitario. Lo haremos todos juntos y por lo tanto estaremos y estamos todos en el mismo barco.
¿América está en declive?
La fuerza económica americana ha sufrido un duro golpe. No sé si conseguiremos recuperar el predominio económico del pasado. Pero sí estoy convencido de una cosa: que nuestra debilidad relativa se habría producido con o sin crisis, aunque sólo sea porque China y la India avanzan. Hablamos de globalización. Un fenómeno que se va a quedar. Eso sí, una pequeña ralentización no nos hará daño. Lo que necesitamos hoy es eclecticismo, no trampas legalistas.
Fuente: El Economista