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¿Manipulación en las Bolsas?

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@S. McCoy – 25/07/2009

Y el mercado de acciones estalló. Tras haber amagado con la ruptura a la baja del importante soporte del 878, el S&P 500 ha rebotado con una fuerza inusitada que le ha llevado a romper la fuerte resistencia que el indicador presentaba alrededor de los 950 puntos, lugar de convergencia entre la tendencia bajista de largo plazo iniciada en octubre de 2007 y la alcista de corto que viene de los mínimos de marzo. Las posibles formaciones de hombro, cabeza, hombro cuya confirmación amenazaba con un fuerte recorrido a la baja en caso de materializarse, se han convertido en triples suelos que consolidan el vigor del mercado. La subida, como era previsible, ha sido extraordinariamente virulenta y nos ha dejado a los que preveíamos que la dirección de las bolsas sería la contraria con un palmo de narices.

Como cualquier otro movimiento técnico, detrás de su origen hay que buscar una causa fundamental. Y en esta ocasión no iba a ser menos. Han convergido, por una parte, unos resultados empresariales -fundamental pero no exclusivamente de financieras y tecnológicas, véase el caso de GE- mejores de lo esperado que, en el caso de las firmas del Nasdaq han sido fruto de la capacidad de reacción que la globalización ha propiciado. Aún así las caídas interanuales de beneficios siguen siendo importantes, como nos recuerda este revelador chart. Igualmente, la doctrina de los brotes verdes continúa ganando adeptos en la medida en la que los datos macro sorprenden positivamente y, aunque no se puede de hablar de recuperación propiamente dicha salvo en muy contadas economías, se impone al menos la tesis de la normalización. La conclusión es que el horizonte veraniego se plantea mucho más halagüeño de lo que el dato de paro estadounidense apuntaba hasta hace sólo un par de semanas.

¿Y España? Bueno, el jueves me sugería un lector que destacáramos lo bueno de nuestro país, que es mucho y abundante, que parece que sólo nos fijamos en el lado oscuro de la fuerza zapateril. Bueno, querido Jaime, pues un guiño para ti. El IBEX tira porque se ha convertido en una aproximación bastante certera a la emergencia latinomericana y, en concreto, tanto a México como a Brasil. Por si les cupiera alguna duda, echen un vistazo a estos gráficos de Bloomberg que comparan el comportamiento de los principales selectivos de los tres países tanto desde el inicio del año como a partir de la recuperación que se iniciara a comienzos de marzo. La correlación es prácticamente absoluta. Esto, que en el pasado era un factor de riesgo adicional, se ha convertido ahora en garantía de estabilidad si nos creemos la solida posición financiera de estas naciones, y en especial de la economía brasileña. El IBEX es cada vez más Latibex. Importa menos lo que ocurra dentro de nuestras fronteras.

Sombras de manipulación en el horizonte.

Sin embargo, una sombra de duda acecha sobre la reciente evolución de los mercados financieros a nivel mundial. Las primeras sospechas aparecieron a principios de julio cuando alguno de los blogs más outsiders de Estados Unidos se hicieron eco de la detención de uno de los principales operadores de mercado de Goldman Sachs al que el banco de inversión norteamericano acusaba de haber robado códigos que permitían a la entidad llevar a cabo operaciones de trading de alta frecuencia o Algo Trading, llamados así pues su fundamento último es algorítmico. ¿El fundamento de la Fiscalía? Su potencialidad para manipular las bolsas. Vaya, en manos del individuo, sí; de la entidad, no. Ummmm. En ese mismo post se nos recordaba cómo el 50% del volumen en Estados Unidos corresponde a este tipo de operativa muy de corto plazo que ha sido la heredera cuantitativa natural a esos otros programas que se vieron superados por cisnes no sólo negros sino de todos los colores. Y, por último, que como consecuencia de la detención Goldman, que era el líder indiscutible en esta actividad, había desaparecido del mapa. Suerte que ya estaban cerrados los maravillosos resultados del segundo trimestre.

El Algo Trading o High Frequency Trading (HFT) consiste, en su versión más simplificada, en una rabiosa operativa intradiaria, de extraordinaria rotación y muy bajo margen, que persigue aprovecharse de los diferenciales entre la oferta y la demanda mediante el posicionamiento, según convenga, en uno u otro lado de la ecuación. La ejecución es automatizada y la labor intelectual humana se limita a la creación y mantenimiento de los programas que se convierten, de esta manera, en creadores de mercado, toda vez que los volúmenes que manejan son muy elevados y la rapidez con la que liquidan sus posiciones extraordinaria. ¿Vamos hacia el Reino Bursátil de los Ordenadores? No sé pero, de hecho, cuando uno hace la ronda por los brokers conocidos y les pregunta acerca de la actividad del cliente final en toda esta subida, la respuesta unánime es: por aquí no ha pasado. ¿Entonces?

Entonces, como nos recordaba ayer mismo el New York Times, la respuesta a muchas de las preguntas de los últimos días. Y es que el círculo vicioso es innegable. El HFT permite a la entidad en cuestión obtener suculentas plusvalías a costa, en muchas ocasiones, de inversores que compiten con medios técnicos más limitados; tales resultados positivos, que suponen el 60% del total en un caso como el de Goldman Sachs, disparan la cotización de la firma que arrastra consigo a los principales selectivos mundiales; el mercado se hace direccional con lo que la operativa del HFT, se refuerza y así sucesivamente. Una dinámica difícil e romper y que generó por si sola 21.000 millones de beneficios en 2008. Clavo ardiendo al que aferrarse. Y vaya si se aferran.

Al final del día, aparte de ser un día más viejo, como cantan en Los Miserables, lo que cuenta es el resultado. Y lo que no se puede negar es la evidencia: lo que aventuraba ser un año bursátil desastroso se ha dado la vuelta de forma acelerada llenando los bolsillos de los inversores más avezados. La justificación fundamental existe, aunque se haya visto probablemente superada ya por los acontecimientos. La potencial manipulación, también, con el problema añadido de su difícil ruptura salvo intervención administrativa, que ya se vislumbra en el horizonte. Todo cambia, para seguir igual, de momento. Veremos a ver lo que pasa entonces. ¿Y ahora, qué? Seguir vigilando niveles: las resistencias pasan a ser soportes y en el punto de mira el 1008/1017 del S&P500 que, de romperse, llevaría al indicador al 1.100 que es el objetivo, nuevo, tarde y mal, como casi siempre, de estrategas como los de Credit Suisse y Morgan Stanley. Sean buenos y temerosos de Dios.

Fuente: Cotizalia

Escrito por donquijote2000

Septiembre 18, 2009 a 9:42 am

El oro rompió su inercia y apuesta a superar su récord histórico

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Luego de valer durante varios meses a u$s950 la onza, en lo que va de septiembre la cotización comenzó a subir en forma sostenida. Los pronósticos

0296963 Hace apenas una semana, la cotización del oro superó la barrera de los 1.000 dólares la onza por primera vez en seis meses. En su marcha ascendente, el miércoles tocó los precios máximos en 18 meses mientras que el dólar retrocedía a su menor valor del año frente al euro.

En el mercado de Nueva York el lingote negociado al contado tocó un máximo deu$s1.020,50 la onza, frente a 1.005,90 dólares del cierre del martes. De mantenerse esta combinación de factores, el mercado espera que el metal precioso siga avanzando debido al interés de los inversores de incorporarlo como un activo alternativo a sus carteras.

Operadores consultados por Reuters afirmaron que podría superar su máximo histórico de u$s1.030 la onza si el dólar sigue debilitándose.

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Fuente: Kitco.com

En este contexto, la analista Suki Cooper, de Barclays Capital, sostuvo que “si el dólar sigue bajando, el oro podría continuar trepando”.

Precisamente, el billete verde retrocedió a su menor valor de este año frente al euro, con la divisa única superando los 1,47 dólares por primera vez desde diciembre. Esto se debe a la salida de muchos inversores de esa moneda y sú búsqueda de activos más riesgosos, y más rentables, ahora que perciben que lo peor de la crisis global habría quedado atrás.

Su precio está ligado al del dólar por una fuerte correlación inversa, y tiende a apreciarse cuando éste se debilita. Esta menor aversión al riesgo también se hizo visible en las cotizaciones de las principales bolsas del mundo, que tocaron sus valores máximos de 11 meses.

La escalada del oro ayudó al avance de otros metales preciosos, con la plata y el platino -ambos de amplio uso industrial. La plata subió a su mayor registro en 12 meses, a u$s17,33 la onza, y el platino tocó los 1.338 dólares, su mayor precio desde septiembre del 2008.

"Alcanzar los 1.000 dólares la onza es tan sólo una de las primeras etapas de un gran mercado alcista para el oro. Este mantiene su valor cuando todos los demás activos bajan. El oro es dinero. Es la más antigua y la más sólida de las divisas, puesto que no se puede crear de la nada ni por decreto de los bancos centrales, como sí sucede con las divisas", señaló Marion Mueller, directora de OroyFinanzas.

"Las razones para la continuada suba de su precio se deben buscar no sólo en la inflación, ni en la depreciación de la moenda estadounidense, sino en un abanico de factores económicos, financieros y políticos que están causando malestar y desconfianza entre los inversores de todo el mundo. Esto se traducirá en mayores subas", explicó la directora del periódico digital especializado en este mercado.

El peso cada vez mayor de los ETF

El actual envión de las cotizaciones se debe en gran medida al considerable aumento de compras de oro a través de diversos Fondos Cotizados (ETF), que replican el precio de la onza.

Los Exchange Traded Funds (ETF) son certificados que representan una cuotaparte de una “canasta” de activos.
Cada una de éstas tiene una composición específica, con el objetivo de seguir el comportamiento de un determinado índice, mercado o industria.

Existen mas de 400 ETFs distintos que permiten invertir, por ejemplo, en acciones de tecnología, energía, biotecnología, medios, telecomunicaciones, transporte, S&P500, NASDAQ, Europa, Asia, mercados emergentes, granos, metales preciosos, petroleo, bonos, monedas, estrategias, etc.

Este tipo de activo está orientado a individuos o empresas que desean invertir en un portfolio diversificado en el exterior, de manera sencilla y a bajo costo.

Los ETFs se negocian en el mercado bursátil de la misma forma que una acción. Su cotización puede consultarse online y su operatoria es extremadamente simple, con montos que van desde los u$s 5.000 en adelante, y no se requiere una permanencia mínima.

En el caso particular del oro, desde Rava Sociedad de Bolsa dijeron que el preferido es GLD, cuyo objetivo es reflejar el precio del lingote. Con el GLD se puede invertir en este metal de forma más segura, innovadora y eficiente. Al negociarse en un mercado transparente y regulado, la autenticidad y seguridad de este instrumento es innegable.

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Fuente: Rava Sociedad de Bolsa

El activo subyacente a este ETF consiste en oro físico custodiado en el HSBC Bank of USA. Para determinar su valor se tiene en cuenta el precio del oro de London Fix.

La posición de los bancos centrales

En una reunión anual de esa industria, el economista Martin Murenbeeld afirmó que había un cambio positivo en la postura de los bancos centrales hacia el oro como inversión de una parte clave de sus reservas.

"Los bancos centrales y los países del G-20 se han quejado del dólar y de las políticas monetarias y fiscales de los Estados Unidos, que los lleva a pensar más y más sobre cambiar sus tenencias", afirmó el presidente de la consultora DundeeWealth Economics.

"Ellos no tienen una gran cantidad de opciones para cambiar sus reservas, y el oro está siendo mencionado con más frecuencia como un activo importante", agregó.

Recientemente, China y otras potencias económicas emergentes han mostrado un creciente interés en el metal, en lugar de acumular sus reservas de divisas en activos cotizados en dólares.

Pero no es el único que mantiene esa posición, ya que por ejemplo el muy respetado Richard Russell, que viene acertando en los mercados desde 1958, cree que la Reserva Federal tiene un gran interés en evitar que el precio del oro suba de forma algo más que gradual.

Russell argumentó que “la FED está tratando de luchar contra las fuerzas de la deflación a base de imprimir dinero en unas proporciones que no tienen precedente alguno en la historia”.

El gurú enfatizó que si el oro comenzara a llamar la atención a partir de subas espectaculares de su precio, se estaría poniendo de manifiesto que hay serios problemas económicos y financieros, y que los Gobiernos se encuentran en dificultades para enfrentarlos.

Aben Jaldin, en un artículo publicado en el portal OroyFinanzas, consideró que “el oro, como el termómetro, es un indicio de la salud del paciente. Podría ser que se estuviera solucionando el problema de la enfermedad de la depresión económica a base de un tratamiento que nos llevará a las puertas de la hiperinflación monetaria, y que esto se vería reflejado en la cotización del oro”.

¿Qué se espera para los próximos años?

El precio subiría por encima de los u$s1.110 la onza, en el 2010, debido a que los Bancos Centrales podrían diversificar sus reservas dada la inestabilidad del dólar, dijo Murenbeeld en un foro en Denver. Murenbeeld estima que podría trepar a un promedio de u$s1.116 la onza en el 2010.

Además, Murenbeeld, quien también es profesor adjunto del programa MBA de la Universidad de Victoria, señaló que se está volviendo cada vez más usado en portafolios de inversión por rendimiento y menores riesgos en general.
"Más y más administradores de portafolios están comenzando a pensar en oro y materias primas como un activo de inversión", aseguró.

Los precios pueden evolucionar "fácilmente" por encima de los u$s1.000, debido a temores inflacionistas.
"Es altamente probable que la monetización de la deuda y unas tasas de interés superbajas, en particular en Estados Unidos" terminen por alimentar la inflación, estimó el director general de GFMS, Philip Klapwijk.

Para luchar contra la recesión más profunda en 50 años, los bancos centrales de las economías desarrolladas bajaron sus tasas a niveles históricamente bajos, entre 0 y 0,25% en Estados Unidos, 0,5% en Gran Bretaña. También compraron masivamente bonos del Tesoro para desatascar el sistema crediticio.

En este contexto el oro lleva todas las de ganar, dado que es una inversión que los inversores privilegian en un contexto inflacionario.

Rubén Ramallo
© iProfesional.com

Fuente: InfobaeProfesional

Escrito por donquijote2000

Septiembre 18, 2009 a 9:39 am

¿De crisis financiera a crisis de la deuda?

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TRIBUNA: Primer plano KENNETH ROGOFF

KENNETH ROGOFF 13/09/2009

bola1 Todo el mundo -desde la reina de Inglaterra hasta los trabajadores de la industria automovilística despedidos en Detroit- quiere saber por qué no hubo más expertos que vieran acercarse la crisis financiera. Se trata de una pregunta embarazosa. ¿Cómo pueden estar tan seguras las autoridades de que la catástrofe financiera no reaparecerá pronto cuando, para empezar, parecieron no tener idea de que semejante crisis ocurriría?

La respuesta no es demasiado tranquilizadora. Esencialmente, sigue existiendo un riesgo de que la crisis financiera esté hibernando, mientras se metamorfosea lentamente en una crisis de deuda gubernamental.

Para bien o para mal, la razón por la que la mayoría de los inversores tienen ahora mucha mayor confianza que hace unos meses es la de que los Gobiernos de todo el mundo han colocado una enorme red de seguridad bajo gran parte del sistema financiero. Al mismo tiempo, han apuntalado las economías incurriendo en déficit en gran escala, mientras que los bancos centrales han reducido los tipos de interés casi a cero.

Pero ¿puede ser la liberalidad de los Gobiernos la última respuesta? Los apoyos de los Gobiernos dan resultado porque los contribuyentes tienen bolsillos profundos, pero ningún bolsillo carece de fondo, y cuando los Gobiernos, en particular los grandes, tienen problemas, no hay apoyo al que recurrir. Con unos niveles de deuda en todo el mundo que sólo se ven después de guerras, es evidente que la estrategia actual no es sostenible.

Si la trayectoria es insostenible, ¿por cuánto tiempo puede seguir acumulándose la deuda? No lo sabemos. Los economistas académicos han creado instrumentos útiles para predecir qué economías son las más vulnerables ante una crisis financiera, pero, aunque podemos descubrir las vulnerabilidades, determinar el momento oportuno resulta virtualmente imposible.

Nuestros modelos revelan que en teoría incluso una economía que está excesivamente apalancada puede avanzar laboriosamente durante años, durante muchos decenios incluso, antes de estrellarse y arder. Todo se reduce a una cuestión de confianza y coordinación de las perspectivas, que, a su vez, dependen de los antojos de la naturaleza humana. Así, podemos decir qué países son más vulnerables, pero especificar exactamente dónde y cuándo harán erupción las crisis es prácticamente imposible.

Una buena analogía es la predicción de los ataques al corazón. Una persona obesa, con hipertensión y niveles elevados de colesterol tiene, estadísticamente, muchas más probabilidades de sufrir un ataque al corazón o una apoplejía graves que una persona que carezca de todas esas vulnerabilidades y, sin embargo, personas con gran riesgo pueden pasar a menudo decenios sin problemas. Al mismo tiempo, las personas que parecen tener poco riesgo son también vulnerables a los ataques al corazón.

Naturalmente, la vigilancia minuciosa brinda en potencia información muy útil para prevenir los ataques al corazón. Sin embargo, sólo es útil, en última instancia, si se somete a la persona a un tratamiento y si ésta tal vez emprende un importante cambio en su forma de vida.

Lo mismo es aplicable a los sistemas financieros. Una buena vigilancia brinda información que sólo es útil si hay una respuesta. Lamentablemente, vivimos en un mundo en el que el sistema político y regulador es con frecuencia muy débil y corto de miras.

De hecho, ninguna economía es inmune a las crisis financieras, por mucho que los inversores y los dirigentes intenten convencerse de lo contrario, como Carmen Reinhart y yo mostramos en nuestro nuevo libro, irónicamente titulado This time is different. Eight centuries of financial folly (Esta vez es diferente. Ocho siglos de insensatez financiera). Ahora mismo, la última insensatez sobre lo de que esta vez es diferente es la de que, como los Gobiernos están cargando sobre sus hombros toda esa deuda, los demás no tenemos por qué preocuparnos.

Se nos asegura constantemente que los Gobiernos no dejarán de pagar sus deudas. En realidad, los Gobiernos de todo el mundo dejan de hacerlo con pasmosa regularidad, ya sea abiertamente o mediante la inflación. Incluso Estados Unidos, por ejemplo, redujo en gran medida su deuda mediante la inflación en la década de los setenta y también el valor del dólar en relación con el oro de 20 dólares por onza a 34 en el decenio de 1930.

Por ahora, la buena noticia es la de que mientras el crédito gubernamental se sostenga, se contendrá la crisis. La mala noticia es la de que el ritmo al que se está acumulando la deuda gubernamental podría propiciar fácilmente una segunda oleada de crisis financieras dentro de unos años.

Lo más preocupante es la enorme dependencia de Estados Unidos respecto de los créditos exteriores, en particular de China: desequilibrio que probablemente plantará las semillas de la crisis actual. Los asiáticos reconocen que, si siguen acumulando deuda en papel, corren el riesgo de sufrir la misma suerte que los europeos hace tres decenios cuando acumularon deuda de EE UU, se fundió espectacularmente mediante la inflación.

La pregunta que debemos hacernos hoy no es la de por qué nadie está advirtiendo sobre la próxima crisis, cosa que sí que se está haciendo, sino la de si los dirigentes políticos están prestando atención. El ajuste de los insostenibles niveles de déficit gubernamental es una cuestión decisiva que los dirigentes del G-20 deben plantearse cuando se reúnan en Pittsburg este mes. De lo contrario, la reina Isabel II y los trabajadores de la industria automovilística de Detroit volverán a preguntarse muy pronto por qué nadie la vio acercarse.

Fuente: El País

Escrito por donquijote2000

Septiembre 13, 2009 a 3:05 pm

Un año después

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ANÁLISIS: Primer plano

JEFFREY D. SACHS 13/09/2009

2008022822hell_heaven Ha transcurrido casi un año desde que la economía mundial se tambaleaba al borde de la calamidad. En el transcurso de tres días, desde el 15 hasta el 17 de septiembre de 2008, Lehman Brothers se declaró en bancarrota, la megaaseguradora AIG pasó a estar en manos del Gobierno de EE UU y el simbólico Merril Lynch de Wall Street fue absorbido después de quebrar por el Bank of America gracias a un acuerdo facilitado y financiado por el Gobierno estadounidense. A renglón seguido se desató el pánico y el crédito dejó de circular. Las empresas no financieras eran incapaces de obtener capital para funcionar, y todavía menos fondos para inversiones a largo plazo. Una depresión parecía posible.

Ahora la tormenta ha amainado. Meses de medidas de emergencia tomadas por los principales bancos centrales del mundo evitaron que los mercados financieros se desplomaran. Cuando los bancos dejaron de proveer liquidez a corto plazo a otros bancos y empresas industriales, los bancos centrales llenaron el vacío. Como consecuencia, las principales economías evitaron un desplome del crédito y de la producción. La sensación de pánico se ha aplacado. Los bancos han vuelto a prestarse dinero unos a otros.

Aunque se ha evitado lo peor, la situación sigue siendo dolorosa. La crisis culminó en el hundimiento de los precios de los activos a finales de 2008. Las familias de clase media y acaudaladas de todo el mundo se sentían más pobres y por consiguiente redujeron drásticamente el gasto. Los precios del petróleo y los alimentos se pusieron por las nubes y contribuyeron a causar más dolor y, por tanto, a la recesión. Las empresas eran incapaces de vender su producción, lo cual provocó recortes y despidos. El aumento del desempleo agravó la pérdida de riqueza de los hogares, lo cual puso a las familias en grave peligro económico e indujo recortes adicionales en el gasto de los consumidores.

El gran problema ahora es que el paro sigue aumentando en EE UU y en Europa, porque el crecimiento es demasiado lento para crear suficientes puestos de trabajo. La deslocalización sigue sintiéndose en todo el mundo.

Se ha desatado un acalorado debate en torno al denominado "gasto en medidas de estímulo" en EE UU, Europa y China. Dicho gasto pretende compensar el declive en el consumo de las familias y en las inversiones de las empresas con desembolsos más elevados del Gobierno o con incentivos fiscales. En EE UU, por ejemplo, aproximadamente un tercio del plan de estímulo de 800.000 millones de dólares se compone de rebajas fiscales (para incentivar el gasto del consumidor); otro tercio consiste en desembolsos públicos para carreteras, colegios, energía y otras infraestructuras, y el último tercio adopta la forma de transferencias federales a gobiernos estatales y locales para sanidad, seguros de desempleo, salarios para los colegios y otras cosas por el estilo.

Las medidas para estimular la economía despiertan controversia porque aumentan los déficits presupuestarios y, por consiguiente, implican la necesidad de recortar el gasto o subir los impuestos en un futuro próximo. La pregunta es si conseguirán que la producción y el empleo se recuperen a corto plazo y, de ser así, si harán lo bastante para compensar los inevitables problemas presupuestarios que se avecinan.

La verdadera efectividad de estos paquetes de medidas no está clara. Supongamos que el Gobierno concede una rebaja fiscal para aumentar el dinero que los consumidores se llevan a casa. Si los consumidores esperan que sus impuestos suban en el futuro, es posible que decidan ahorrar esa rebaja fiscal en lugar de aumentar el consumo. En ese caso, el estímulo tendrá poco impacto positivo en el gasto de las familias y empeorará el déficit presupuestario.

Una primera valoración de las medidas de estímulo da a entender que el programa de China ha funcionado bien. La drástica caída de las exportaciones chinas a EE UU se ha visto compensada por un aumento acusado del gasto del Gobierno chino en infraestructuras: por ejemplo, en la construcción del metro en las ciudades más grandes de China.

En EE UU, el veredicto no está tan claro. Es probable que la rebaja fiscal se haya ahorrado en lugar de gastado. El componente de las infraestructuras todavía no se ha invertido debido a los prolongados retrasos a la hora de transformar el plan de estímulo estadounidense en verdaderos proyectos de construcción. La tercera parte -las transferencias a los gobiernos estatales y locales- ha conseguido casi con toda seguridad que se mantenga el gasto en escuelas, sanidad y los parados.

En resumen, las medidas de estímulo en EE UU probablemente hayan tenido un efecto positivo aunque pequeño sobre el gasto, pero no decisivo para la economía. Es más, la preocupación por el enorme déficit presupuestario, que ahora ronda los 1,8 billones de dólares al año (el 12% del PIB), seguramente aumentará, lo cual no sólo creará una enorme incertidumbre en la política y los mercados financieros, sino que también disminuirá la confianza de los consumidores a medida que las familias centren su atención en los posibles recortes presupuestarios y subidas de impuestos en el futuro. EE UU ha alcanzado los límites prácticos de la dependencia del gasto en estímulos a corto plazo, y tendrá que empezar a recortar el déficit presupuestario y a fomentar vías alternativas hacia el crecimiento.

Cuando la crisis empeoró hace un año, Barack Obama introdujo en la campaña presidencial el tema de la "recuperación verde", basada en un repunte de la inversión en energías renovables, nuevos vehículos eléctricos, edificios verdes eficientes y una agricultura razonable desde un punto de vista ecológico. Al desatarse la batalla contra el pánico financiero, la atención política se alejó de esa recuperación verde. Ahora EE UU necesita volver a esta importante idea.

Los consumidores agobiados por las deudas en EE UU y en Europa reducirán el gasto en los próximos años para recuperar su riqueza y sus pensiones. Pero la consiguiente falta de actividad económica nos brinda la oportunidad -y necesidad- histórica de compensar el bajo gasto del consumidor con un aumento del gasto en inversión en tecnologías sostenibles.

La política gubernamental en EE UU y otros países ricos debería estimular esas inversiones mediante incentivos especiales. Éstos incluyen un sistema de límites e intercambio de los derechos de emisión de gases de efecto invernadero, subvenciones para la investigación y desarrollo de tecnologías sostenibles, tarifas especiales e incentivos reguladores para las energías renovables, subvenciones para los consumidores y otros incentivos para la utilización de nuevas tecnologías verdes y la puesta en práctica de programas de infraestructuras verdes, como el transporte de masas.

El mundo rico también debería ofrecer a los países más pobres becas y préstamos a bajo interés para comprar tecnologías para energías sostenibles, como la solar y la geotérmica. El hacerlo contribuiría a la recuperación mundial, mejoraría la sostenibilidad medioambiental a largo plazo y aceleraría el desarrollo económico.

Esta crisis puede constituir una oportunidad para apartarnos del camino de las burbujas financieras y el consumo excesivo y seguir la vía del desarrollo sostenible. De hecho, el aprovechar esta oportunidad es la única receta que nos queda para un crecimiento verdadero.

Fuente: El País

Escrito por donquijote2000

Septiembre 13, 2009 a 3:04 pm

¿Cómo pudieron equivocarse tanto los economistas?

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TRIBUNA: Primer plano PAUL KRUGMAN

 

PAUL KRUGMAN 13/09/2009

tanque-vacio_es I. CONFUNDIENDO LA BELLEZA CON LA VERDAD

Es difícil creerlo ahora, pero no hace tanto tiempo los economistas se felicitaban mutuamente por el éxito de su especialidad. Estos éxitos -o al menos así lo creían ellos- eran tanto teóricos como prácticos y conducían a la profesión a su edad dorada.

En el aspecto teórico, creían que habían resuelto sus disputas internas. Así, en un trabajo titulado The State of Macro (es decir, de la macroeconomía, el estudio de cuestiones panorámicas como lo son las recesiones), Olivier Blanchard, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), actualmente economista jefe del Fondo Monetario Internacional, declaraba que había habido "una amplia convergencia de puntos de vista".

Y en el mundo real, los economistas creían que tenían las cosas bajo control: "El problema central de la prevención de la depresión está resuelto", declaraba Robert Lucas, de la Universidad de Chicago, en su discurso inaugural como presidente de la American Economic Association en 2003. En 2004, Ben Bernanke, un antiguo profesor en Princeton que ahora preside la Reserva Federal, celebraba la Gran Moderación del comportamiento económico comparado con las dos décadas precedentes, y que atribuía en parte al mejorado desempeño de la política económica.

El año pasado, todo esto se vino abajo.

En el despertar de la crisis, las líneas de falla de la profesión de economista han bostezado con más amplitud que nunca. Lucas dice que los planes de estímulo de la Administración de Obama son "economía de baratija" y su colega de Chicago John Cochrane dice que están basados en desacreditados "cuentos de hadas". Como respuesta, Brad DeLong, de la Universidad de California en Berkeley, escribe sobre el "derrumbe intelectual" de la Escuela de Chicago, y yo mismo he escrito que estos comentarios de los economistas de Chicago son el producto de una Edad Oscura de la macroeconomía, donde el conocimiento tan arduamente conseguido ha quedado olvidado.

¿Qué le ha sucedido a la profesión de economista? ¿Y adónde va a partir de ahora?

II. DE SMITH A KEYNES Y VUELTA ATRÁS

El nacimiento de la economía como disciplina se atribuye habitualmente a Adam Smith, quien publicó La Riqueza de las Naciones en 1776. Durante los siguientes 160 años se desarrolló un extenso cuerpo de economía teórica, cuyo mensaje central era: confía en el mercado. Ésta era la presunción básica de la economía neoclásica (llamada así al haber sido elaborada por los teóricos de finales del siglo XIX sobre conceptos de sus predecesores clásicos).

Esta fe, sin embargo, quedó hecha pedazos por la Gran Depresión. Con el tiempo, la mayoría de los economistas sustentó las consideraciones de John Maynard Keynes tanto acerca de la explicación de lo que había pasado como de la solución de futuras depresiones.

A pesar de lo que usted haya podido oír, Keynes no quería que el gobierno dirigiera la economía. En su obra capital, Teoría general del empleo, el interés y el dinero, escrita en 1936, él mismo describió su análisis como "moderadamente conservador en sus repercusiones". Quería organizar el capitalismo, no reemplazarlo. Pero cuestionó la noción de que las economías de libre mercado puedan funcionar sin un vigilante. Y apeló a la activa intervención del gobierno -imprimiendo más moneda y, si fuera necesario, con un fuerte gasto en obras públicas- para combatir el desempleo durante las depresiones.

La historia de la economía a lo largo del último medio siglo es, en gran medida, la historia de una retirada del keynesianismo y de un retorno al neoclasicismo. El renacer neoclásico fue guiado inicialmente por Milton Friedman, de la Universidad de Chicago, quien afirmó ya en 1953 que la economía neoclásica sirve adecuadamente como descripción del modo en que la economía funciona realmente, al ser "extremadamente fructífera y merecedora de plena confianza". Pero ¿qué hay de las depresiones?

El contraataque de Friedman contra Keynes comenzó con la doctrina conocida como monetarismo. Los monetaristas, en principio, no discrepaban de la idea de que una economía de mercado necesite una deliberada estabilización. Los monetaristas afirmaban, sin embargo, que una intervención gubernamental muy limitada y restringida -a saber, instruir a los bancos centrales a mantener el flujo del dinero, la suma del efectivo circulante y los depósitos bancarios creciendo a ritmo estable- es todo lo que se requería para prevenir depresiones.

Friedman empleó un argumento convincente contra cualquier esfuerzo deliberado del gobierno por reducir el desempleo por debajo de su nivel natural(actualmente calculado en torno al 4,8% en Estados Unidos): las políticas excesivamente expansionistas, predijo, llevarían a una combinación de inflación y alto desempleo; una predicción que fue confirmada por la estanflación de los años setenta, la cual impulsó en gran medida la credibilidad del movimiento antikeynesiano. A la postre, sin embargo, la posición de Friedman vino a resultar relativamente moderada comparada con la de sus sucesores.

Por su parte, ciertos macroeconomistas consideraban que las recesiones eran algo bueno que formaba parte del ajuste al cambio de una economía. E incluso quienes no eran partidarios de llegar tan lejos argüían que cualquier intento de enfrentarse a una depresión económica provocaría más mal que bien.

Muchos macroeconomistas llegaron a autoproclamarse como neokeynesianos, ya que seguían creyendo en el papel activo del gobierno. Aun así, la mayoría aceptaba la noción de que inversores y consumidores son racionales y que los mercados por lo general lo hacen bien.

Por supuesto que unos pocos economistas no aceptaban la asunción del comportamiento racional, cuestionaban la creencia de que los mercados financieros merecen confianza y hacían ver la larga historia de crisis financieras que tuvieron devastadoras consecuencias económicas. Pero eran incapaces de hacer muchos progresos frente a una complacencia que, vista retrospectivamente, era tan omnipresente como insensata.

III. FINANZAS DE CASINO

En los años treinta, los mercados financieros, por razones obvias, no suscitaron mucho respeto. Keynes consideró que era una mala idea la de dejar a semejantes mercados, en los que los especuladores pasaban su tiempo tratando de pisarse la cola el uno al otro, que dictaran decisiones importantes de negocios: "Cuando el desarrollo del capital de un país se convierte en un subproducto de las actividades de un casino, es muy probable que el trabajo resulte mal hecho".

Hacia 1970 más o menos, sin embargo, la discusión sobre la irracionalidad del inversor, sobre las burbujas, sobre la especulación destructiva, había desaparecido virtualmente del discurso académico. El terreno estaba dominado por la hipótesis del mercado eficiente, promulgada por Eugene Fama, de la Universidad de Chicago, la cual sostiene que los mercados financieros valoran los activos en su preciso valor intrínseco si se da toda la información públicamente disponible.

Y por los años ochenta, hubo economistas financieros, en particular Michael Jensen, de la Harvard Business School, que defendían que, dado que los mercados financieros siempre aciertan con los precios, lo mejor que pueden hacer los jefes de las empresas, no sólo en su provecho sino en beneficio de la economía, es maximizar los precios de sus acciones. En otras palabras, los economistas financieros creían que debemos poner el desarrollo del capital de la nación en manos de lo que Keynes había llamado un "casino".

El modelo teórico desplegado por los economistas financieros al asumir que cada inversor equilibra racionalmente riesgo y recompensa -el llamado CapitalAsset Pricing Model, o CAPM (pronúnciese cap-em)- es maravillosamente elegante. Y si uno acepta sus premisas también es algo sumamente útil. Este CAPM no sólo te dice cómo debes elegir tu cartera de inversiones, sino, lo que es incluso más importante desde el punto de vista de la industria financiera, te dice cómo poner precio a los derivados financieros. La elegancia y aparente utilidad de la nueva teoría produjo una sucesión de premios Nobel para sus creadores, y muchos profesores de escuelas de negocios se convirtieron en ingenieros espaciales de Wall Street, ganando salarios de Wall Street.

Para ser justos, los teóricos de las finanzas produjeron gran cantidad de pruebas estadísticas, lo que en un principio pareció de gran ayuda. Pero esta documentación era de un formato extrañamente limitado. Los economistas financieros rara vez hacían la pregunta aparentemente obvia (aunque no de fácil contestación) de si los precios de los activos tenían sentido habida cuenta de fundamentos del mundo real, tales como los ingresos. En lugar de ello, sólo preguntaban si los precios de los activos tenían sentido habida cuenta de los precios de otros activos.

Pero los teóricos de las finanzas continuaron creyendo que sus modelos eran esencialmente correctos, y así lo hizo también mucha gente que tomaba decisiones en el mundo real. No fue el menos importante de ellos Alan Greenspan, quien era entonces el presidente de la Reserva Federal y que durante mucho tiempo respaldó la desregulación fiscal, cuyo rechazo a los avisos de poner freno a los créditos subprime o de enfrentarse a la creciente burbuja inmobiliaria descansaban en buena parte en la creencia de que la economía financiera moderna lo tenía todo bajo control.

En octubre del pasado año, sin embargo, Greenspan admitió encontrarse en un estado de "conmocionada incredulidad", debido a que "todo el edificio intelectual" se había "derrumbado".

IV. NADIE PODÍA HABERLO PREDICHO…

En los recientes y atribulados debates sobre economía se ha generalizado una frase clave: "Nadie podía haberlo predicho…". Es lo que uno dice con relación a desastres que podían haber sido predichos, debieran haber sido predichos y que realmente fueron predichos por unos pocos economistas que fueron tomados a broma por tomarse tal molestia.

Tomemos, por ejemplo, el precipitado auge y caída de los precios de la vivienda. Algunos economistas, en particular Robert Shiller, identificaron la burbuja y avisaron de sus dolorosas consecuencias si llegaba a reventar. Pero, aún en 2004, Alan Greenspan descartó hablar de burbuja inmobiliaria: "Una grave distorsión nacional de precios", declaró, era "muy improbable". El incremento en el precio de la vivienda, dijo Ben Bernanke en 2005, "en gran medida es el reflejo de unos fuertes fundamentos económicos".

¿Cómo no se dieron cuenta de la burbuja? Para ser justo, los tipos de interés eran inusualmente bajos, lo que posiblemente explica parte del alza de precios. Puede ser que Greenspan y Bernanke también quisieran celebrar el éxito de la Reserva Federal en sacar a la economía de la recesión de 2001; conceder que buena parte de tal éxito se basara en la creación de una monstruosa burbuja debiera haber puesto algo de sordina a esos festejos.

Pero había algo que estaba sucediendo: una creencia general de que las burbujas sencillamente no tienen lugar. Lo que llama la atención, cuando uno vuelve a leer las garantías de Greenspan, es que no estaban basadas en la evidencia, sino que estaban basadas en el aserto apriorístico de que simplemente no puede haber una burbuja en el sector inmobiliario.

Y los teóricos de las finanzas eran todavía más inflexibles en este punto. En una entrevista realizada en 2007, Eugene Fama, padre de la hipótesis del mercado eficiente, declaró que "la palabra burbuja me saca de quicio" y continuó explicando por qué podemos fiarnos del mercado inmobiliario: "Los mercados inmobiliarios son menos líquidos, pero la gente es muy cuidadosa cuando compra casas. Se trata normalmente de la mayor inversión que van a hacer, de manera que estudian el asunto con cuidado y comparan precios".

De hecho, los compradores de casas comparan concienzudamente el precio de su compra potencial con los precios de otras casas. Pero eso no dice nada sobre si el precio en general de las casas está justificado.

En pocas palabras, la fe en los mercados financieros eficientes cegó a muchos, si no a la mayoría, de los economistas ante la aparición de la mayor burbuja financiera de la historia. Y la teoría del mercado eficiente también desempeñó un significante papel en inflar esa burbuja hasta ese primer puesto.

Ahora que ha quedado al descubierto la verdadera peligrosidad de los activos supuestamente seguros, las familias de Estados Unidos han visto evaporarse su dinero por valor de 13 billones de dólares. Se han perdido más de 6 millones de puestos de trabajo y el índice de desempleo alcanza su más alto nivel desde 1940. Así que ¿qué orientación tiene que ofrecer la economía moderna ante el presente aprieto? ¿Y deberíamos fiarnos de ella?

V. LA PELEA POR EL ESTÍMULO

Durante una recesión normal, la Reserva Federal responde comprando Letras del Tesoro -deuda pública a corto plazo- de los bancos. Esto hace bajar los tipos de interés de la deuda pública; los inversores, al buscar un tipo de rendimiento más alto, se mueven hacia otros activos, haciendo que bajen también otros tipos de interés; y normalmente esos bajos tipos de interés finalmente conducen a la recuperación económica. La Reserva Federal abordó la recesión que comenzó en 1990 bajando los tipos de interés a corto plazo del 9% al 3%. Abordó la recesión que comenzó en 2001 bajando los tipos de interés del 6,5% al 1%. E intentó abordar la actual recesión bajando los tipos de interés del 5,25% al 0%.

Pero resultó que el cero no es lo suficientemente bajo como para acabar con esta recesión. Y la Reserva Federal no puede poner los tipos a menos de cero, ya que con tipos próximos al cero los inversores sencillamente prefieren acaparar efectivo en lugar de prestarlo. De tal modo que a finales de 2008, con los tipos de interés básicamente en lo que los macroeconomistas llaman zero lower bound, o límite inferior cero, como quiera que la recesión continuaba ahondándose, la política monetaria convencional había perdido toda su fuerza de tracción.

¿Y ahora qué? Ésta es la segunda vez que Estados Unidos se ha tenido que enfrentar al límite inferior cero, habiendo sido la Gran Depresión la ocasión precedente. Y fue precisamente la observación de que hay un límite inferior a los tipos de interés lo que llevó a Keynes a abogar por un mayor gasto público: cuando la política monetaria es infructuosa y el sector privado no puede ser persuadido para que gaste más, el sector público tiene que ocupar su lugar en el sostenimiento de la economía. El estímulo fiscal es la respuesta keynesiana al tipo de situación económica depresiva en la que estamos inmersos.

Tal pensamiento keynesiano subyace en las políticas económicas de la Administración de Obama. John Cochrane, de la Universidad de Chicago, indignado ante la idea de que el gasto gubernamental pudiera mitigar la última recesión, declaró: "Eso no forma parte de lo que todos hemos enseñado a los estudiantes graduados desde los años sesenta. Ésas (las ideas keynesianas) son cuentos de hadas que han demostrado ser falsas. Es muy reconfortante en los momentos de tensión volver a los cuentos de hadas que escuchamos de niños, pero eso no los hace menos falsos".

Pero como ha señalado Brad DeLong, la actual postura académica viene también siendo de generalizado rechazo a las ideas de Milton Friedman. Friedman creía que la política de la Reserva Federal, más que para cambios en el gasto público, debía ser utilizada para estabilizar la economía, pero nunca afirmó que un aumento del gasto público no puede, en cualesquiera circunstancias, aumentar el empleo. De hecho, al volver a leer el sumario de las ideas de Friedman de 1970, Un marco teórico del análisis monetario, lo que llama la atención es lo keynesiano que parece.

Y ciertamente Friedman nunca se creyó la idea de que el paro masivo represente una voluntaria reducción del esfuerzo de trabajo o la idea de que las recesiones en realidad sean buenas para la economía. Sin embargo, Casey Mulligan, también de Chicago, sugiere que el desempleo es tan elevado porque muchos trabajadores están optando por no aceptar trabajos.

Ha sugerido, en particular, que los trabajadores están prefiriendo seguir desempleados porque ello mejora sus probabilidades de recibir ayudas a sus deudas hipotecarias. Y Cochrane declara que el alto desempleo en realidad es bueno: "Debiéramos tener una recesión. La gente que pasa su vida machacando clavos en Nevada necesita algo distinto que hacer".

Personalmente, pienso que eso es una locura. ¿Por qué debería el desempleo masivo en todo el país hacer que los carpinteros se fueran de Nevada? ¿Puede alguien alegar seriamente que hemos perdido 6,7 millones de puestos de trabajo porque hay pocos estadounidenses que quieran trabajar? Claro que si empiezas por asumir que la gente es perfectamente racional y los mercados perfectamente eficientes, tienes que llegar a la conclusión de que el desempleo es voluntario y la recesión es deseable.

VI. DEFECTOS Y FRICCIONES

La economía, como disciplina, se ha visto en dificultades debido a que los economistas fueron seducidos por la visión de un sistema de mercado perfecto y sin fricciones. Si la profesión ha de redimirse a sí misma tendrá que reconciliarse con una visión menos seductora, la de una economía de mercado que tiene unas cuantas virtudes pero que está también saturada de defectos y de fricciones.

Existe ya un modelo bastante bien desarrollado del tipo de economía que tengo en mente: la escuela de pensamiento conocida como finanzas conductuales. Quienes practican este planteamiento ponen el énfasis en dos cosas. Primero, en el mundo real hay muchos inversores que tienen un escaso parecido con los fríos calculadores de la teoría del mercado eficiente: casi todos están demasiado sometidos al comportamiento de la manada, a ataques de entusiasmo irracional y de pánicos injustificados. Segundo, incluso aquellos que tratan de basar sus decisiones en el frío cálculo se encuentran con que a menudo no pueden, que los problemas de confianza, de credibilidad y de garantías limitadas les fuerzan a ir con la manada.

Entretanto ¿qué ocurre con la macroeconomía? Los acontecimientos recientes han refutado de manera decisiva la idea de que las recesiones son una óptima respuesta a las fluctuaciones en los índices del progreso tecnológico; un punto de vista más o menos keynesiano es la única alternativa plausible. Pero los modelos del neokeynesianismo estándar no dejan espacio para una crisis como la que estamos padeciendo, ya que esos modelos generalmente aceptaron el punto de vista del sector financiero sobre el mercado eficiente.

Una línea de trabajo, encabezada por nada menos que Ben Bernanke en colaboración con Marc Gertler, de la Universidad de Nueva York, ha puesto el acento en el modo en el que la carencia de garantías suficientes puede dificultar la capacidad de los negocios para recabar fondos y forjar oportunidades de inversión. Una línea de trabajo similar, en gran parte establecida por mi colega de Princeton Nobuhiro Kiyotaki y por John Moore, de la London School of Economics, sostenía que los precios de activos tales como las propiedades inmobiliarias pueden sufrir desplomes de los que salen fortalecidos pero que, a cambio, deprimen a la economía en su conjunto. Pero hasta ahora el impacto de las finanzas disfuncionales no ha llegado ni siquiera al núcleo de la economía keynesiana. Claramente, eso tiene que cambiar.

VII. RECUPERANDO A KEYNES

Así que esto es lo que pienso que tienen que hacer los economistas. Primero, tienen que enfrentarse a la incómoda realidad de que los mercados financieros distan mucho de la perfección, de que están sometidos a falsas ilusiones extraordinarias y a las locuras de mucha gente. Segundo, tienen que admitir que la economía keynesiana sigue siendo el mejor armazón que tenemos para dar sentido a las recesiones y las depresiones. Tercero, tienen que hacer todo lo posible para incorporar las realidades de las finanzas a la macroeconomía.

Al replantearse sus propios fundamentos, la imagen que emerge ante la profesión puede que no sea tan clara; seguramente no será nítida, pero podemos esperar que tenga al menos la virtud de ser parcialmente acertada.

Fuente: El País

Escrito por donquijote2000

Septiembre 13, 2009 a 2:50 pm

El ‘error Lehman’

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REPORTAJE: Primer plano

 
  El mundo aún sufre las consecuencias de la caída del gigante de Wall Street

CLAUDI PÉREZ 13/09/2009

2008080367abogadodentroMediados de septiembre de 2008. Nueva York está casi otoñal. Es el momento idóneo para darse un garbeo por Central Park, pero en esa ciudad que vendió su alma a los especuladores la acción suele suceder unas calles más abajo: esta vez, en una lujosa oficina del piso 31 de la sede del poderoso banco de inversión Lehman Brothers, en el número 745 de la Séptima Avenida. Su presidente ejecutivo, Richard Fuld, está pensando lo impensable. Pide a un experto en quiebras que prepare los papeles necesarios por si el banco se hunde. "La Administración no te va a dejar caer", replica el incrédulo abogado. "Sería como si el Gobierno mismo quebrara. Como si Roma vendiera el Vaticano a los japoneses para convertirlo en un hotel y contratara al Papa como botones", bromea. Apenas unas horas después, sucede lo inimaginable: Lehman cae. Y cientos de empleados del banco empiezan a vaciar el edificio.

No había en el mundo banqueros más arrogantes y despiadados que los de Lehman Brothers. Por eso, la potencia visual de esas imágenes, la cola de jóvenes ejecutivos cabizbajos llevándose sus pertenencias en cajas de cartón, puede ser el equivalente en esta crisis a las fotos en blanco y negro de la Gran Depresión del siglo pasado.

Los jugosos diálogos entre Fuld y su abogado despuntan en los primeros planos de Los últimos días de Lehman Brothers, un drama producido por la BBC que se ha emitido esta semana en la cadena pública británica. Pero el auténtico drama empieza el 15 de septiembre de 2008. La crisis financiera deviene tras ese día en la mayor recesión desde la Segunda Guerra Mundial. Se esfuman los ahorros de los miles de incautos que confiaron en las promesas de un mundo en el que la innovación financiera y la autorregulación de los mercados acabarían con las crisis, que son algo tan viejo como el capitalismo. A partir de esa sorprendente bancarrota, millones de personas empiezan a perder su empleo por todo el planeta en una película con un metraje interminable: un año después, apenas se vislumbra el final de la historia.

Las crisis no suceden de repente. El Muro de Berlín no cayó de un día para otro. Tampoco Lehman, cuya quiebra es precisamente algo así como la caída del muro para una determinada forma de entender el capitalismo. Todo lo que hay detrás de ese 15 de septiembre es la prehistoria. Es verdad que apenas tres años antes no sucedía nada fuera de lo común -al menos, en apariencia-, excepto la incapacidad de un grupo de familias norteamericanas para pagar sus créditos inmobiliarios. Sin embargo, a lo largo de 2007, las hipotecas basura, concedidas a gente con un mal historial crediticio que dejó de pagar cuando pinchó la burbuja inmobiliaria en EE UU, empiezan a llevarse por delante al sistema financiero. El sector lleva años engordando demasiado, con unos niveles de riesgo y de endeudamiento insostenibles. Pese a los intentos de los bancos centrales por actuar como cortafuegos, la globalización extiende el virus con rapidez. "Salió a la superficie un sistema bancario en la sombra, creado por los propios bancos para saltarse las normas, que arrasaba todo lo que tocaba", describe Jordi Galí, catedrático de la Universidad Pompeu Fabra.

Las innovaciones financieras que la banca vendía como la panacea han resultado ser armas de destrucción masiva. "Los ejecutivos hicieron apuestas enormemente arriesgadas, operaron en el límite y más allá del límite de las reglas, e incluso ahora siguen poco dispuestos a reconocerlo, pero consiguieron lo nunca visto: que ni los propios banqueros confiaran en la banca", asegura Charles Wyplosz, catedrático de Economía Internacional del Graduate Institute de Ginebra. En efecto, ya antes de caer Lehman nadie se fía de nadie: ni siquiera los bancos de sí mismos. La confianza empieza a esfumarse y en la primavera de 2008 se hunde Bear Stearns. En verano, las gigantescas hipotecarias Freddie Mac y Fannie Mae. Pero en el último momento siempre sale al rescate el Estado: la Administración de George W. Bush encuentra un comprador para Bear Stearns a cambio de cubrir las pérdidas. Y el presidente, apóstol del mercado libre, se ve obligado a nacionalizar Freddie y Fannie.

Tras un fusible, siempre salta otro, y en septiembre del año pasado Lehman tiene todos los números para ser la próxima víctima. Es el siguiente de la lista. Y basta con que los mercados crean que algo va a suceder para que suceda: los economistas llaman a eso la paradoja de la profecía autocumplida. Un ex alto ejecutivo de Lehman que prefiere guardar el anonimato relata esos momentos de incertidumbre: "La operativa de banca de inversión pura y dura era impecable: Lehman era la crème de la crème. Pero a finales de 2007 Fuld comete un error de bulto: piensa que la crisis no va a ir a más y empieza a endeudarse con ayuda de los productos estructurados en el maltrecho sector inmobiliario americano, cuya burbuja no ha hecho más que empezar a deshincharse. Ése será el principio del fin". Aun así, ni Fuld ni nadie en Wall Street piensa que Washington vaya a permitir una quiebra de ese calibre. Segundo y definitivo error: el guión dará entonces un giro inesperado.

Durante el fin de semana del viernes 12 al domingo 14 de septiembre, cuenta el economista francés Jacques Attali en su último libro, los grandes banqueros de Wall Street discuten con el secretario del Tesoro, Hank Paulson, y el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, un plan para confinar los activos tóxicos de Lehman creando un banco malo, para ubicar el resto en un buen banco que comprarán Barclays y

Bank of America. Todos están convencidos de que Paulson y Bernanke se harán cargo de las pérdidas, como han hecho en casos parecidos hasta ese momento. Pero eso no ocurre y la Administración de Bush rechaza cualquier tipo de intervención. Decide dar una lección, castigar a los malos y lanzar un aviso: el Estado no va a salir siempre al rescate.

Para muchos expertos se trata del mayor error de política económica en más de medio siglo. Para algunos -cada vez más-, quizá no es para tanto.

Durante la presente crisis hay una constante, y es que aun cuando las autoridades creen estar preparándose para el peor escenario, la realidad lo supera. Eso es exactamente lo que acaba sucediendo con Lehman: la quiebra desata el pánico en los mercados de financiación a corto plazo. Los bancos, que no sabían exactamente lo que Lehman les debía y no les devolvería, dejan de prestar (y de prestarse) dinero. Dejan de aceptar incluso papel comercial de las empresas y el huracán financiero se convierte en una fenomenal recesión, con los empresarios ahogados por la falta de liquidez. Las cosas se les van de las manos y Paulson y Bernanke se ven obligados a salir al rescate de la gigantesca aseguradora AIG sólo unas horas después de permitir la quiebra de Lehman. La tormenta no cesa y el sistema entero se sitúa a un paso del abismo.

Pero entonces Paulson y Bernanke consiguen meter el suficiente miedo en el cuerpo a los políticos como para que el Congreso apruebe contrarreloj un plan de medio billón de euros que permite salvar a Goldman Sachs y Morgan Stanley, la aristocracia de la banca de inversión. "Es el final de EE UU como superpotencia", afirma el ministro de Finanzas alemán, Peer Steinbrück. Sólo unas horas después tiene que tragarse esas palabras: también Alemania, Reino Unido y el resto de gobiernos se ven obligados a lanzar salvavidas a un sector financiero en ruinas, y poco más tarde empiezan los multimillonarios planes de estímulo que evitan una segunda Gran Depresión.

"Es increíble que sólo seis meses después de la quiebra de Bear Stearns la Administración no tuviera un plan de contingencia y no alcanzara a ver que dejar caer Lehman Brothers provocaría una debacle que dejó una factura multimillonaria y todo el sistema al borde del colapso", critica Luigi Zingales, de la Universidad de Chicago. "Esa falta de previsión es un desastre. Peor aún fueron los bandazos posteriores: con la nacionalización de AIG nadie entendía nada, a quién se salvaba y a quién no. Eso creó una incertidumbre fenomenal: lo peor que puede pasar en tiempos de zozobra es que las autoridades pierdan credibilidad", añade.

Pero Zingales cree que el error Lehman tiene otras aristas. El pánico que provocó permitió aprobar ambiciosos planes anticrisis en todo el mundo sin que los defensores del libre mercado apenas chistaran: la patronal española llegó a pedir un paréntesis en la economía de mercado. Y ayudó a poner en marcha notables cambios regulatorios con una idea fuerza: "El mercado no puede funcionar correctamente sin la mano visible del Estado, sin unas reglas del juego claras. De otra manera, los capitalistas serían capaces de cargarse el capitalismo", afirma Zingales, miembro del comité que examina los cambios normativos en EE UU.

"Si no hubiera caído Lehman, hubiera sido cualquier otra entidad", defiende Zingales. "La lección que debemos aprender de esta crisis es que el Estado no puede garantizar todas las instituciones. No hay razones para defender a ultranza la política del demasiado grande para caer si a cambio no hay una regulación férrea para ese tipo de entidades que pueden borrar el sistema de la faz de la tierra".

Varias fuentes consultadas comparten esa visión: dejar caer Lehman fue un error tremendo, nadie calculó las consecuencias de la espiral que desató. Pero a la vez fue el catalizador que hizo sonar todas las alarmas, que aceleró la aprobación de los paquetes de estímulo. Que evitó una debacle aún peor, en definitiva. Y que ha abierto debates que se disparan en todas las direcciones: el sector financiero no volverá a ser el mismo; el capitalismo y la correlación de ideologías que lo conforman, tampoco.

La crisis llegó y se agravó debido a una regulación poco estricta que permitió que algunas firmas llegaran a ser tan grandes o tan interconectadas que el sistema no era capaz de permitir su caída. Y eso daba manos libres a sus gestores para tomar todo tipo de riesgos a sabiendas de que el Estado difícilmente permitiría una quiebra. Sólo EE UU atravesó esa línea roja con Lehman, con consecuencias devastadoras, y eso pone todas las miradas en el peligro que supone ese gigantismo bancario. "Esas instituciones no sólo son demasiado grandes para fracasar, sino demasiado grandes para ser administradas", ha sentenciado el Nobel Joseph Stiglitz.

Desde Bruselas, Daniel Gros, director del Centro de Estudios de Política Europea, comparte a grandes rasgos ese punto de vista. "Primera lección de la caída de Lehman: claramente, nunca más. ¿Pero nunca más qué? Me temo que supervisores y bancos centrales ahora piensan ‘nunca más una bancarrota de un gran banco’. Y eso es lo contrario de lo que necesitamos si no se acompaña de un empujón en la regulación".

Lejos de ser un error, el consenso empieza a virar entre los economistas hacia el hecho de que dejar caer a Lehman acabó siendo, inesperadamente, algo positivo. Es evidente que Bernanke y Paulson -el primero lo ha reconocido abiertamente- no planearon esa vía, cuyos costes han sido colosales. Pero las consecuencias de ese nefasto fin de semana no sólo aceleraron una crisis financiera que de todas formas era inevitable, sino que también permitieron una rápida respuesta global coordinada que evitó la Gran Depresión, un agujero negro en las finanzas y quién sabe si una crisis social de enorme calado.

"La crisis de Lehman tiene algo de darwinismo -la destrucción creativa necesaria para que el sistema mejore, o al menos no muera- y de metáfora de los graves abusos de la última década. Es un símbolo de la temeridad de los banqueros. Y también un gran caso de castigo de los culpables: la gente que ha conducido a ciegas un autobús escolar y ha tenido un accidente nunca debería volver a ponerse delante de un autobús, y es posible que eso suceda con muchos de los involucrados en este caso", asegura el economista belga Paul De Grauwe.

De Grauwe reparte también estopa entre las autoridades económicas estadounidenses: "No tenían que haber dejado que eso sucediera, porque los costes han sido brutales. Si querían un castigo ejemplar, deberían saber que es perfectamente posible rescatar un banco y asegurarse de que esa actuación no genera riesgo moral [un efecto perverso sobre otros bancos, que empiezan a creer que pueden arriesgarse y cometer excesos porque en última instancia el Estado los salvará]. Basta con enviar a los ejecutivos a la cárcel, o con imponer sanciones muy duras, o con enviar a los accionistas a casa con las manos vacías por haber permitido eso para que el riesgo moral desaparezca".

No sólo la BBC ha intentado indagar en los días previos a la bancarrota de Lehman. Michael Moore acaba de estrenar en Venecia el documental Capitalismo: una historia de amor. En EE UU se han editado ya varios libros y entrevistas con los protagonistas de la trama. Hay un poco de todo: justificaciones, teorías conspirativas -Lehman es uno de los grandes bancos de inversión judíos; Paulson procedía de Goldman Sachs, un banco rival que sí recibió ayuda- e incluso algún que otro mea culpa con la boca pequeña. Paulson y Bernanke siguen negando la mayor: aseguran que dejar caer Lehman no fue un error y que las reglas del juego les ataban de pies y manos en la búsqueda de soluciones.

Pero los hechos desacreditan esa tesis. Seis meses antes del caso Lehman, las autoridades económicas estadounidenses cubrieron las posibles pérdidas de Bear Stearns para que JP Morgan tragara con ese sapo, y unos días después nacionalizaron AIG con un crédito extraordinario que se aprobó en un abrir y cerrar de ojos.

Charles Morris, autor de El gran crac del crédito -y uno de los que defienden que fue un acierto que Lehman quebrara-, asegura desde Nueva York que esa crisis deja grandes lecturas: "Lo más importante es que los banqueros no pueden seguir insistiendo en que ellos realmente sabían lo que estaban haciendo. Todo lo demás es consecuencia de eso: hay que limitar el poder de los bancos aunque los banqueros insistan en que no se puede poner coto a la innovación. Porque se ha llamado innovación a prácticas que eran verdaderas salvajadas, o auténticas idioteces".

Ahora que la situación se va normalizando, a Wall Street le entra de repente cierta amnesia respecto a lo ocurrido. "En los casos de Lehman y AIG se demuestra que la acción de las autoridades está limitada por nubes de incertidumbre en la regulación. Los bancos quieren impedir que el nuevo Ejecutivo imponga claridad en la nueva normativa, quieren aguar la reforma y dejar las cosas como están. Pero hay que limitar los movimientos de esas instituciones demasiado grandes para caer, y hay que dar poderes a la Administración para meter mano en cuanto empiecen a ver cosas raras", apunta Morris.

Wyplosz dispara en la misma diana: "Estados Unidos, Suiza y el Reino Unido han planteado propuestas interesantes para la nueva regulación bancaria. Pero esos proyectos deben pasar por los parlamentos respectivos: mi apuesta es que al final se verán claramente aguadas. Si estoy en lo cierto, el mundo pos-Lehman será muy peligroso".

La intrahistoria de la caída de Lehman es también una feroz lucha de egos, un tratado de bajas pasiones; un folletín peliculero, en suma. En las infinitas entrevistas, en los reportajes y en los libros que describen los últimos días del banco, su presidente, Richard Fuld, aparece retratado como un tipo arrogante, estúpido, codicioso, temerario y con algunas lindezas más. "El carácter es el destino", escribió John Cheever hace casi 30 años.

Darwin y los samaritanos

Los ideólogos del capitalismo salvaje -de capa caída últimamente- han querido ver en el darwinismo y la selección de los más aptos una coartada científica para justificar abusos. La teoría darwinista vuelve a estar encima del tapete, pese a que suena a simple excusa para justificar la avaricia y los años de excesos.

"Dejando caer a Lehman, EE UU pensaba que podía reintroducir la disciplina darwinista en el funcionamiento de los mercados financieros. Desgraciadamente, Lehman era demasiado grande para caer sin efectos devastadores, por lo que el Gobierno Bush tuvo que dar marcha atrás y volver a rescatar bancos para evitar una debacle aún mayor. Y adiós al darwinismo", reflexiona Chang Ha-Joon, profesor surcoreano en Cambridge y autor de ¿Qué fue del buen samaritano?

Lejos quedan los días en los que los bancos eran pequeños y aburridos y podían quebrar igual que un restaurante o una fábrica de zapatos. Lo curioso es que la crisis no está acabando con los riesgos del demasiado grande para caer. Al contrario: "A pesar de todo, los grandes bancos supervivientes son aún más gigantescos porque se han quedado con los despojos de los caídos", critica Chang.

Para el académico surcoreano, el caso Lehman demuestra que el darwinismo social del siglo XIX, en el que muchos economistas aún creen, "simplemente no funciona". "Los gobiernos no pueden comprometerse de forma creíble a dejar quebrar a los bancos. Como eso es así y no hay vuelta de hoja, si hay que socializar las pérdidas, al menos las autoridades deben tenerlos estrictamente regulados para evitar rescates millonarios. Desgraciadamente, los bancos disponen de esa protección sin las correspondientes obligaciones".

Con todo lo que ha caído, sigue habiendo expertos que defienden que la vuelta de tuerca a la regulación no sirve de nada. "Es inevitable una nueva crisis financiera derivada de la especulación. Está en la naturaleza humana", defendía esta semana el ex oráculo Alan Greenspan, uno de los mitos caídos de esta crisis, que dirigió durante dos décadas la política monetaria estadounidense.

Sebastian Edwards, profesor de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), le da respuesta: "Hay varias lecciones que seguro que se van a aprender de esta crisis. Pero sobre todo hay que aprender que la arrogancia de los banqueros de inversión y todos aquellos que creen que las finanzas se mueven por principios y leyes exactas, como la física, puede llevar a excesos extremadamente costosos".

Fuente: El País

Escrito por donquijote2000

Septiembre 13, 2009 a 2:42 pm

La crisis aumenta la esclavitud Más de 12 millones de personas sufren trabajos forzosos por impago de deudas

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ANA G. ROJAS / LALI CAMBRA - Nueva Delhi / Ciudad del Cabo – 07/09/2009

desempleo "Nací siendo esclavo. Mi padre estaba endeudado con el dueño de una mina y forzaban a toda mi familia a trabajar 16 horas diarias con poca comida y bebiendo agua de los charcos que formaba la lluvia". Es la historia de Lakshman Singh, un hombre que pasó sus 14 primeros años de vida sin saber que existía un mundo más allá de la cantera en la que estaba atrapado, a 40 kilómetros de Nueva Delhi, la capital de India. Toda la familia -los padres, tres hijos y un tío- estaban sometidos a trabajos forzosos por una deuda equivalente a 300 euros actuales.

En India hay millones de personas atrapadas en esta servidumbre por deudas, considerada una forma de esclavitud moderna. Aunque las cifras varían mucho, la Organización Mundial del Trabajo (OIT), estima que el 77% de los sirvientes por deudas en el mundo están en Asia y en el Pacífico: 9.5 millones de los 12.3 millones totales, según los últimos datos de 2005, que la propia OIT reconoce que deben ser actualizados. Las ONG aseguran que podría haber muchos más esclavos en el mundo, "nuestras estimaciones conservadoras indican que hay ahora 27 millones, más que nunca en la historia de la humanidad", según un portavoz Free The Slaves, con sede en EE UU.

El informe de la OIT de este año, El coste de la coacción, publicado el pasado mayo, dice que las víctimas trabajo forzoso en el mundo -excluyendo la explotación sexual- pierden unos 14.000 millones de euros en salarios no recibidos. Con la crisis económica y financiera actual, la esclavitud podría crecer, temen los especialistas. "Si no se toman medidas inmediatas para aumentar la seguridad para los trabajadores vulnerables, especialmente los que migran, hay un gran riesgo de que más personas caigan en esta situación", declara en una entrevista telefónica Roger Plant, al frente del programa especial de la OIT contra el trabajo forzoso. Entre los grupos más vulnerables están los niños, dice. Hasta el 50% de los que son explotados podrían ser menores.

"La crisis afecta a los países en desarrollo por la caída del comercio, precios de materias primas a la baja, menor acceso a crédito, menor envío de dinero por familiares en el extranjero, menor ayuda exterior. Unos países serán más afectados que otros y en cada uno la situación será diferente, pero, en general, habrá mayor vulnerabilidad. Las familias, por ejemplo, no llevarán a los niños al colegio y los enviarán a trabajar, con el riesgo de que caigan en manos de traficantes o formas de explotación laboral", explica Hans van de Glind, experto en tráfico infantil de la OIT.

"No sabemos cómo repercutirá la crisis en cifras", dice Peter Schatzer, director de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en el Mediterráneo, "pero ya está afectando". Con un control más estricto de las fronteras se prevé que se encarezcan los precios que las redes cobran a los inmigrantes irregulares y que haya más riesgo de tráfico humano. En India, el país más afectado, la esclavitud responde a un cóctel de factores, entre ellos la pobreza, la falta de educación y de conocimiento de los derechos, pero, sobre todo, la discriminación está arraigada en el sistema de castas, coinciden los expertos. El 86% de los esclavos pertenece a los dalits (antes llamados intocables), según el Frente para la Liberación de Servidumbre por Deudas. "Las castas altas se aprovechan económicamente de la creencia de que algunos nacieron para ser explotados, mientras que las víctimas creen que es su karma, que deben pagar algo que hicieron en otra vida", explica Kailash Satyarthi, fundador de Bachpan Bachao Andolan (BBA), una ONG que se dedica a liberar niños esclavos.

Según sus estimaciones hay unos 25 millones de esclavos sólo en India. Prácticamente todos los que viven en estas condiciones fueron víctimas del tráfico humano o adquirieron deudas con sus patrones o las han heredado de sus padres. Los trabajadores más pobres toman un préstamo adelantado de su patrón por alguna herramienta de trabajo o para comprar medicinas, comida o ropa. Luego los sueldos son tan bajos y los intereses tan altos que caen en una espiral de endeudamiento. "Los empleadores enmascaran una práctica fraudulenta en la que el trabajador deja de tener control y se siente atrapado y sin posibilidad de reclamar sus derechos. Muchas veces sufre también amenazas físicas o psicológicas", explica, desde Londres, Enrique Restoy, de la ONG Anti Slavery Internacional. En algunos casos las deudas pueden pasar de generación en generación.

¿Qué se puede hacer para terminar con este círculo vicioso? Los expertos coinciden en que es necesario el pago de salarios mínimos que garanticen una vida digna y la educación en contra de la discriminación y para conocer los derechos. "Se deben dar alternativas de crédito independientes", agrega Coen Kompier, especialista de la OIT.

En India la situación ha mejorado, pero es difícil avanzar más rápido porque el Gobierno no acepta hablar del sistema de castas y otros países no quieren presionar porque son sus aliados y lo consideran un país democrático, prooccidental, explica Restoy. En África, añade, la esclavitud tiene o bien carácter tradicional en países como Mauritania, Niger, Chad o Sudán, o se centra en los niños, por su número o por su vulnerabilidad, "pero no se puede descartar que la esclavitud por deudas no se dé, por ejemplo, en determinadas etnias indígenas marginadas".

Se calcula que en el mundo hay 218 millones de niños trabajando de una manera u otra. El 26%, en Africa. No se sabe cuántos de ellos están sometidos a trabajos forzosos, aunque se han identificado sectores que usan niños como esclavos: minería, agricultura y pesca. La OIM ha liberado desde 2002 a 618 niños que trabajaban forzadamente para comunidades pesqueras del Lago Volta, en Ghana. En el caso de algunas niñas la explotación es doble: como esclavas sexuales y como criadas.

Permiso del amo hasta para casarse

Boubacar Messaoud nació esclavo, hace 64 años, en Mauritania: "Soy hijo de esclavos y la esclavitud hubiera sido mi sino, pero tuve suerte. El director francés de la escuela del pueblo me vio llorando en la valla de entrada y avergonzó a mi amo por no dejarme ir a clase. Yo tenía siete años". Messaoud sigue hablando de amos, porque en Mauritania, "aun a pesar de mis éxitos [fue el primero en su familia en recibir educación, ir a la Universidad, estudiar en el extranjero y ser arquitecto], sigo siendo, a ojos de muchos, un esclavo".

Los esclavos mauritanos se originaron hace siglos, descendientes de africanos negros capturados por los moros, árabes bereberes, "que dieron su nombre al país y todavía lo dominan". Se calcula que un quinto de la población mauritana, más de medio millón de personas, son esclavos "a los que se prohíbe la educación, tener tierras o heredarlas. Tienen que pedir permiso a sus amos para casarse. Éstos tienen derecho a regalar a sus hijos. Trabajan sin salario, en el pastoreo, en la agricultura. Para las mujeres es peor. Trabajan más. Son las primeras en levantarse y las últimas en ir a dormir. Frecuentemente son golpeadas o violadas", dice Messaoud.

Los esclavos tuvieron un cierto respiro con la llegada al Gobierno en 2007 del primer presidente elegido democráticamente, Sidi Mohammed Ould Sheikh Abdallahi, que criminalizó la esclavitud (aunque no envió a nadie a la cárcel), pero las esperanzas se frustraron con el golpe de Estado militar del pasado mes de agosto. Messaoud organizó SOS Esclaves en 1995, junto con el hijo de un ex ministro, anterior propietario de esclavos. Desde entonces, ha estado en prisión tres veces. En mayo pasado recibió un premio de la organización Anti Slavery International por su lucha contra esta lacra.

Fuente: El País

El oráculo también hace tonterías

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warren-buffet Los resultados del fondo de Warren Buffet se desplomaron el año pasado

SANDRO POZZI - NUeva York – 01/03/2009

Los bolsillos del hombre más rico del mundo también sufren con la crisis financiera. Cada año por estas fechas, Warren Buffett cuelga en su austero portal en Internet la carta dirigida a los accionistas de Berkshire Hathaway -el fondo en el que ejerce como presidente-, en la que explica cómo fueron las cosas. Y saca también su bola de cristal, para adivinar lo que está por venir. Buffet hizo todo eso ayer mismo. En ambos casos, la cosa pinta mal, mucho peor de lo que aventuró hace tan sólo un año.

Buffett, conocido en todo el mundo como el oráculo de Omaha por su sensacional historial de éxito en Wall Street, reconoce ahora abiertamente que durante 2008 hizo "algunas cosas estúpidas" con las inversiones que maneja su poderoso brazo financiero, el fondo Berkshire Hathaway. Los números le delatan: su compañía logró salvar los números rojos por los pelos. El beneficio neto del fondo de inversión cayó un 96% en el cuarto trimestre respecto al año anterior, hasta los 117 millones de dólares (poco más de 90 millones de euros). Minucias para un rey Midas cuyas inversiones suelen deslumbrar.

Su gran error, como explica en la misiva, fue comprar una gran participación de la petrolera ConocoPhillips cuando el precio de la energía estaba a punto de alcanzar su máximo, el pasado julio. "De ninguna manera anticipé la brusca caída de precios que sucedió la segunda mitad de 2008". El precio del barril ha pasado de rozar los 150 dólares a cotizar en torno a los 40. "Me equivoqué de lleno", lamenta. Buffett predice que el petróleo retomará la senda alcista y superará el listón de los 50 dólares, aún muy por debajo de lo que se pagaba en verano, lo que le supondrá unas pérdidas para sus inversores "de varios miles de millones". Pero el financiero encaja el golpe con deportividad: "En un partido de tenis, mis fallos podrían considerarse errores no forzados".

No es el único tropiezo. El magnate lamenta haber vendido algunas acciones que le hubiera gustado mantener. Pero tal vez el mayor error fuera una inversión de 244 millones en dos bancos irlandeses, que han perdido un 89% de su valor bursátil. Y siguen cayendo. Hace unos años, Buffett dijo que la banca se metió en inversiones más que dudosas durante los años de excesos que provocaron la crisis actual. "Tras retirarse la marea se ha visto que algunos nadaban desnudos", dijo. Ahora aparece como una víctima más de su propia metáfora.

El oráculo, de 78 años de edad, no parece mostrarse muy preocupado por "la caída significativa" de la cartera de inversiones de Berkshire. Quizá porque el fondo dispone de suficiente efectivo para reforzar su posición en esas y otras compañías. Y entre las cosas positivas, destaca las operaciones de compra en General Electric, el banco Goldman Sachs -que le llevó a ser considerado como en los mercados como "inversor de último recurso", a la manera del Gobierno, en plena debacle del sector financiero- y el grupo de alimentación William Wrigley.

En el conjunto del año pasado, el beneficio neto para Berkshire fue de 4.990 millones, frente a 13.210 millones en 2007. La caída, superior al 60%, se explica por el pobre resultado de las aseguradoras -como Swiss Re- que tiene en cartera, y por el batacazo en las cotizaciones de Coca-Cola y American Express, además de Conoco.

El año 2008 fue el peor de Berkshire Hathaway en las más de cuatro décadas que Buffett lleva al mando. El valor de sus activos cayó un 9,6% en el conjunto del año, hasta los 11.500 millones de dólares (poco más de 9.000 millones de euros). El único retroceso hasta ahora se produjo tras el estallido de la burbuja tecnológica, en 2001, con una caída del 6,2%.

Hace sólo un año auguró que la crisis había tocado fondo y se fue de gira por Europa buscando oportunidades para invertir. Pasó incluso por Madrid, donde se reunió con varias compañías familiares. Su optimismo estaba injustificado: apenas ha invertido en Europa, al menos por ahora, y la luz al final del túnel sigue lejos de aparecer, tanto en la economía como en los mercados y en el sector financiero. Sus perspectivas para 2009 son pesimistas: el año será "malo" y quizá la economía siga así "bastante más tiempo". Buffett se muestra incapaz de vislumbrar si la Bolsa subirá o si aún bajará más. Como casi todo el mundo.

"Los inversores de todas las estirpes están ensangrentados y confusos, como si fueran pequeños pájaros en medio de un partido de bádminton", dice el oráculo en su carta, reflejando el estado de ánimo que desde final de año se vive en el parqué. A pesar de tanta negatividad, el rendimiento obtenido por su vehículo de inversión es mucho mejor que el de la media del índice Standard & Poor’s, cuya cartera perdió un 27,4% el año pasado. En la misma carta se declara "optimista" y se muestra "confiado" en que los días de "la mejor América" están por llegar, en un mensaje que recuerda a algunos discursos del nuevo presidente norteamericano, Barack Obama.

No es casualidad: Buffett fue uno de los asesores de Obama durante la campaña. Y en términos financieros, ofrece una señal parecida: reitera que momentos como éste, con el mercado está por los suelos, suponen una gran oportunidad para invertir en valores de buena calidad. En un tono sencillo y directo, concluye diciendo que "nos guste o no", en esta crisis "todos estamos en el mismo barco": Wall Street (el mundo financiero), Main Street (el público en general) o las calles adyacentes. Y defiende la acción decidida que emprendió el pasado año el Gobierno de Estados Unidos para evitar un colapso total del sistema financiero: "No hay que olvidar que afrontamos peores suplicios en el pasado, y vencimos".

Las perlas

- DIOS Y EL DINERO. "Confiamos en Dios. El resto, que pague con dinero". Buffett asegura que desde hace años ese es el mantra del que de verdad se fía. La primera parte la frase aparece en los billetes y monedas estadounidenses. El resto, cosecha propia.

- TENIS Y BÁDMINTON. Con un lenguaje directo, las cartas de Buffet a los accionistas suelen contener metáforas ocurrentes. En la de este año (algo más extensa que la mayoría) destacan un par de metáforas deportivas. "En un partido de tenis, mis fallos podrían considerarse errores no forzados", dice en referencia a sus inversiones. Y sobre los últimos 20 meses de infarto en los mercados bursátiles: "Los inversores de todas las estirpes están sangrientos y confusos, como si fueran pequeños pájaros en medio de un partido de bádminton".

- EL ORÁCULO NUDISTA. El desplome bursátil deja grandes oportunidades. Buffet lo dice a su manera: "Nos sentimos como mosquitos en medio de una playa nudista. Vemos dianas jugosas por todas partes".

- LOS CULPABLES. "Los derivados son peligrosos", ataca. Las pérdidas en los activos relacionados con el mercado de la vivienda tienen, a su juicio, un responsable: "Los modelos usados por los hombres de negocios, las agencias de calificación y los inversores eran defectuosos".

Fuente: El País

Escrito por donquijote2000

Marzo 1, 2009 a 6:53 pm

Sin dinero ni para confetis

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El exceso de oferta y los altos costes arruinan a los grandes del motor en EE UU

gm_to_close_windsor SANDRO POZZI - Nueva York – 22/12/2008

Hubo un tiempo no muy lejano en el que General Motors (GM) era envidiada, un gigante industrial que daba empleo a todo un ejército de trabajadores; la columna vertebral de la clase media en EE UU. Hoy, el más grande de los tres de Detroit está al borde del colapso por la presión competitiva de fabricantes extranjeros, la caída de las ventas y el impacto de la crisis financiera. Y amenaza con llevarse por delante a Chrysler, Ford Motor, suministradores y distribuidores. Por eso, la Casa Blanca decidió, el viernes pasado, inyectar 12.580 millones de euros para que estas empresas sobrevivan, al menos, hasta primavera.

Pero el dinero fresco no evitará que el sector se transforme con sacrificios. Se esperaba que 2008 fuera un año de celebraciones en Motor City, coincidiendo con el centenario de GM. Pero el ambiente no está para tirar cohetes. Y es que en Detroit, una de las ciudades más deprimidas de EE UU, no hay dinero ni para confetis. GM, Ford y Chrysler se han convertido en tres dinosaurios.

¿Cómo se ha llegado a este declive? La industria automotriz está en peligro de extinción por las deficiencias estructurales que arrastra desde hace 15 años y su incapacidad a adaptarse a un mercado cambiante que pide coches más pequeños, ecológicos y eficientes. Y el momento, con la crisis económica y financiera, no puede ser más inoportuno.

La situación es complicada para todos los fabricantes de coches. Sus clientes tienen complicado acceder al crédito y a esto se le suma el miedo a quedarse sin empleo o la pérdida de poder adquisitivo por la Bolsa y del mercado inmobiliario. Las ventas de Chrysler cayeron a la mitad en noviembre, comparado con 2007. Las de GM lo hicieron un 41% y un tercio en el caso de Toyota Motor, Honda Motor y Ford.

Pero fue el alto precio de la gasolina el pasado verano (gracias a la guerra de Irak) el que puso en evidencia que los problemas de Detroit son estructurales, derivados del exceso de capacidad, de altos costes y errores estratégicos. Las plantas de las marcas estadounidenses rinden al 68%. Las asiáticas van al 84%. A esto se le suma la percepción de que su producto es malo y caro.

GM es el líder en EE UU, con una cuota de mercado de 22,4%, seguido por Toyota (16,7%), y Ford (14,8%). Chrysler y Honda rivalizan por el cuarto lugar (11%), seguidas por Nissan (7,3%). Mirando las cifras de ventas, que han caído de 17 millones a los 11 millones anuales, se constata que en los últimos dos años hubo un cambio de preferencias a la hora de comprar el coche, de los todoterreno y pickup hacia utilitarios pequeños. Ahora los Honda y Toyota son los más vendidos.

Andy Stevenson, del Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales, señala que “en Detroit no se construyen los coches que la gente quiere, más eficientes y limpios”. Los consejeros delegados de GM y Ford, Rick Wagoner y Alan Mulally, reconocen que negaron la realidad, y fallaron al colocar en el mercado el producto equivocado.

Detroit es un coloso difícil de manejar. GM, Ford y Chrysler tienen en el mercado 112 modelos, que comercializan a través de 15 marcas. Toyota, Honda y Nissan ofrecen la mitad, 58 modelos bajo siete marcas. Sólo GM tiene ocho marcas, cuando le bastaría con tres. Esta variedad se está convirtiendo en un lastre.

Los coches que ensamblan para EE UU, Canadá y México son diferentes que los que venden en Europa y Asia, mientras que sus rivales comercializan el mismo producto en todo el mundo. Es decir, más costes. Ford dice ahora que ha aprendido la lección.

El otro punto de vulnerabilidad son los concesionarios. GM, por ejemplo, cuenta con 6.700 asociados que gestionan 14.000 locales, frente a los 1.200 de Toyota. No acaban aquí los problemas. Como explica el analista James Bell, los sueldos en Detroit son de 28 dólares a la hora, pero se elevan a 78 con los costes heredados (prestaciones sociales y pensiones). Los empleados de sus rivales asiáticos cuestan a 33 dólares la hora. Demasiada diferencia, que augura unas navidades tristes.

Tres millones de empleos en juego

Los puntos flacos están claros. El riesgo, también. La industria automotriz se estructura en círculos concéntricos con su corazón en Detroit y que se expanden al resto de EE UU. El sector emplea a 450.000 personas en Michigan, a los que se suman otros tantos entre Illinois y Ohio.

Dos millones de empleados de EE UU dependen de vender componentes a los tres grandes. Si no hubiera ayuda federal y GM quebrara, podría arrastrar a Chrysler y quizás a Ford. El sindicato United Auto Workers calcula que el hundimiento de sólo uno de los tres fabricantes puede poner en peligro más de 2,5 millones de empleos. “El coste social de la liquidación es enorme”, dice Robert Reich, de la Universidad de Berkeley.

El último dato de empleo muestra el derrame que sufre el sector. De los 85.000 despidos registrados en noviembre en la industria, 13.000 están relacionados con las automovilísticas y fabricantes de componentes. Esta cifra se eleva a 135.000 empleos destruidos al tomar como referencia diciembre de 2007, fecha del inicio oficial de la recesión en EE UU.

Algunos expertos creen que EE UU debe tener su propio fabricante de coches, por cuestiones estratégicas y de seguridad. “Se debe crear una buena base industrial”, señala Reich. Douglas Bell, de la Universidad de Chicago, pide paciencia, porque dice que “este negocio necesita tiempo para cambiar”.

George Magliano, de Global Insight, explica que la ayuda gubernamental “no es la respuesta final” a la crisis. “Es una pieza más del puzzle”. Con unas ventas de 14,5 millones, Detroit podría ser rentable, según otros expertos. Pero lo que tiene claro Magliano es que las tres automovilísticas deben reducir su tamaño, y eso pasa por más despidos y cierre de plantas.

Fuente: El País

Escrito por donquijote2000

Diciembre 23, 2008 a 12:32 am

Este tipo estafó al universo

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REPORTAJE: Primer plano

El enorme fraude de Bernard Madoff tiene una explicación: su habilidad, el exceso de confianza de sus millonarios clientes y el pésimo control de los reguladores

Madoff camina hacia su apartamento de Nueva YorkFRANCISCO PEREGIL 21/12/2008

Hace diez días el agente del FBI Theodore Cacioppi llamó a un apartamento de Manhattan. Sabía que la persona que estaba al otro lado de la puerta no sólo era el hombre que modernizó la Bolsa de Nueva York y consiguió que los intermediarios cambiaran el teléfono por el ordenador, con lo que las operaciones empezaron a cerrarse en segundos en vez de minutos y se podía ganar más dinero en menos tiempo.

No sólo había sido el presidente del Nasdaq, el mercado electrónico de acciones de EE UU. Ahora era el director de una empresa que se dedicaba a la intermediación bursátil y de otra, Bernard Madoff Investment Securities, que asesoraba a grandes inversores particulares y a gestoras de fondos. Su empresa ostentaba el récord de haber pagado beneficios superiores al 8% anual durante 72 meses consecutivos.

Bernard Madoff era, a sus 70 años, un sabio de Wall Street. Pero además, era un buen donante de las campañas electorales del Partido Demócrata y un generoso filántropo. Junto a su esposa, Ruth, dirigía la Fundación Madoff, que el año pasado donó 19 millones de dólares al grupo voluntario Kav Lachayim para que trabajase en escuelas y hospitales de Israel.

Él agente sabía todo eso y Bernard Madoff sabía a qué venía Cacioppi. Según consta en la denuncia por fraude masivo presentada por el investigador del FBI, una vez que el magnate les invitó a pasar a su casa el agente le advirtió:

-Estamos aquí para averiguar si hay una explicación inocente.

Y Madoff le contestó:

-No hay ninguna explicación inocente.

Madoff había empezado a juntar sus primeros ahorros como socorrista en las playas neoyorquinas de Long Island mientras estudiaba Derecho. A los 30 años, sin haber terminado la carrera y con 5.000 dólares en el bolsillo, fundó la empresa que llevaría siempre su nombre. Diez años después incorporó a su hermano Peter al negocio. Y después llegarían sus dos hijos y una nieta abogada.

El jueves 11 de diciembre, frente al agente Cacioppi, el gran sabio de las finanzas reconoció que durante 40 años tuvo a todo el mundo engañado. Que montó su empresa con un esquema fraudulento, que había cometido una estafa por valor de 50.000 millones de dólares (37.470 millones de euros) y que estaba arruinado y dispuesto a ir a la cárcel.

El agente había hablado dos días antes con dos directivos de su empresa. Ellos le contaron cómo a primeros de diciembre Madoff los llamó a su despacho para decirles que se veía obligado a devolver a ciertos inversores unos 7.000 millones de dólares y tenía dificultades para hacerlo. Los ejecutivos creían hasta ese momento que la empresa de Madoff disponía de una liquidez de entre 8.000 y 15.000 millones de dólares para responder a cualquier emergencia.

El martes nueve de diciembre Madoff los llamó de nuevo para comentarles algo aparentemente contradictorio con esa falta de liquidez: quería adelantar a diciembre la paga de los bonos que la compañía pagaba a sus trabajadores en febrero. ¿Por qué? Madoff les advirtió de que no le era posible abordar el asunto en la oficina y los invitó a su apartamento en Manhattan. Una vez allí, el jefe se quitó la careta. Les dijo que su negocio de asesoría financiera era “un fraude”, que no tenía “absolutamente nada” de dinero y que antes de entregarse a la policía quería repartir los 200 o 300 millones de dólares que le quedaban entre empleados y familiares. Todo había sido “una gran mentira” sostenida durante cuarenta años sobre un “gigantesco esquema de Ponzi”.

El inmigrante de origen italiano Carlo Ponzi (1882-1949) logró ingresar en los manuales de economía cuando en 1919 arruinó a 20.000 personas en Estados Unidos, a las que robó nueve millones de dólares. Ponzi se hizo millonario devolviéndole a algunos clientes el doble de lo invertido en sólo 90 días; eso sí, pagaba con el dinero de otros miles de clientes a los que nunca devolvió nada. En ese sistema, los últimos que llegan son los que están condenados a perder todos sus ahorros. Y los que llegan primero y saben retirarse a tiempo ganan un dinero fácil. Pero el sistema es ilegal, está basado en el engaño. A diferencia del fraude piramidal, en la estafa Ponzi es sólo una persona la que mantiene contacto directo con los inversores, mientras que en la pirámide la víctima también se convierte en estafador.

“Madoff fue más listo que Ponzi”, indica un economista afincado en Estados Unidos, “porque él no prometía intereses del 30% ni del 40%, y mucho menos del 100% en tres meses, como Ponzi. Sus fondos de inversión daban unos beneficios de entre el 10% y el 15% al año, lo cual es algo extraordinariamente bueno, pero no escandalosamente bueno. Y aunque lloviese o nevase fuera, él aseguraba ganancias cada mes”.

“El alza de la Bolsa y de la vivienda ha permitido todos estos años atrás ocultar muchos errores de gestión”, explica el consultor financiero de Washington Isaac Cohen, de 68 años. “El dinero que ingresaba Madoff lo usaba para pagar a algunos de sus clientes. Y cuando dejó de entrar dinero se cayó la escalera. Se quedó sin ingresos para cubrir con las obligaciones”.

Tras oír la confesión del jefe, los dos directivos, que en la denuncia del agente Cacioppi aparecen citados como “empleado senior número uno” y “empleadosenior número dos”, delataron a su jefe. En realidad, los empleados de Madoff eran sus hijos Andrew, de 42 años, y Mark, de 44. Ambos aseguran haber invertido varios millones de dólares en la empresa del padre y desde aquella conversación le retiraron la palabra, según fuentes citadas por la agencia Bloomberg. La policía no ha emprendido acciones contra ellos, pero sí contra Ruth, la esposa de Madoff, por supuesta connivencia en los desfalcos.

Madoff confesó al agente Cacioppi que el fraude podría alcanzar los 50.000 millones de dólares. También le dijo que estaba arruinado. “Pero yo no me puedo creer que 50.000 millones se puedan haber esfumado así como así. Madoff debe haber comprado algo y algún dinero se recuperará”, indica Arturo Porzecanski, de 59 años, profesor de finanzas internacionales de la American University, en Washington, quien trabajó durante 30 años en instituciones de Wall Street.

Lo cierto es que no se conoce ni cuánto dinero robó Madoff ni a cuánta gente. La Securities Investor Protection Corporation (SIPC), el organismo que tratará de recuperar el capital de los inversores, ha advertido que se puede tardar hasta seis meses en aclarar las cuentas de Madoff. Hay miles de pensionistas adinerados y docenas de entidades financieras entre los afectados. El Banco Santander ha sido uno de los más perjudicados. La imagen de sus sucursales con su logotipo rojo se han mostrado a menudo en los informativos de los principales canales de televisión en Estados Unidos.

No había transcurrido ni medio año desde que la revista Euromoney otorgara en junio al Santander el premio al mejor banco del mundo. Su presidente, Emilio Botín, envió a la ceremonia celebrada en Londres ante los representantes de las principales entidades financieras británicas un discurso pronunciado en inglés. Sus palabras resultaron premonitorias en verano y se han vuelto contra él en invierno: “Como ustedes saben, el Banco Santander es una de las pocas entidades financieras que ha atravesado exitosamente las turbulencias financieras del año pasado sin que se viera afectado por los productos tóxicos. Ustedes pueden preguntarse cómo fue eso posible. Bien, déjenme explicárselo: Si no entiendes completamente un producto, no lo compres; si no comprarías un producto para ti mismo, no lo vendas; y si no conoces a tus clientes muy bien, no les prestes dinero. Si haces estas tres cosas serás un mejor banquero, hijo mío”.

El banco Santander pareció seguir bien la primera máxima (si no entiendes completamente un producto, no lo compres), porque apenas invirtió 17 millones de euros en la empresa de Madoff, pero desatendió el segundo precepto (no vendas lo que no comprarías para ti), porque invirtió 2.300 millones con el dinero de sus clientes.

Entre los miles de afectados se encuentra Alicia Koplowitz, una de las mujeres más ricas de España, quien ha podido perder unos 10 millones de euros, y el empresario Juan Abelló. Entre las firmas españolas que invirtieron en Madoff destacan M&B Capital Advisers, de Javier Botín (hijo de Emilio) y Guillermo Morenés (marido de Ana Patricia Botín, hija del presidente del Santander); el BBVA y el propio Santander a través de Optimal, su gestora de hedge funds.

Otras víctimas son el asesor financiero de los famosos de Hollywood, Gerald Breslauer, quien a su vez invirtió dinero del director Steven Spielberg, y entidades humanitarias, además de otros bancos como el británico HSBC, con casi 750 millones de euros, o el BNP, el mayor banco francés por valor de mercado, con unas potenciales pérdidas de 350 millones de euros.

Hay periodistas judíos que han lamentado el daño que Madoff ha infligido a su pueblo y han recordado que entre los estafados también hay organizaciones benéficas judías.

Después del descalabro surge la pregunta: ¿Cómo pudo engañar a Bernard L. Madoff durante casi 40 años a todo el mundo? ¿A sus dos hijos, a su hermano Peter, a PwC, KPMG y Ernst & Young, tres de las cuatro mayores auditoras del mundo, a medios como The Wall Street Journal, bancos como el Santander, a la comisión de valores de EE UU (Securities and Exchange Commission, SEC), en cuya plantilla de 3.000 empleados hay 400 técnicos cuya misión es precisamente velar para que no se perpetren fraudes cómo éste? Hubo periodistas especializados en hedge funds, como Michel Ocrant, que en 2001 entrevistó durante varias horas a Madoff porque tenía ligeras sospechas sobre su negocio. Y lo vio tan sereno y seguro de sí mismo que salió convencido de que Madoff, sencillamente, había dado con una gran fórmula de hacer dinero.

Es verdad que Madoff poseía una gran capacidad de convicción. Para meter la mano en los bolsillos mejor protegidos del mundo tuvo que limarse bien las uñas. Madoff transmitía riqueza, pero no excesiva ostentación. Seguridad, pero no codicia. Cada vez que visitaba su barbería predilecta en la avenida Worth de Palm Beach (Florida) se gastaba el equivalente a 15 euros en manicura, 45 en el corte de pelo y 27 en el afeitado. Vive en un piso que compró en 1990 a diez manzanas de su oficina por 3,3 millones de dólares; tiene otra casa frente a las playas de Long Island, donde solía invitar a sus empleados, y es propietario también de una vivienda valorada en 21 millones de dólares junto a las canchas de golf del Palm Beach Country Club. Y posee un yate de 16 metros de largo que compró en 1977 por 462.000 dólares. En definitiva, tres casas, un yate y el abono de socio a unos selectos clubes de golf, donde solía jugar junto a su esposa.

“Todos los tramposos son simpáticos. Y él lo era hasta el punto de que iba a los funerales de sus inversores”, explica el consultor Isaac Cohen. Es verdad que el aura de triunfador ayuda a convencer a los demás, pero no basta para explicar por qué cayeron tan ingenuamente en sus redes tantísimos expertos financieros. ¿Cómo pudo, entonces, engañar a todos? En la pregunta está la trampa. Se trata de uno de los mayores fraudes financieros de la historia, si no el mayor. Pero Madoff no engañó a todos.

Hubo alguna entidad, como la francesa Société Générale, que cumplió con su deber de supervisar el lugar donde pensaba invertir el dinero de sus clientes. Hace cinco años, cuando todo lo que rodeaba a Madoff olía a prestigio y solvencia, un equipo del banco acudió a la oficina de Manhattan para efectuar una supervisión rutinaria. Y vieron que los números no cuadraban. Lo mismo ocurrió con Aksia, una empresa neoyorquina especializada en asesorar sobre fondos de inversión. La gente de Aksia, tras 18 meses de inspecciones, averiguaron el año pasado que la contabilidad de la empresa de Madoff la llevaba la compañía Frieshling & Horowitz. Y detrás esa empresa sólo había tres personas. Una de ellas tenía 78 años y vive en Florida y la otra era una secretaria.

Además, hubo gente como el financiero Harry Markopolos, de Boston, que trabajaba en una empresa rival y venía remitiendo cartas a la SEC ¡desde 1999! en las que denunciaba que Madoff estaba actuando ilegalmente con un sistema Ponzi. “Yo fui el chico que gritó que viene el lobo”, declaró Markopolos esta semana. A Markopolos le espolearon sus jefes para que consiguiera los mismo resultados que Madoff.

Pero era imposible. No disponía de pruebas corroborables, pero escribió en el año 2000 una carta que comenzaba diciendo: “Soy un idiota por hacerles perder el tiempo” y en las que pedía que se investigara a Madoff. La carta llegó a Edward Manion, un empleado de la SEC en Boston, que le confió por teléfono: “Esto parece serio”. Al año siguiente, la investigación de la SEC en Boston pasó a Nueva York. Pero Manion pidió a Markopolos que siguiera remitiendo informes a la sede central de la SEC. Y así lo hizo durante ocho años.

Por fin, en junio de 2006, la SEC abrió fin una investigación sobre Madoff. Ese mismo año, Eric Swanson, un funcionario de la SEC de nivel medio, conoció a Shana Madoff, una nieta del financiero que trabaja como abogada en la empresa de Madoff. Swanson dejó su puesto en la SEC y se casó el año pasado con Shana. En noviembre de 2007 la SEC concluyó su investigación afirmando que no había evidencia de fraude en la empresa de Madoff. Hay quien se pregunta si en la actitud de la SEC influyó en algo la relación del funcionario Eric Swanson con la nieta de Madoff. Puede incluso que alguien de la SEC cobrara no ya por mirar hacia otro lado -cosa que era imposible puesto que la investigación tenía como objetivo descubrir se había producido un fraude de sistema piramidal-, sino por mentir a sabiendas. O puede que sólo influyera el hecho de que los inspectores de la SEC creían en la magia de Madoff. Los intereses que supuestamente repartía iban hacia arriba cuando todo el mundo se precipitaba hacia el fondo de la crisis. Y Madoff siguió jugando al golf y reclutando clientes.

En un acto de asunción de responsabilidad sin precedentes, el presidente de la SEC, Christopher Cox, reconoció que durante casi una década hubo “específicas y creíbles” denuncias contra la empresa de Madoff a las que la Comisión de Valores no prestó atención. Cox ha puesto en marcha una investigación interna. Pero antes de empezarla ya se sabe que la SEC se conformó con estudiar los libros que el propio Madoff le facilitaba, libros que estaban llenos de datos falsos, según reconoce ahora el propio Cox, sin solicitar una autorización judicial para inspeccionar todas las cuentas. Esta semana el presidente electo, Barack Obama, ya nombró a la que será sustituta de Cox en la SEC, Mary Schapiro.

Madoff tampoco logró engañar, probablemente, a algunos inversores que supieron retirarse a tiempo. “Y esos estarán ahora bien calladitos, pero seguro que ganaron un buen dinero”, indica un economista afincado en Washington que prefiere no revelar su nombre. Esta fuente del sector considera que el Santander pecó de negligencia. “Se produjo algo parecido a lo de las hipotecas subprime. Un intermediario deposita su confianza en otro, que a su vez la deposita en otro… y al final se evapora el dinero de los clientes del Santander. Es cierto que vivimos hoy en una sociedad en la que todo el mundo se especializa y subcontrata a alguien. Pero si yo dejo mi dinero en el Santander es porque confío en que vaya a hacer el trabajo de supervisión en los fondos que yo no puedo hacer”.

Hay quien se pregunta también si de verdad engañó Madoff a sus propios hijos. La empresa de asesoría de Madoff, desde donde se venía cometiendo el fraude, se encontraba en el piso 17 del edificio Lipstick, y la de corretaje, donde trabajaban el hermano, los hijos y la nieta, en los pisos 18 y 19. Las empresas usaban sistemas informáticos distintos y Madoff guardaba los libros de contabilidad bajo llave. Mientras la empresa de arriba ofrecía una transparencia absoluta, la de abajo era opaca.

¿Por qué confiaron tantos inversores en que de en esa oscuridad del piso 17 su dinero estaba a buen recaudo? El agente Cacioppi deja entrever una posible respuesta citando un párrafo que aparecía en el portal de Internet de la empresa de Madoff: “En la época de las organizaciones sin rostro que pertenecen a otras organizaciones igualmente sin rostro, Bernard L. Madoff Investment Securities vuelve a una época anterior en el mundo financiero: El nombre del propietario está en la puerta. Los clientes saben que Bernard Madoff tiene un interés personal en mantener el intachable historial de retorno sobre las inversiones, negocios justos y altos estándares éticos que siempre han distinguido a esta empresa”.

O lo que es lo mismo: la palabra de un hombre es su contrato. A pesar de ser un adalid de los avances electrónicos, Madoff no abría el sistema informático del piso 17 para que los clientes comprobaran la evolución de sus propias inversiones. A cambio, Madoff les vendía su gran aura de persona con acceso a las informaciones más confidenciales de Wall Street. Su nombre estaba en la puerta. Parecía tan fiable que le apodaban el judío de las Letras del Tesoro. Pedirle que desvelara sus métodos, según The Economist, era como pedirle a Coca-Cola que enseñara su fórmula mágica. Madoff cultivaba con tanta convicción su imagen de tipo selectivo que se permitía rechazar clientes adinerados.

Madoff ha pagado una fianza de 10 millones de dólares y ha de llevar un brazalete metálico. Vive ahora bajo un arresto domiciliario que le obliga a permanecer en casa desde las siete de la tarde a las nueve de la mañana. Uno de los principales humoristas del país recordaba que no parece un castigo muy duro para una persona de 70 años pasar la noche en casa. Lo máximo que le puede caer por el fraude cometido son el pago de una multa equivalente a 3,4 millones de euros y 20 años de cárcel.

Entre las muchas explicaciones que puede ofrecer Madoff para contar lo que hizo, no hay ninguna inocente. -

“Ya nos estábamos mereciendo un fraude”

Arturo Porzencanski, profesor de finanzas internacionales de la American University, en Washington, se ha pasado 30 de sus 59 años trabajando para empresas de Wall Street. Porzencanski cree que no debe sorprendernos en exceso esta gran estafa. “Se trata del primer gran fraude de la gran recesión que sufrimos, pero era lógico que viniera. Cada vez que ha bajado la marea, empiezan a descubrirse cadáveres. Cuando bajan los beneficios y llegan las pérdidas quedan al descubierto las malas prácticas. En las recesiones de los años 70, 80 y 90, ocurrió lo mismo. De tantos errores financieros honestos como hemos padecido en los últimos meses, ya nos veníamos mereciendo un fraude. Por fin llegó, es parte del drama y hay que asumirlo”.

No obstante, Porzencanski cree que el Gobierno de Estados Unidos debería extraer enseñanzas de este fraude y renovar la comisión de valores, la tan temida y respetada Securities and Exchange Commission (SEC). “La SEC ha llevado a muchos ejecutivos a la cárcel desde su creación en los años 30, pero ahora ha demostrado su inoperancia”, dice Porzencanski. “Bajó la marea y se vio que el rey también estaba desnudo. Debe haber una gran reforma regulatoria, la primera grande en 80 años. Porque es verdad que existen muchas normas para regular y vigilar el mercado. Cuando empiezas a trabajar en un banco tienes que leerte libracos enteros con las normativas internas donde casi te dicen hasta a qué horas has de ir al baño. Pero el problema es que las reglas se han quedado muy por detrás de los avances tecnológicos”. -

Fuente: El País

Escrito por donquijote2000

Diciembre 21, 2008 a 4:11 pm