La Economía de los no Especialistas

Just another WordPress.com weblog

Esta crisis requiere que los países trabajen de forma conjunta

Deja un comentario


personagoogle 23/09/2008, por Dominique Strauss-Kahn. Director gerente del FMI. Escrito para Financial Times

Vivimos tiempos excepcionales. Lo son por lo que le ha sucedido en los mercados financieros –sólo puede describirse como un derretimiento–, y por lo que no le ha sucedido, al menos no todavía, al conjunto de la economía –el comienzo de una severa recesión–.

Tal vez fuera la ausencia de esto último lo que llevara a muchos a ver el estallido de la burbuja inmobiliaria como una simple corrección, los impagos sobre las hipotecas subprime estadounidenses como una desgracia y el fracaso de importantes instituciones financieras como daños colaterales.

Hace seis meses, cuando el Fondo Monetario Internacional calculó más de un billón de dólares (691.000 millones de euros) de pérdidas en el sector financiero y predijo una fuerte ralentización de la economía global, se nos criticó por ser demasiado pesimistas.

Pero con gran parte de las pérdidas aún por aparecer, y la gravedad actual de la crisis financiera, ha quedado claro que las soluciones provisionales del año pasado no darán resultado y que nada que no se aproxime a una solución sistémica –exhaustiva en su enfrentamiento a las secuelas inmediatas y exhaustiva a la hora de abordar las causas y el origen de la crisis– permitirán que la economía, en EEUU y a nivel global, funcione con cierta apariencia de normalidad.

A corto plazo, este enfoque debe incluir tres elementos: provisión de liquidez, adquisición de activos peligrosos; e inyecciones de capital a las instituciones financieras.

Primero, los bancos tienen que evitar retiradas de ahorros masivas de bancos e instituciones financieras. Pueden hacerlo garantizando de nuevo a los ahorradores que los depósitos bancarios están seguros y proporcionando liquidez a las instituciones financieras frente a la buena garantía. Esta fue la primera línea de defensa durante el año pasado y es probable que los bancos centrales ya hayan hecho todo lo que estaba en su mano.

Segundo, los departamentos del tesoro tienen que eliminar el motivo por el que se producen, en primer lugar, los pánicos bancarios: es decir, la presencia de activos peligrosos en los balances de las instituciones financieras. La experiencia internacional muestra que un modo eficaz de hacer esto es creando una agencia gubernamental que compre los activos y los mantenga hasta que venzan y puedan venderse con seguridad. Un aspecto clave será el precio al que se adquieran estos activos: lo suficientemente altos como para inducir a las instituciones financieras a su venta, pero también lo bastante bajos como para que el Estado tenga alguna oportunidad de obtener rendimientos y de mantener en orden sus finanzas a largo plazo.

Existen también otras alternativas, potencialmente menos costosas, a las compras abiertas. Por ejemplo, a principios de este año, el FMI propuso una solución basada en los swaps (derivados) a largo plazo de los valores hipotecarios para las obligaciones del estado –que limpia los balances de los bancos a corto plazo y deja el riesgo a largo plazo en manos de los bancos, y no de los contribuyentes–.

Tercero, hay que recapitalizar el sistema financiero –en este punto, probablemente, con apoyo público–. En el corazón de la crisis se sitúa el hecho de que el conjunto del sistema financiero cuenta con muy poco capital. Incluso a medida que el sistema se reduzca y se eliminen los malos activos, muchas instituciones seguirán careciendo de capital suficiente para extender con seguridad nuevos créditos a la economía. El Estado puede proporcionar capital a los bancos de formas que no implican la nacionalización. Por ejemplo, muchos miembros del FMI en aprietos similares en el pasado han igualado las inyecciones de capital privado con acciones preferentes y formas de capital que dejan el control de la propiedad en manos privadas.

En la buena dirección
Doy la bienvenida a los valientes pasos adoptados en EEUU y deseo su implementación efectiva. A medida que se conozcan los detalles, veremos hasta qué punto cubre el plan estadounidense estas tres bases. Otras economías avanzadas deberían estar preparando también planes de contingencia exhaustivos, y más si se tiene en cuenta la complejidad que conlleva tratar de resolver el fracaso de instituciones con extensas conexiones trasfronterizas.

En la medida en que se dispongan estos exhaustivos enfoques, confío en que los sistemas financieros que han crecido demasiado en relación a la economía se estabilicen en un nivel más adecuado. ¿Pero qué sucede con los retos a largo plazo?

Un reto obvio es el coste fiscal. El coste inicial en términos de deuda pública es alto, pero el coste final para los contribuyentes no tiene por qué serlo. La experiencia internacional muestra que, si se hace de forma adecuada, el Gobierno puede esperar recuperar la mayor parte de su inversión inicial. Pero si el coste fiscal resultara ser alto, sería necesario un considerable ajuste fiscal para sostener la estabilidad a largo plazo de las finanzas públicas.

Pero existe una cuestión estructural aún más profunda que hay que resolver. Sin rodeos, la crisis es el resultado del fracaso de los reguladores a la hora de evitar el excesivo riesgo en el sistema financiero, especialmente en EEUU. Tenemos que asegurarnos de que esto no suceda de nuevo.

El trabajo ha comenzado a reconstruir la arquitectura del sistema y los países más industrializados del mundo ya han propuesto recomendaciones para una regulación y unas normas de contabilidad más prudentes, y para una mayor transparencia. También habrá que replantearse el papel de las agencias de ráting de créditos, en las que han confiado las finanzas internacionales, con un mayor control público. En un mundo globalizado, estos esfuerzos tendrán que contar con una amplia base si se quiere que sean efectivos.

Economías emergentes
Finalmente, ¿cómo podría afectar el susto financiero al resto del mundo? Las economías europeas ya se están ralentizando de forma notoria y, lo que supone otro golpe para el capital bancario, este proceso continuará el año que viene. Los mercados de los países emergentes han mostrado su resistencia, aunque hay algunos que exponen que las ruedas de estas economías en rápido crecimiento se pincharán a medida que los flujos de capitales se sequen y el precio de las materias primas disminuya.
Desde luego, deberíamos tener cuidado y no tratar a las economías emergentes como un bloque único. A algunas les ayudará la caída del precio de las materias primas y el enfriamiento de la demanda, mientras que otras han construido sólidas barreras de altas reservas, baja deuda y políticas monetarias creíbles a las que pueden recurrir.

El control, la objetividad, y la colaboración –a escala global– serán necesarias para abordar los retos que se avecinan. Espero que cuando los ministros de Finanzas y los gobernadores de los bancos centrales se encuentren en Washington el mes que viene para nuestra reunión anual, sea posible mantener un diálogo global, de forma que todos los países puedan extraer lecciones del reciente giro de los hechos para la arquitectura del sistema financiero internacional.

Fuente: Expansión

Anuncios

Autor: donquijote2000

Abogado, Especialización en Derecho Económico Internacional. Experiencia en Banca como Director, Consultor Jurídico, Compliance Officer in Anti-Money Laundering, Director en Hoteles y Asesor en Finanzas tanto en el sector Público como Privado. Por último, cansado de tantas mentiras o medio verdades.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s