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PERFILES: Crisis financiera mundial HENRY PAULSON Secretario del Tesoro / BEN BERNANKE Presidente de la Fed

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CLAUDI PÉREZ – Madrid – 28/09/2008

El tiburón que enseñó el colmillo intervencionista

henry-paulson Estados Unidos es ya casi una vieja república, pero a los norteamericanos les encantan, les entusiasman las sagas. Los Kennedy, los Clinton, los Bush han dominado los resortes del poder político durante años. Hay un puñado de apellidos que prácticamente ha tomado Washington generación tras generación. Y luego está Goldman Sachs. Pertenecer al banco de inversión que ha reinado en Wall Street en los últimos años es como formar parte de una de esas familias, garantiza el acceso a un despacho importante, tanto en el bando demócrata como en el republicano. El último ejemplo es quizás el más notable. Henry Paulson, secretario del Tesoro -algo así como el ministro de Finanzas- pasó más de tres décadas en el banco. Salido prácticamente de la nada, llegó hasta la cúspide y amasó una fortuna, como mandan los cánones del sueño americano. Ahora trata de hacer historia intentando rescatar a Estados Unidos de la peor de sus pesadillas. Es ya la gran figura de la crisis.

De Henry Merritt Hank Paulson Jr. (Palm Beach, Florida, 1946) se cuentan las típicas anécdotas que salpican las biografías de los hombres públicos. Aficionado a la naturaleza, a salir en kayak el fin de semana, apasionado por China, religioso, abstemio y no fumador, fue un destacado estudiante y jugador de fútbol americano -delantero, para más señas- en la universidad, se licenció en lengua inglesa e hizo un máster, cómo no, en Harvard. “Quería ser guardia forestal hasta el mismo momento que entré en la universidad”, confesó hace unos meses, pero con 26 años había trabajado ya para Defensa y como asesor de Richard Nixon. El Watergate le obligó a abandonar -sin salpicaduras- esa incipiente carrera política y fichó como joven banquero de inversión en Goldman Sachs. De ahí al Tesoro y a convertirse en estrella de la televisión.

Su carrera en el banco abarca 32 años y deja en el aire un par de paradojas fenomenales. Capitaneó la salida a Bolsa de la compañía y fue uno de los arquitectos de la nueva gestión del riesgo que ha imperado en los últimos años en Wall Street: durante su mandato, Goldman Sachs ganó dinero a espuertas asumiendo cada vez más riesgos y cerrando operaciones multimillonarias con ingentes cantidades de deuda. Toda la banca de inversión acabó imitándole. ¿Suena familiar? Esa filosofía, llevada hasta el exceso en el sistema financiero internacional, está en el germen de la crisis que ha acabado dando el timón de la economía norteamericana a Paulson.

La segunda contradicción es ideológica. Paulson, republicano confeso desde la universidad, es acusado ahora por sus correligionarios de instaurar poco menos que un régimen de “socialismo de mercado” con una intervención en la economía sin precedentes a pesar de su adscripción política. Las críticas le llueven por todas partes: desde el flanco izquierdo se le acusa de salvar sólo a los ricos, de poner en pie una suerte de Estado del bienestar para millonarios. Defensor del libre mercado -aunque también de la ética en las grandes corporaciones, que defendió con ahínco tras los desmanes de Enron y compañía-, Paulson accedió a fichar por la Administración de Bush y durante dos años aplicó su filosofía a una política de perfil bajo que apenas dio resultados en la reforma de la Seguridad Social o en los acuerdos comerciales en el seno de la Ronda de Doha. Llegada la crisis -que al principio ninguneó- se fue haciendo más y más fuerte, quitando protagonismo al mismísimo George W. Bush, y ha demostrado un pragmatismo sensacional: “Creo en los mercados, pero no creo en los mercados no regulados”, dijo en septiembre a modo de declaración de intenciones.

Después vendrían rescates bancarios multimillonarios, quiebras y unas semanas de intenso trabajo, proporcional a la debacle en Wall Street. Sus defensores alaban su flexibilidad para adaptarse a los bruscos giros que han dado de sí las turbulencias, pero la crítica aduce que su actuación ha sido sobre todo impredecible, sin rumbo, sin una hoja de ruta clara hasta llegar al plan de rescate para sacar de los balances de la banca los activos tóxicos. “Dinero por basura”, resumen varios senadores republicanos. Con todo, Paulson es el único que ha demostrado redaños y suficiente poder como para sacarse de la manga una posible solución.

Su carácter enérgico, brusco, huracanado y amante del estrés le valió el sobrenombre de Martillo, aunque en el Capitolio le llaman últimamente Presidente Paulson, por el progresivo traslado del eje del poder desde el Despacho Oval de la Casa Blanca hasta su oficina en el Tesoro. Papá Paulson, le ha bautizado con toda la sorna el influyente economista Paul Krugman, que capitanea a un grupo de expertos contrarios al plan de intervención.

La fortuna de Paulson se estima en unos 500 millones de dólares. Buena parte de ese dinero está en acciones de Goldman Sachs. Su legado dependerá, sin duda, de cómo gestione la crisis que tiene entre manos. El futuro de su cuenta corriente, poco más o menos, va en paralelo.

Toda una vida esperando… ¿esto?

060126_bernanke_vmed_3p_widec Una crisis, entre otras muchas cosas, es un juego de contrastes espectacular. El pasado miércoles, en el corazón de Manhattan, un mendigo se refugiaba debajo de unas cajas de cartón justo delante del escaparate de una de las librerías de referencia en Nueva York, Barnes & Noble, donde se publicitaba en grandes tipografías un futuro best seller sobre cómo ganar el primer millón, que, según dicen, siempre es el más difícil. La semana anterior, en The New York Times, uno de los hombres fuertes del equipo económico de Bush daba explicaciones acerca del salto mortal de la política económica de EE UU, que ha pasado de dar sermones sobre las bondades del libre mercado a intervenir violentamente la economía para evitar la debacle. “No hay ideólogos en las crisis financieras”.

Ese hombre es Ben Bernanke, presidente de la Reserva Federal (Fed), el banco central de Estados Unidos. Bernanke (Augusta, Georgia, 1953) encaró casi en solitario los primeros compases de esta crisis financiera. Finalmente, el secretario del Tesoro, Hank Paulson, le ha robado los focos en las últimas sacudidas de las turbulencias y en la posterior respuesta de Estados Unidos, con un plan de rescate de 700.000 millones de dólares que supone meter mano en la economía como ningún otro Gobierno lo había hecho.

Bernanke lleva toda la vida preparándose para una crisis como ésta, como gran estudioso de la gran depresión. Licenciado en Harvard y doctorado en el Massachussetts Institute of Technology (MIT), el responsable de la Fed tiene un perfil esencialmente académico: próximo a la Administración de Bush y bien conectado en Washington, dio clases durante 23 años en Princeton antes de incorporarse como gobernador a la Fed y al equipo de asesores de Bush, antes de dar el salto a la presidencia del banco central en 2006. Nadie lo ha tenido tan difícil como él desde entonces. Greenspan alcanzó un aura de infalibilidad, el mundo llegó a creer que los tipos de interés eran una especie de varita mágica con la que resolver todos los problemas. Pero en su última etapa, Greenspan se limitó a bajar los tipos ante el pinchazo de las puntocom. Con ello hinchó dos burbujas que han estallado ahora: la inmobiliaria y la del crédito.

Con un perfil público bajo, ideológicamente próximo a los republicanos y gran amante del saxofón, Bernanke fue criticado inicialmente por un excesivo academicismo, que se traducía en una lenta respuesta para los estándares de Wall Street, acostumbrado al gatillo fácil de Greenspan con los tipos. Pero una vez metido en la harina de la crisis, le han llovido palos por el lado contrario: en agosto, con el huracán subprime y el reventón inmobiliario, bajó drásticamente los tipos de interés y eso ha provocado inflación y el declive del dólar, un pecado imperdonable en Estados Unidos. Para tratar de detener el creciente agujero de la crisis bancaria aceptó activos tóxicos a cambio de dar liquidez a las entidades financieras, y fue acusado de poner en peligro el dinero de los contribuyentes. Y cuando las cosas se pusieron peor, dio luz verde al rescate de Bear Stearns (al que después siguieron varios más) y, según sus adversarios, eso ha puesto en peligro la independencia de la Fed.

Bernanke lidia con dos sombras alargadas. Es más discreto y mucho más claro y didáctico que Greenspan, pero eso le resta atractivo como oráculo de las Bolsas. Y es prácticamente un negativo de Paulson: un académico frente a un ex tiburón de Wall Street, un economista circunspecto, tranquilo y un poco aburrido ante la última figura de la televisión estadounidense.

Fuente: El País

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Autor: donquijote2000

Abogado, Especialización en Derecho Económico Internacional. Experiencia en Banca como Director, Consultor Jurídico, Compliance Officer in Anti-Money Laundering, Director en Hoteles y Asesor en Finanzas tanto en el sector Público como Privado. Por último, cansado de tantas mentiras o medio verdades.

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