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El día que un cisne negro anidó en Wall Street

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Lunes 29 de Septiembre de 2008

La teoría sobre este fenómeno fue desarrollada por Nassim Nicholas Taleb, gurú de las finanzas, que afirma que la historia no está dominada por lo predecible sino por lo altamente improbable. Su correlato con la actual crisis. Por qué su libro despertó el interés de los analistas del mundo entero

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Desde Wall Street hasta Buenos Aires, pasando por Londres y Hong Kong, existe la creencia de que se puede predecir el futuro; que lo que va o ocurrir en el mundo se puede conocer y que el riesgo puede ser medido y gestionado.

Nassim Nicholas Taleb no lo cree. En su libro, El cisne Negro, el gurú de las finanzas sostiene que la historia no está dominada por lo predecible sino por lo altamente improbable, lo disruptivo, por los eventos no previstos que Taleb denomina Cisnes Negros.

¿Qué es un cisne negro?
La mejor forma de entender el concepto de cisne negro está en las propias palabras de Taleb: “Por un instante, asumamos que estamos en una clase de ciencias naturales en un instituto holandés allá por el año 1690.

El profesor nos habría explicado que el plumaje de los cisnes era blanco. Incluso, alguien podría haber “descubierto” una teoría para justificar el color blanco de las plumas y esta teoría podría haber llegado a ser aceptada por la comunidad científica de la época.

El problema surgiría cuando en 1697, exploradores europeos se dirigieron a Australia y encontraron entre la numerosa fauna que poblaba la isla, cisnes negros”.

En palabras del propio autor, “antes de ocurrir, los hechos son impredecibles. Después, retrospectivamente naturalmente son claramente predecibles. Incluso tenemos métodos científicos para explicar lo que pasó. Es como… la explicación de la primera guerra mundial. Todos los libros de historia explican porque ocurrió.

Pero eso no fueron los motivos. Sostienen que tuvo lugar porque habían muchas tensiones, tanto en Inglaterra como por otro lado entre Austria y Alemania. Sin embargo, históricamente han habido muchas tensiones entre países, que no necesariamente desembocaron en un conflicto bélico, como sí ocurrió otras veces. De manera que ¿cómo pudo ser esa la causa?, razona el autor.

“Lo que tendemos a hacer – explica – es observar un evento, luego vemos que pasó antes y entonces muchas veces los relacionamos”.
Un caso mucho más sencillo y actual es Google. Para Taleb, “nunca sabremos que es lo que causó el fenómeno Google. Pues ya había otros buscadores como Altavista”.

Taleb agrega que “Google no era predecible. Después de que ocurren, naturalmente siempre es fácil encontrar razones, en lo que se denomina la “falacia narrativa”. Como con la gran guerra. Después de los hechos encontramos las causas y en realidad le puedo asegurar que no son casi nunca las causas reales.

No nos gusta aceptar el hecho que vivimos en un mundo que no lo entendemos, con eventos que ocurren constantemente fuera de lo imaginable. No queremos aceptarlo. Por ello inventamos historias para convencernos a nosotros mismos de que si entendemos el mundo”.
El profesor Taleb define al cisne negro como un hecho fortuito que satisface estas tres propiedades:

  • Gran repercusión,
  • Probabilidades imposibles de calcular y
  • Efecto sorpresa.

En primer lugar, su incidencia produce un efecto desproporcionadamente grande. En segundo lugar, tiene una pequeña probabilidad pero imposible de calcular en base a la información disponible antes de ser percibido el hecho. En tercer lugar, una propiedad nociva del cisne negro es su efecto sorpresa: en un momento dado de la observación no hay ningún elemento convincente que indique que el evento vaya a ser más probable.

A partir de este punto el profesor Taleb hace un recorrido por todos y cada uno de los diferentes errores del razonamiento humano cuando se encuentra frente a los “cisnes negros” o sucesos improbables.

Desde luego, estas propiedades no son ajenas a las crisis financieras que vivió el autor cuando se ganaba la vida como operador bursátil. Nassim Taleb explica “la poca capacidad que tenemos para predecir los grandes acontecimientos cuyos impactos cambiarán el futuro, y de nuestra obsesión por la modelización de la realidad”.

“Creemos contar con la verdad, puesto que partimos de modelos “científico-matemáticos” de validación, pero no nos damos cuenta de que las premisas que aceptamos como válidas no siempre lo son”, dice el autor en su obra.

“La realidad nos demuestra día a día que el movimiento no viene de las cátedras, sino del dinamismo vivo. Seamos más críticos y partiendo de una basta pluralidad de fuentes, montemos nuestro propio criterio, el cual puede ser más o menos acertado; pero será el nuestro”, agrega Sergio Estevez, del Instituto de la Empresa de Madrid. 

Los efectos de guerras, crisis de las bolsas e innovaciones tecnológicas radicales son magnificados precisamente porque rompen con las expectativas de un universo ordenado. En un mundo de cisnes negros, el primer paso es entender cuanto no se podrá nunca entender.

Muchos cisnes negros pueden ser altamente negativos, como el ataque de las torres gemelas por parte de Al-Qaeda, la crisis de la deuda latinoamericana en la década de 1980 o incluso la actual crisis financiera global, aún no resuelta. Pero muchos otros cisnes negros son positivos, como la aparición de Internet, el éxito de Google o YouTube o la publicación de “Harry Potter”.

¿Por qué no reconocer el fenómeno de los cisnes negros hasta que éstos se producen?
Según Taleb, los seres humanos se obcecan en averiguar lo específico, cuando deberían centrarse en las generalidades. “Somos incapaces de estimar realmente las oportunidades, demasiado vulnerables al impulso a simplificar, narrar y categorizar, y no lo bastante abiertos a recompensar a quienes saben imaginar lo “imposible”.
El cisne negro actual
Para muchos analistas la mejor referencia para entender la actual crisis financiera global se la puede encontrar precisamente en este libro. La cuestión no es menor si se aplica a losoperadores de los mercados, que aun siendo conscientes de la posible aparición de cisnes negros (crisis bursátiles de 1929 y 1987, colapso del hedged fund LTCM tras la crisis rusa…), muestran una incapacidad manifiesta para siquiera haber considerado anticipadamente tales eventos.

A lo largo de esta crisis son múltiples los ejemplos sobre la aparición de cisnes negros. El primero fue, tal vez, el reconocimiento de la Financial Services Authority (FSA), el supervisor británico, por su falta de acción preventiva en el rescate del Banco Northern Rock.

En su descargo, la autoridad monetaria inglesa no sólo admitió esa incapacidad de anticipación, sino siquiera de una previa evaluación de tal posibilidad, en el contexto de crisis de liquidez que ya se cernía desde mediados de 2007.

Otro ejemplo es la posterior transformación de esa crisis de liquidez en crisis de crédito y el estrangulamiento y distorsión de los mercados, a partir de las hipotecas subprime americanas, que, junto al extraordinario y simultáneo desarrollo de estructuras financieras y derivados de crédito, han constituido el origen de la crisis.
En fin, el rescate de Bearn Stearns, de Fannie y Freddy, la quiebra de Wamu (Washington Mutual), la caída de Lehman Brothers y el paquete de emergencia diseñado por el gobierno de Bush, para evitar la destrucción del sistema financiero de su país son claros exponentes del alcance de una crisis financiera cuya duración y desenlace no es fácil de pronosticar.

Lo que si parece estar más claro es su calificación de cisne negro.

A pesar de las alabanzas recibidas, no todos adoran a este rebelde con doctorado en finanzas que se declara admirador de George Soros. De hecho, parece que tiene bastantes detractores.

Según explica Pablo Triana, director del Centre for Advanced Finance, “Taleb seguramente aparece como un nuevo autor sorprendentemente influyente e impactante. Sus ideas probablemente sean consideradas obvias después de la publicación del libro. Es decir, para esa gente Taleb en sí sería un cisne negro”.

“Pero para los expertos en derivados, nada estaría más lejos de la realidad. Dada su condición de veterano exitoso del negocio de las opciones, no hay absolutamente nada extraño en el demoledor y revolucionario éxito literario de Taleb”, concluye Triana.

Los modelos de gestión en la mira
En su obra, Taleb crítica los modelos de gestión de riesgos que se usan actualmente, y que han hecho ganar a algunos académicos su Nobel de Economía (Taleb cita expresamente a Robert C. Merton y Myron S. Scholes, promotores del fiasco del LCTM) que excluyen precisamente los eventos raros que aparecen de vez en cuando y cuyos efectos económicos pueden ser muy importantes.

Estos académicos y muchos analistas cuantitativos tranquilizan a los ejecutivos de las empresas, los reguladores y los inversores con una ilusoria sensación de seguridad que no tiene para nada en cuenta la aparición ocasional de cisnes negros que pueden dejar arruinados a más de uno.

Para Taleb esta “falacia de la regresión estadística” que consiste en creer que la probabilidad de futuros eventos es predecible examinando acontecimientos de eventos pasados está muy arraigada entre los actores económicos, que tampoco entienden que la aleatoriedad estructurada que encontramos en los juegos de azar (teoría de probabilidades clásica) no se parece a la aleatoriedad que encontramos en la vida real.

En la obra, Taleb destaca que “vivimos con la ilusión del orden, creyendo que la planificación y la previsión son posibles. Nos perturba tanto lo aleatorio que creemos disciplinas que intentan dar sentido al pasado, pero en última instancia, no conseguimos entenderlo, al igual que solemos fallar prediciendo el futuro.

Por razones prácticas, resulta que los seres humanos preferimos funcionar con previsiones y predicciones, aunque casi siempre se revelan equivocadas”.

“Los humanos creemos que la innovación se puede planificar. Sin embargo, las innovaciones importantes suelen ser descubiertas por accidente, pero no se reconoce así cuando escribimos la historia.

Las tecnologías que dominan el mundo actual (como Internet, la PC y el láser) no se utilizan en la forma prevista por los que las inventaron y una parte considerable de los descubrimientos médicos no están planificados en los proyectos de investigación oficiales sino que surgen por puro azar” agrega el ex trader.
Lejos de ofrecer recetas matemáticas para calcular la probabilidad de los sucesos raros (cisnes negros) para protegernos frente a la incertidumbre, lo que aporta el profesor Taleb es una buena dosis de sentido común: nunca llegaremos a conocer lo desconocido ya que, por definición, es desconocido.

Sin embargo, siempre se podría imaginar cómo nos afectaría. Es decir, las probabilidades de los cisnes negros no son computables, pero sí podemos tener una idea muy clara de sus consecuencias.

Esta es una idea-fuerza para la gestión de la incertidumbre: para tomar una decisión tenemos que centrarnos en las consecuencias (que podemos conocer) más que en la probabilidad. Estar preparado ante la aparición de los cisnes negros es más importante que dedicarle tiempo y esfuerzo a calcular la probabilidad de su ocurrencia.

Rubén Ramallo
©iProfesional.com

Fuente: InfobaeProfesional

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Autor: donquijote2000

Abogado, Especialización en Derecho Económico Internacional. Experiencia en Banca como Director, Consultor Jurídico, Compliance Officer in Anti-Money Laundering, Director en Hoteles y Asesor en Finanzas tanto en el sector Público como Privado. Por último, cansado de tantas mentiras o medio verdades.

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