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Puestos a exportar, China vende a Occidente su modelo bancario

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S. McCoy – 14/10/2008

Concluía mi artículo del pasado fin de semana con lo que, a mi juicio, era una evidencia palmaria. Los sistemas bancarios del mundo occidental no estaban, con las últimas decisiones acordadas por sus respectivos gobiernos, si no implantando el modelo desarrollado por China a partir de la apertura parcial de su economía al libremercado. Toda una paradoja, la verdad. Un esquema cerrado, en el que prima el control por parte del Estado. Un control que se deriva de la consideración del sector como clave para la seguridad nacional. De ahí el cierre de fronteras a la inversión extranjera salvo en supuestos excepcionales. Y que lleva a que la banca defina su actividad en función de las necesidades públicas, llámense éstas actuar como agentes de comercio exterior, control de divisas, o estimular aquellas actividades consideradas estratégicas por cumplir una función socio económica: mantener un ritmo de crecimiento que permita dar acomodo a la ingente migración campo-ciudad. Una realidad financiera esencialmente opaca, y potencialmente corrupta, que han logrado hacer compatible con el pseudo capitalismo productivo imperante en el país.

¿Una afirmación aventurada? Sin duda. Pero no deja de tener su base de realidad en la medida en que la intervención global de las finanzas mundiales que hemos visto a lo largo de los últimos tres días, aunque vestida con los ropajes del interés colectivo, lo que realmente persigue es salvaguardar los distintos entramados bancarios locales. Lo vimos con la nacionalización de Fortis, con la apertura unilateral de la caja de los truenos de las garantías por parte de Irlanda, con el efecto pendular que la crisis de Hypo Real Estate provocó en la donde-dije-digo-digo-Diego Angela Merkel o con el sálvese quien pueda, o mejor dicho: salvemos a quien podamos, del británico Gordon Brown, acción desesperada de aquél a quien las encuestas ya daban por fulminado. Del Plan estadounidense mejor ni hablar. Ha habido una constatación efectiva, por parte de los distintos gobiernos, de la necesidad de mantener una estructura financiera nacional sólida que garantice la correcta canalización del ahorro a la inversión y viceversa. La seguridad nacional, que es donde se encuentra precisamente el límite del libre mercado, ha caído encima de la mollera de las autoridades como la manzana de Newton. Y, como en aquél caso, las consecuencias van a ser enormes en la medida en que la participación estatal aleja la posibilidad de una regulación supranacional y aviva el fortalecimiento de las instituciones supervisoras y regulatorias de cada país.

Porque, en definitiva, miren lo que ha ocurrido. Tomemos el pasivo de la banca. Capital reforzado, con dinero público. Financiación mayorista avalada, por la administración pública. Interbancario respaldado por la ayuda pública. Depósitos de la clientela mayoritariamente garantizados, por una agencia pública. Es decir, toda la parte derecha del balance intervenida de forma directa o indirecta por el Estado. Casi nada. Pero es que si vamos al activo ocurre que parte de los créditos más ilíquidos de la banca comercial van a pasar a manos del aparato estatal a cambio de liquidez efectiva, se supone que con una finalidad determinada; es decir, con una orientación de su destino final de carácter igualmente público. Estaría bien, llegados a este punto, que alguien me explicara las diferencias con el modelo de socialismo financiero, capitalismo productivo impuesto por China al que hacíamos referencia al principio de este artículo. A servidor le cuesta sinceramente encontrarlas, aunque para eso están todos ustedes que se dedican al sano ejercicio diario, que acepto con atribulada humildad, de collejear mi cogote ante mis sonoras meteduras de pata intelectuales. Aquí les espero con el cuello gacho.

Un cambio de modelo que está por ver si deviene en estructural o si, por el contrario, es circunstancial, fruto de medidas excepcionales para tiempos que igualmente lo son. Servidor tiene sus dudas. Todo dependerá de la evolución, primero, de la crisis financiera y, segundo, de sus secuelas económicas. La inmanencia de los cambios viene determinada, fundamentalmente, por el factor temporal. Y si esto no corrige y las autoridades continúan con su rol predominante, la vuelta atrás se irá complicando por momentos. ¿Está resuelta la crisis financiera? Ni mucho menos. El restablecimiento parcial de la confianza es un importante paso adelante (que ayer, pese a la subida de bolsa, no se acabaron de creer ni el crossover o diferencial de riesgo ni el VIX o medida de la incertidumbre, ambos cerca de los máximos) pero, para encontrar un punto de inflexión, se necesita de la estabilización del mercado inmobiliario (al que, en Estados Unidos le queda al menos un año) y el desapalancamiento adicional de los balances bancarios (proceso al que la recapitalización de la banca ha resultado sin duda de ayuda pero que, en mi modesta opinión, no va a servir para reactivar inmediatamente el crédito ante el riesgo de nuevas pérdidas potenciales).

En cuanto a la situación económica, la recesión es ya inevitable, como ha reconocido el propio Bill Gates -que eleva su expectativa de desempleo al 9% en Estados Unidos, muy por encima del consenso de los analistas-, y está por ver si la urgente adopción de medidas de los últimos días puede haber evitado que, lo que finalmente acontezca, sea una depresión caracterizada por la ausencia de demanda interna, la deflación y la vigencia de la ilusión monetaria y la trampa de la liquidez. En cualquier caso, a día de hoy, la solicitud de un nuevo Bretton Woods que fije las normas por las que las fichas financieras se han de mover en el futuro tablero internacional, resulta una invitación buenista a la nada. Está todo demasiado reciente. El primer acuerdo marco se materializó quince años después del Crash de 1929. Cierto, la globalización acorta los plazos. Pero, ojalá me equivoque, el ande yo caliente en versión nacional presidirá el mundo financiero mundial los próximos doce a dieciocho meses. Como siempre una opinión más. Quedo a su disposición.

Fuente: Cotizalia

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Autor: donquijote2000

Abogado, Especialización en Derecho Económico Internacional. Experiencia en Banca como Director, Consultor Jurídico, Compliance Officer in Anti-Money Laundering, Director en Hoteles y Asesor en Finanzas tanto en el sector Público como Privado. Por último, cansado de tantas mentiras o medio verdades.

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