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No olviden el hambre en América Latina en el “Día Mundial de la Alimentación”

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15 OCT 2008

“No nos olviden. No olviden el hambre ni la crisis alimentaria”, es el mensaje, aunque sea de forma informal, que la FAO quiere enviar este año a los países ricos con motivo de la celebración del Día Mundial de la Alimentación.

Infografías: AFP
Fotos: EFE

Con esas palabras, María Sumpsi, expresaba el principal temor de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO): que la crisis financiera desplace a la de los alimentos del primer plano de la agenda política mundial.

Una situación que sería lamentable porque “en el último año se había logrado sensibilizar a la opinión pública y a los países donantes sobre la crisis alimentaria”, afirmó Sumpsi.

Esa crisis, originada por el alto precio de los alimentos, ha provocado que en el último año el número de hambrientos en el mundo haya aumentado en 75 millones y ahora ascienda a 923 millones, según estimaciones de la FAO.

Como ejemplo de la concienciación internacional, el subdirector general de la FAO citó “elreconocimiento de la infravaloración de la agricultura” hecho durante la cumbre sobre seguridad alimentaria celebrada en junio pasado en Roma.

Por ese motivo, los mandatarios mundiales, entre ellos los de países como Francia y España, aceptaron aumentar los recursos para la ayuda al desarrollo y se comprometieron a movilizar una gran cantidad de fondos.

“Ahora, concentrando sus esfuerzos en los rescates financieros con miles y miles de millones de dólares, los países donantes nos dicen que no es el mejor momento para darnos ese dinero”, destacó Sumpsi.

El subdirector general de la FAO dijo, no obstante, que eso no significa que los donantes no vayan a cumplir sus compromisos.

Sumpsi añadió, que el problema es el haberse comprometido a dar el dinero en un plazo de tres o cuatro años, “probablemente no lo entreguen de inmediato, sino que esperarán a que la situación mejore”, lo que puede crear ciertas disfunciones en el diseño de los programas de ayuda.

Preguntado sobre qué piensa de que los países ricos movilicen cientos de miles de millones de dólares para rescatar el sistema financiero cuando con mucho menos se podría contribuir a mitigar el hambre en el mundo, Sumpsi observó que es un hecho “triste”, pero advirtió que “no se puede caer en la demagogia”.

“Por un lado, es una reflexión dramática y triste que en pocas horas se movilice tanto dinero para rescatar bancos que han tenido malos gestores cuando con mucho menos se podía hacer muchísimo para eliminar el hambre”, sostuvo Sumpsi, catedrático de Economía y Política Agraria.

Sin embargo, explicó que “el problema del hambre no es sólo una cuestión de dinero“, ya que además exige la creación de una serie de infraestructuras y la toma de unas decisiones políticas que van más allá de los recursos económicos.

En cambio, declaró que la crisis financiera sí es un problema de dinero básicamente y la solución consiste en inyectar liquidez para “retirar todos los productos basura y limpiar el sistema”, después de lo cual debe continuar funcionando.

Sumpsi apuntó como un efecto positivo de la crisis financiera la actual bajada del precio de los alimentos, ya que el dinero se está retirando del mercado de materias primas de Chicago, donde se cotizan los cereales y otros artículos de primera necesidad.

No obstante, pese a esa disminución, los precios de los alimentos están aún un entre un 40 y un 80% más caros, explicó Valerie Guarnieri, directora del Programa de Diseño y Apoyo del Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA).

Guarnieri coincidió con Sumpsi en que el principal temor del PMA es que la crisis financiera “afecte el deseo de los países donantes de contribuir a cubrir las necesidades urgentes en todo el mundo”.

“Los donantes han sido extremadamente generosos, pero el problema es que las necesidades han crecido pero, incluso con estas generosas contribuciones, todavía es necesario conseguir más dinero”, concluyó.

No obstante, se declaró “sorprendida” ante la cantidad ingente de dinero movilizada para el rescate financiero cuando sólo asegurar una taza de cereales para todos los niños que van a la escuela en los países pobres costaría tres mil millones de dólares.

En el caso específico de América Latina, por ser una región exportadora, el alza en los precios de los alimentos y los combustibles ha provocado seis millones más de hambrientos y un retroceso a la situación que padecía a comienzos de siglo.

Según la oficina de la FAO para América Latina y el Caribe, la crisis de los dos últimos años ha elevado a 51 millones el número de personas que viven en la miseria.

“La región tiene un superávit de alimentos; sin embargo, la desigualdad en la distribución del ingreso dificulta el acceso de muchas familias a los alimentos”, señala la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés).

Pero “la situación podría empeorar aún más debido a la inflación y una posible recesión o desaceleración del crecimiento económico”, considerando que “en los últimos años la región creció a un ritmo que no se veía desde el inicio de los setenta”, dijeron a Efe los expertos de la FAO.

Los países más perjudicados son los importadores netos de alimentos y energía, como los de Centroamérica y el Caribe, mientras que las naciones andinas están promoviendo la recuperación de los alimentos originarios para disminuir su dependencia de las importaciones y fortalecer su soberanía alimentaria.

Sin embargo, la restricción del acceso al crédito como consecuencia de la crisis financiera puede dificultar su capacidad exportadora, advierte la FAO.

Esta institución propone tanto medidas urgentes, para resolver las situaciones más acuciantes derivadas del alza de precios de los alimentos, como cambios estructurales a largo plazo que permitan garantizar la seguridad alimentaria en América Latina.

Según datos de la FAO, uno de cada diez habitantes sufre desnutrición en América Latina, donde reducir el hambre a la mitad para el año 2015 (uno de los Objetivos del Milenio suscritos por 191 países) requerirá que cada año tres millones de personas dejen de vivir en la miseria.

En 2005, la FAO puso en marcha la “Iniciativa América Latina y Caribe Sin Hambre”, una campaña que ya arroja avances sustantivos, especialmente en Argentina, Brasil, Ecuador, Venezuela y Guatemala, donde se han promulgado leyes para garantizar el derecho a la alimentación de los ciudadanos, estimular el consumo de alimentos y aumentar su producción.

En el extremo opuesto está Haití, expuesto a todo tipo de inseguridad, desde el paso de los huracanes hasta una inestabilidad política que hace fracasar todos los programas contra la desnutrición.

Según el responsable de la Coordinación Nacional para la Seguridad Alimentaria (CNSA) de ese país, Gary Mathieu, un mínimo de 3,3 millones de personas tiene problemas para alimentarse en Haití tras el paso de los ciclones, que afectaron las cosechas y la producción agrícola.

El paso de dos huracanes también afectó a inicios de septiembre a Cuba, donde 110.000 hectáreas de cultivos quedaron arrasadas y se perdieron 5.300 toneladas de alimentos, a pesar de lo cual el Gobierno asegura que no hay razones para afirmar que haya una “hambruna”.

Distinto es el caso de Brasil, uno de los mayores productores mundiales de granos y prácticamente autosuficiente en la producción de alimentos, aunque la crisis de los alimentos también ha impactado en su inflación.

Por ello, el Gobierno ha anunciado medidas para facilitar las compras de trigo, uno de los pocos productos que el país necesita importar, así como otras iniciativas para impulsar la producción agrícola, que este año volverá a ser récord.

En Perú, de momento, no hay crisis alimentaria, si bien el encarecimiento de algunos productos básicos como el pollo y el arroz han hecho saltar algunas alarmas, provocando quejas de asociaciones civiles y sindicales, que culpan al Gobierno.

El sector agropecuario de Argentina, uno de los mayores productores de alimentos del mundo, acaba de protagonizar su quinta huelga comercial, y desde marzo pasado los precios de los alimentos han subido un 30 por ciento en promedio en un contexto de inflación que las autoridades se niegan a reconocer.

En Venezuela rige desde 2003 un control de precios aplicado sobre algunos alimentos de la cesta básica, con lo que el coste de productos básicos está regulado por el sector público, que además dispone de una red de supermercados con productos subvencionados.

En México se registró en la primera mitad de este año una elevación de los precios de los granos y algunos productos agrícolas debido a la crisis alimentaria y energética mundiales.

Mientras tanto, en Guatemala, la subida de los precios de los combustibles y los granos básicos amenaza con incrementar en 1,3 millones el número de pobres en un país donde la mitad de la población ya lo es.

Con información de EFE

Fuente: Noticias24

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Autor: donquijote2000

Abogado, Especialización en Derecho Económico Internacional. Experiencia en Banca como Director, Consultor Jurídico, Compliance Officer in Anti-Money Laundering, Director en Hoteles y Asesor en Finanzas tanto en el sector Público como Privado. Por último, cansado de tantas mentiras o medio verdades.

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