La Economía de los no Especialistas

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¿Una cumbre? Será para redefinir el papel de los políticos, ¿no?

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S. McCoy – 27/10/2008

Esto del ataque al capitalismo se ha convertido en el deporte de moda de gran parte de la clase política mundial en nuestros días. No crean que se trata de una acción gratuita, despegada de cualquier interés, que simplemente persigue aumentar el bienestar colectivo de los representados. Qué va. Es un ejercicio de distracción más, que tiene por como finalidad última, en las naciones en las que se invoca, distraer la atención ciudadana de los propios errores y asegurar así la propia supervivencia de los actores que interpretan esta farsa. Sé que suena un poco a teoría conspiratoria. Pero este artículo no va por ahí, no le busquen tres pies al gato. Porque no puede; aunque quisiera, que no quiere. La reiteración en la hipocresía consentida que ha venido caracterizando, cada vez más, la actividad pública en los últimos años ha hecho de este tipo de discursos algo mecánico e inconsciente. Fue sin querer queriendo, que diría el Chapulín.Parte de una obsesión permanente por encontrar factores que eximan de responsabilidades inexcusables y den argumentos suficientes para convertir a los autores o colaboradores en la tragedia, primero en víctimas y por último en salvadores de la patria global. Basura intelectual. ¿Una cumbre? Correcto, si sirve para arreglar el desaguisado que los propios políticos han creado. Pero con una segunda derivada; la necesaria reforma posterior del papel de los gobernantes.

La crítica al modelo liberal hay que situarla en el entorno el que dicho sistema de libre mercado se desenvuelve en el ámbito financiero, en general, y en el bancario, en particular. Era, y sigue siendo, uno de los sectores más intervenidos, regulados y supervisados de toda la economía. Sin duda alguna. No hay que olvidar quién fija el precio del dinero en primera instancia. Ni quién impide las prácticas usureras. O autoriza la aparición de una nueva entidad frente a la libertad de empresa de otras industrias. Los agentes privados que integran las finanzas no operan en un ámbito de libertad absoluta –laissez faire demoníaco y vil- que pasa por encima de cualesquiera reglas de actuación que se les quiera imponer. Más bien al contrario. Y les puedo asegurar una cosa: ninguno de ellos ha sido capaz per se de cambiar una coma de las normas que regulan su funcionamiento o de relajar las restricciones a su comportamiento que crisis anteriores habían aconsejado. El escenario en el que desempeñan su actividad, y que determina la capacidad de cometer abusos, primero, y no ser sancionados por ellos, después, corresponde en exclusiva a los mismos que farisaicamente ahora se mesan los cabellos y claman ahora a grito pelado contra las remuneraciones excesivas, los modelos de negocio inadecuados y los excesos cometidos. Dicen que del consentimiento al remordimiento media sólo el conocimiento. Pues bien, visto lo visto, el único que ha dicho algo ha sido Greenspan, que el hombre querrá llegar con la conciencia limpia al juicio final. Los demás, nada de nada. Eso sí, a todos se les llena la boca con el necesario cambio de modelo que evite repetir los errores del presente. En fin.

Mientras la banca contribuía con sus beneficios y financiación al engorde de la vaca, el conflicto era inexistente. Existía de facto una connivencia, que ahora se quiere ocultar, derivada de la condición de late cyclical propia de la banca -donde hay un duro a ganar, en un entorno de competencia casi perfecta, tengo que estar- y de la entrada en esa categoría de la acción política ya que el ejercicio del gobierno se hace encaminado exclusivamente a la siguiente elección, sin detenerse ni por un minuto a pensar en el día después. Vean si no el discurso pre y post electoral en España este mismo año. Ejemplo vivo de ese cortoplacismo y esa falta de control de los riesgos que tanto se critica hoy de la esfera bancaria privada. Una vocación electoral a la que involuntariamente contribuían con su lucrativa actividad unas entidades a las que era mejor dejar hacer, laxitud que regía especialmente en el mundo anglosajón. Y una desvirtuación del servicio a la res pública que debería ser objeto de severo juicio por la población, visto su impacto en materias de tanta relevancia como la educación, por poner sólo un ejemplo. Si se fijan, prácticamente ni uno sólo de los gobiernos que existían durante la gestación de la crisis ha cambiado de signo en las principales economías del mundo. Cambian los nombres pero no las siglas. Los mismos que fueron incapaces de prevenir lo que se estaba gestando, entre otras cosas porque miraban complacidos la foto tan ideal que de los excesos resultaba para la posteridad, crecimiento sin parangón, son ahora los que condenan el sistema capitalista y de libre mercado como el peor de los mundos posibles. Hay que pensar, precisamente, en la siguiente cita con las urnas. Qué pena.

Ahora vamos al acto final de toda esa tragedia. Aquella en la que con tanto ahínco persigue un papel, aunque sea de extra, nuestro gobierno en nombre de una España que, una vez vistas las cifras de paro y el estrangulamiento financiero de nuestra economía, seguro prefiere barcos sin honra que honra sin barcos, que no está la cosa como para distraerse en grandilocuencias y empresas imposibles. Un Bretton Woods II que encontraría su justificación, mensaje repetido hasta la saciedad por los distintos analistas de la prensa a lo largo del fin de semana, en una globalización económica que requiere un control igualmente supranacional y que, paradójicamente, coincide con la mayor crisis de liderazgo mundial de las últimas décadas. El resultado es más que previsible, y sólo una derivación hacia lo que algunos autores han dado en llamar capitalismo social, con una mayor preocupación por el desarrollo del conjunto de la sociedad y de los países más pobres y por la concienciación medioambiental, podrán distraer las conclusiones de más regulación, mejor supervisión y mayor control. Es evidente. El problema, que nunca figurará por escrito, es que la memoria electoral es muy corta. De ahí que los errores del pasado sean sistemáticamente repetidos en el futuro cuando nuevos líderes requieran de nuevos servicios bancarios de los que se deriven nuevos excesos que utilizarán, mientras dure la alegría, en su propio beneficio. El ciclo de los mercados es el ciclo no sólo de la ambición de los banqueros sino también la de los políticos. No se lleven a engaño. Los mismos que han sido incapaces de prever, inútiles para atajar, infantiles al contemplar y crédulos tras actuar sin resultado aparente de momento, se arrogan ahora la prebenda de diseñar, en su nombre y en el mío, el mapa que ha de gobernar nuestras vidas en el futuro. Personalmente, me dan ganas de salir corriendo. Buena semana a todos.

Fuente: Cotizalia

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Autor: donquijote2000

Abogado, Especialización en Derecho Económico Internacional. Experiencia en Banca como Director, Consultor Jurídico, Compliance Officer in Anti-Money Laundering, Director en Hoteles y Asesor en Finanzas tanto en el sector Público como Privado. Por último, cansado de tantas mentiras o medio verdades.

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