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El sector automotriz chocó de frente con la crisis y sus daños son peores a los de los bancos

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Las tres cuartas partes de las firmas del sector perdieron más de un 50% de su capitalización bursátil en pocos meses. La situación en la Argentina

El sector automotor de los EE.UU. vive en la actualidad una de sus horas más dramáticas, pues alguno de los más emblemáticos gigantes industriales corre peligro de desaparecer.

La desaceleración económica, la caída de la confianza de los consumidores y el cierre del mercado de crédito son algunas de las causas que explican el sombrío panorama que hunde a las compañías automovilísticas.

“La sangría se ha extendido por completo”. Esta es la frase empleada por un director de General Motors al conocer los últimos datos de ventas y que describe, de forma breve, la actual situación que vive el sector automovilístico.

El reflejo en la bolsa
En lo que va de año, el 73% de las principales firmas mundiales del sector han perdido más de un 50% de su capitalización bursátil. Sólo Volkswagen se salva del desastre, pues acumula un repunte del 167%, auspiciado por las compras de Porsche.

Los temores sobre el mundo automotor han provocado que los descensos de este sector superen incluso al maltrecho negocio financiero. Tal es así que los números rojos de las firmas automovilísticas que cotizan en bolsa superan por lejos a las pérdidas de, por ejemplo, Merrill Lynch.

Así, el índice S&P 500 Financial ha cedido un 50%, frente al 69,5% de pérdidas registradas por el indicador S&P automobile. Igual signo registran las cotizaciones individuales de cada empresa. General Motors copa el mayor retroceso con un descalabro superior al 80 por ciento.

Un porcentaje superior al de Goldman Sachs o Citigroup que caen cerca de un 60% en lo que va de año. En línea con estos descensos se mueven otras firmas automovilísticas. Ford pierde un 70% hasta noviembre, Renault, un 77%; Fiat y Peugeot, el 64% o Daimler, en torno al 60%. Ni siquiera el mayor fabricante de la India, Tata Motors, logra despegar (-77 por ciento).

El caso General Motors
El tiempo corre en contra de General Motors mientras busca, desesperadamente, un rescate que le permita salir a flote. El viernes pasado, la compañía aseguró que podría no contar con el dinero suficiente para seguir con su actividad este año tras anunciar pérdidas por u$s4.200 millones. Según los datos de la empresa, su efectivo disponible es de u$s16.200 millones.

En este contexto, la empresa presentó ante la Comisión del Mercado Valores (SEC) de Estados Unidos documentos en los que señala que planea reducir su nómina salarial en alrededor de 5.500 empleados.

El efecto del anuncio fue inmediato: el lunes perdió un 22,9% de su valor en Wall Street y el martes restó otro 14 por ciento. Al cierre de los mercados, los títulos de la automotriz se cotizaban a 2,89 dólares, con lo que su valor es el nivel más bajo desde 1946.

Analistas de Barclays Capital y Deutsche Bank redujeron sus cálculos sobre el precio objetivo de los títulos de GM hasta 1 y cero dólares, respectivamente, y advirtieron que en los próximos meses la compañía podría verse obligada a discontinuar sus operaciones, por lo que podría declararse en bancarrota, a no ser que reciba una inyección de fondos proveniente del sector público.

Ya en el pasado mes de julio Merrill Lynch adelantaba en un informe las dificultades por las que atravesaba la compañía. En aquel entonces, los analistas de la firma no descartaban que la empresa entrase en quiebra y apuntaban la necesidad de conseguir unos u$s15.000 millones en efectivo para reforzar su liquidez.

Merrill estimaba que el “extremado” deterioro en el volumen de ventas estaba erosionando de manera alarmante su posición de liquidez, aunque en esa ocasión, la compañía aseguró tener liquidez suficiente para el resto del ejercicio, pese a los menores volúmenes de negocio.

La crisis también se extiende a Ford y Chrysler
De no mediar un rescate a manos del gobierno de EE.UU., el colapso de las tres fabricantes estadounidenses en 2009 podría provocar la destrucción de 3 millones de empleos durante el primer año y reducir en unos u$s150.700 millones los ingresos personales de los estadounidenses, según los datos del Centro de Investigación Automovilística de EE UU.

En los últimos días las empresas lanzaron varios pedidos para sumar a las firmas del motor en el plan de rescate del Gobierno de EE.UU. Pero para acceder al mismo las empresas deben ser financieras, es decir, deben estar bajo la órbita de los reguladores federales.

Recientemente el ex secretario del Tesoro estadounidense y actual presidente del fondo de inversión Cerberus – que posee el 51% de GMAC y la totalidad de Chrysler Financial- John Snow, ha reclamado la ayuda del Gobierno para estas compañías dada la importancia y peso que tiene este sector dentro de la economía del país.

Pero GMAC, el brazo financiero de GM, podría enfrentar dificultades para beneficiarse del programa, pues según los requisitos del Gobierno de EE.UU., una empresa comercial no puede ser dueña de más de un 24,9% de un banco y General Motors es dueña de un 49% de GMAC.

La agencia de calificación Fitch Ratings anunció el martes una rebaja de seis escalones en la nota de su deuda de largo plazo. La nota fue fijada en “CC”, reflejando un riesgo probable de no reembolso, contra “B+” hasta ahora. Esta calificación queda bajo “supervisión negativa”, lo que significa que Fitch considera rebajarla aún más.

Fitch justificó esta rebaja por “las pérdidas operativas constantes, el examen de una reestructuración de la deuda y (la perspectiva) de convertirse en un holding bancario”, y añadió que la decisión refleja “en parte las perturbaciones que ocurren en el mercado de capitales y los problemas que se agravan en la economía”. Standard and Poor’s también había rebajado esta nota el viernes, a “CCC”.

Mientras se termina de perfilar el posible rescate, los representantes de GM, Ford y Chrysler han solicitado otro préstamo al Gobierno, después de recibir u$s25.000 millones destinados al desarrollo de coches con bajas emisiones de carbono.

El reclamo de Obama y la respuesta de Bush
Ante la gravedad de la situación, el portavoz de la Casa Blanca dijo el martes que la administración del presidente George W. Bush está dispuesta a acelerar la concesión de ayudas económicas ya aprobadas por el Congreso estadounidense.

Tony Fratto, su portavoz, dijo que la administración Bush considerará “las ideas del Congreso para acelerar fondos que ya han sido apropiados en el programa de préstamos” para la industria del automóvil.

El portavoz añadió que la única condición es que los “fondos vayan a firmas viables y con sólidas protecciones para los contribuyentes”. Las declaraciones de Fratto se producen horas después de que Bush se reuniera el lunes en la Casa Blanca con el presidente electo, Barack Obama, en su primer encuentro cara a cara tras la elección presidencial del pasado 4 de noviembre.

Durante la reunión, Obama trató la crítica situación del sector del automóvil estadounidense. También ayer, el presidente de General Motors, Rick Wagoner, declaró que los fabricantes estadounidenses -sumidos en perdidas financieras históricas- necesitan las ayudas federales antes de que Obama asuma la presidencia del país el próximo 20 de enero.

Pero la respuesta del secretario del Tesoro de EEUU, Henry Paulson, fue contundente. Dejó en claro que no extenderá el plan de rescate al sector automovilístico, si bien reconoció que la industria “necesita una solución”, porque es muy “importante” y “crucial” para el país.

Paulson compareció en rueda de prensa para dar una actualización de la evolución del plan de rescate de 700.000 millones de dólares que el Gobierno aprobó en septiembre para sanear el sector financiero.

El secretario del Tesoro subrayó que él y la administración del presidente George W. Bush considera a la industria automovilística “muy importante y esencial” para este país y que todo el Ejecutivo “respalda” a los fabricantes.

“Necesitamos una solución, pero esta solución tiene que ser viable” dijo, para añadir a continuación que “el plan de rescate fue diseñado para el sector financiero”.

Paulson explicó que “una idea” para una posible solución al problema del sector automovilístico es modificar la ley aprobada en septiembre por el Congreso para facilitar 25.000 millones de dólares en préstamos a la industria bajo un programa de incentivos para producir vehículos menos contaminantes. “Este programa podría ser modificado para liberar más fondos” para el sector automovilístico, dijo el secretario del Tesoro.

“Este es un asunto que necesita ser confrontado de forma urgente”, declaró Wagoner a la revista “Automotive News”. Y no es para menos, ya que las perspectivas para el próximo año probablemente no mejorarán, según datos del CSM Worldwide, dado que la producción automovilística en EE.UU. registrará en 2009 su nivel más bajo en 18 años.

La situación no se limita a EE.UU.
“Hay una falta total de confianza en la evolución económica”, señala a Bloomberg, Jesse Toprak, director de la firma Edmund.com dedicada al análisis de este negocio.
Las ventas de General Motors cedieron un 45% en dicho mes, mientras que las Ford o Chrysler restaron un 30% y un 35%, respectivamente.

“Los consumidores están esperando una caída en picada de los precios para comprar coches”, indica Toprak. Las ventas de vehículos en EE.UU. bajó un 32% hasta las 838.156 unidades durante el mes de octubre, un desplome que no se veía desde el año 1991.

Pero esta situación no es privativa de los EE.UU., ya que en todos los países se repite la misma escena: caídas a pique de la facturación. La ola recesiva se extiende también a India, donde las ventas cayeron un 14% en el último mes, el mayor desplome en ocho años.

Ante estas cifras, Tata Motors revisará sus pronósticos de ventas para el final de este ejercicio, del 13% inicial a no más del 8 por ciento.

Otros gigantes asiáticos sufren dramas parecidos. Toyota cede un 34% en los mercados, mientras que Nissan y Suzuki restan el 59% y el 54%, respectivamente. Más aliviada se encuentra la surcoreana Honda con un retroceso del 20 por ciento.

Los presidentes de Renault y Ford en España, Juan Antonio Fernández de Sevilla y José Manuel Machado, respectivamente, exigieron el miércoles al Gobierno “acciones” concretas para apoyar al sector de la automoción y apostaron por ayudas como las que ha recibido la banca, si es necesario.

En su intervención en la 23ª edición de las jornadas de automoción en el Iese en Barcelona, Fernández de Sevilla manifestó que, después de un plan Vive que “no sirve para nada”, la Administración debe “acercarse a la industria” para abordar la problemática como ya han hecho otros países (en alusión al plan de rescate al sector llevado a cabo por Estados Unidos).

Recordó que España, que tiene todas sus factorías en manos de grupos extranjeros, es el país que afronta en una posición “más débil” la previsible caída de la producción de vehículos no sólo este año sino también el próximo.

El presidente de Renault España subrayó que el modelo a seguir por España no es el inglés, sino el ejemplo de Alemania, y la labor que desarrollan sus autoridades “en defensa de la preservación de su industria”. Así, añadió, se evitará que, una vez superada la coyuntura actual, “se vea en el camino el solar de lo que había sido una factoría de automóviles”.

Para ambos directivos las voluntades del gobierno español deben llevarse a la práctica con celeridad y aseguraron que, además de las industrias —cuya producción cae un 10% este año– debe tenerse en cuenta a toda la red de concesionarios. “Ninguna empresa aguanta con caídas del 40%”, insistió Fernández de Sevilla.

En Italia la cosa no está mucho mejor. El fabricante italiano de automóviles Fiat tiene previsto suspender la producción de sus plantas en Italia entre cuatro y seis semanas el próximo mes de diciembre, como una acción orientada a amoldar su capacidad de producción a la caída de las ventas, informó hoy el representante del sindicato FIOM, Vittorio De Martino.

De Martino señaló que la suspensión temporal de la actividad productiva en las seis fábricas que posee en Italia (cinco de ellas se dedican a la producción de automóviles y una a la fabricación de vehículos comerciales) oscilará entre las cuatro y las seis semanas de duración, en función de la instalación.

Esta medida de paralización de la producción de forma temporal incluye a la fábrica que tiene la empresa en Mirafiori, en la ciudad de Turín, y que es la planta más grande que posee la empresa. El fabricante italiano de automóviles declinó hacer declaraciones.

La compañía que preside Luca Cordero di Montezemolo ha llevado a cabo un programa de paros temporales de actividad en sus plantas italianas entre agosto y noviembre, aunque ha decidido ampliar estas acciones, a causa de las dificultades económicas.

Esta acción es similar a la que han llevado a cabo otras marcas del sector en Europa, como el grupo PSA Peugeot-Citroën, que anunció recientemente que cerrará sus plantas por periodo de hasta 20 días antes de finales del presente ejercicio.

El impacto en la Argentina
Uno de los sectores más afectados en estos días por la crisis global es el automotor. Luego de haber sido durante los últimos años el motor del vigoroso crecimiento industrial posterior a la crisis de 2002, en 2007 la actividad registró un récord histórico de producción, con 544.600 unidades, la mayor cifra desde 1959, cuando las automotrices se instalaron en Argentina.

Pero la crisis global vino a dar por tierra con las estimaciones del sector, que en enero pasado pronosticaban un crecimiento continuo hasta alcanzar en 2010 una producción de 750.000 unidades.

Se frenaron totalmente las ventas a Brasil y a México, nuestros dos principales mercados externos, y para nosotros la exportación es un 27% de las ventas”, dijo una fuente de la francesa Renault, cuya fábrica está ubicada en la localidad de Santa Isabel, en la provincia de Córdoba.

Renault, que cuenta con unos 1.400 empleados, anunció el viernes la suspensión de mil operarios por diez días, luego de haber rescindido unos 350 contratos transitorios semanas atrás.

Las automotrices Volkswagen, que exporta un 95% de sus productos, e Iveco, del grupo Fiat, en Córdoba, también anunciaron suspensiones o adelanto de vacaciones, lo que es imitado por autopartistas.

En la provincia de Buenos Aires, Peugeot aplicó recortes de horarios a sus 4.000 operarios, mientras que en Mercedes Benz, con unos 2000 trabajadores, hay suspensiones rotativas.

La General Motors, cuya planta está en Santa Fe, despidió a 435 empleados, pero el gobierno provincial dictó conciliación obligatoria y están en plena negociación sindical.

El presidente de Fiat Argentina, Cristiano Ratazzi, indicó el martes que el problema que afecta a la industria automotriz “es una cuestión mundial, no solo de Argentina”, y se mostró confiado en que “Brasil se recupere más rápido que otros países”, lo cual favorecerá a la industria local fuertemente dependiente de las exportaciones al principal socio del Mercosur.

“La industria automotriz mundial tiene un problema”, señaló Ratazzi, al tiempo que precisó que “si uno mira la situación de las empresas norteamericanas, el mercado está por debajo de 20 ó 30 por ciento desde hace muchos meses; y en Europa, el mercado italiano está 20 por ciento abajo, y el español, 40 por ciento abajo”.

“La situación es bastante complicada. La crisis está instalada“, advirtió Leonardo Almada, secretario de prensa del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA), que nuclea a los trabajadores de la industria automotriz.

“La única forma en que se podría revertir la situación, es que suceda a nivel global”, lamentó Almada. Seguramente debe ser uno de los únicos puntos en los que existe un acuerdo entre las partes.

Rubén Ramallo
©iProfesional.com

Fuente: InfobaeProfesional

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Autor: donquijote2000

Abogado, Especialización en Derecho Económico Internacional. Experiencia en Banca como Director, Consultor Jurídico, Compliance Officer in Anti-Money Laundering, Director en Hoteles y Asesor en Finanzas tanto en el sector Público como Privado. Por último, cansado de tantas mentiras o medio verdades.

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