La Economía de los no Especialistas

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“Será que el verdadero objetivo de los ‘planes de recate’ fue salvar a los bancos?”

Harald Schumann, es un periodista Alemán. Él con su equipo está realizando un trabajo consistente en un documental sobre la llamada TROIKA, es decir, FMI, Banco Central Europeo y el Banco Mundial. En una interesante entrevista, deja una no tan velada indirecta a los bancos.

En el decorrer de la entrevista, el periodista dice que la ideia de resolver el problema de la deuda a través de la austeridad, fue un colosal fracaso, ya que ésta es aún más insustentable que antes de la crisis.

Todo el peso de los programas son asumidos por los trabajadores y por los contribuyentes de a pié, encuanto lo que él denomina las élites privilegiadas, que conseguem ocultar su riqueza a través de las offshores, y que en su entender son los mayores responsables de esta crisis sistémica  están consiguiendo lucrarse con los mismo programas de ajustes, poniendo como ejemplo la compra de valiosos activos del Estado a precios de saldo

Ante la pregunta de que si esa es su principal conclusión?, dice que ese  “rescate” errado, ese que apenas salvó a los inversionistas extranjeros, principalmente alemanes de perder en sus malas inversiones, mina a confianza en las instituciones democráticas dos países afectados.

En todo caso, la verdad y esto es mi modesta opinión, la historia económica de estos tiempos debe ser estudiada para corregir los errores del pasado. En nuestra manos está que no vuelva a acontecer. Qué opinan Ustedes?…

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Impotentes ante la Recaída

REPORTAJE: Primer plano

La debilidad de la economía reaviva el temor a una nueva recesión en Europa y EE UU

J. P. VELÁZQUEZ-GAZTELU 07/08/2011

trabajandoHubo un momento, hace ahora un año, en que parecía que la pesadilla terminaba. Aunque lentamente y de forma desigual, las economías de los países desarrollados volvían a crecer, y las medidas de estímulo adoptadas con tanto esfuerzo por los Gobiernos para salir de la recesión comenzaban a dar sus frutos. ¿Recuerdan los brotes verdes? Todo ello parece ahora un espejismo. Casi de repente, la economía mundial ha comenzado a dar de nuevo señales de extrema debilidad a ambos lados del Atlántico. El enfermo ha recaído, y la esperada recuperación se aleja.

Más allá de las dudas sobre la solvencia de España e Italia y de las disputas sobre fiscalidad en el Congreso de EE UU, la cuestión más preocupante es la incapacidad de los países llamados ricos para crear empleo y volver a crecer. Hace tan solo unas semanas a muchos le hubiera parecido una insensatez pronosticar una nueva recesión en Europa o en EE UU. Ahora, hasta los más optimistas coinciden en que estamos en el peor momento desde 2008.

"El segundo trimestre ha sido bastante peor que el primero en la eurozona", afirma Marie Diron, directora macroeconomía europea de Oxford Economics. "No es probable que los países centrales de la unión monetaria, como Alemania o Francia, caigan en recesión, pero sí lo es en economías periféricas como España o Italia, especialmente si la crisis de la deuda empeora".

Eurostat no difundirá hasta el 16 de agosto los datos oficiales del producto interior bruto europeo, pero los expertos apuntan ya que la economía sufrió un brusco frenazo en el segundo trimestre, comparado con el crecimiento del 2,5% interanual registrado entre enero y marzo. La propia Comisión Europea pronostica que el dato estará en torno al 1,5%.

Elwin de Groot, economista-estratega de Rabobank, subraya que la ralentización de la actividad en Europa debe analizarse en el contexto de una recuperación lenta y difícil tras una crisis financiera de enorme magnitud. "Estamos saliendo de una recesión profunda y, desde ese punto de vista, ya esperábamos una recuperación muy modesta. Seguimos en ese escenario". Los pobres datos de crecimiento de España e Italia conocidos el viernes, señala De Groot, confirman esa tendencia.

En EE UU, el panorama es aún peor que en Europa. La primera economía mundial ha crecido en los últimos seis meses apenas un 0,8% en términos interanuales, un ritmo claramente insuficiente para crear empleo. El consumo sigue sin remontar y la producción industrial está estancada. La tasa de paro, que lleva 30 meses por encima del 8%, está en el 9,1%. Este dato, difundido el viernes, fue algo mejor de lo esperado, pero ayudó poco a rebajar el pesimismo. El semanario The Economist cifra en un 50% las probabilidades de que EE UU entre en zona negativa en los próximos seis meses.

David Lis, responsable de renta variable de Aviva Investors en Reino Unido, reconoce que hay razones para estar preocupados ante las perspectivas del crecimiento económico mundial, pero precisa que los inversores no deben lanzarse a vender a toda prisa: "No estamos en 2008, y muchas empresas tienen una salud mucho mejor que cuando cayó Lehman Brothers. Habrá una reducción de los beneficios, pero las perspectivas de dividendos siguen siendo buenas".

¿Qué ha ocurrido para que la situación se haya deteriorado tanto y tan rápido? Nouriel Roubini, profesor de la Universidad de Nueva York, apodado Doctor Catástrofe por sus oscuros presagios, avisaba hace unos días en su cuenta de Twitter que las autoridades, tanto políticas como monetarias, se han quedado sin munición para combatir la crisis. Los tipos de interés están en niveles históricamente bajos (cerca del 0% en EE UU y en el 1,5% en la zona euro). Los Gobiernos, enormemente endeudados y bajo tremenda presión de los mercados, recortan gastos y aplazan inversiones que serían de gran ayuda para reanimar la actividad. Los bancos no prestan dinero porque ellos mismos no tienen nada fácil acceso al crédito. Muy castigadas por la falta de préstamos y la debilidad de las ventas, las empresas recortan plantillas y rebajan sus expectativas de beneficios. Y los ciudadanos, agobiados por las hipotecas y alertas ante la posibilidad de perder su empleo -si no lo han perdido ya-, limitan el consumo a lo imprescindible. Ya lo dijo el propio Roubini en una entrevista publicada por EL PAÍS en octubre pasado: "Vienen años dolorosos por la resaca del alto endeudamiento público y privado en el mundo rico. La buena noticia es que podemos evitar una recaída en la recesión. La mala es que no se puede hacer mucho más que eso".

Nadie tira del carro. Japón lleva dos décadas perdidas y esta semana ha tenido que intervenir en los mercados de divisas para depreciar el yen, cuya fortaleza perjudica sus exportaciones y le impide crecer. Incluso China e India, hasta ahora inmunes a todo mal, están empezando a notar el impacto de la crisis de la deuda en los países desarrollados, principales consumidores de sus productos.

Los datos más recientes hablan precisamente de una enorme debilidad del consumo en Europa y EE UU. Las ventas al por menor cayeron un 0,3% entre abril y junio en la Unión Europea frente al periodo anterior, tras haber disminuido un 0,2% en el primer trimestre.

Son pésimas noticias para las empresas. Según el estudio difundido el miércoles por la firma Markit Economics, el sector privado está prácticamente estancado debido a la ralentización de la actividad industrial en Alemania y Francia. Además, el índice Ifo de confianza empresarial en Alemania -la economía europea que menos ha sufrido en los últimos meses y en la que siguen puestas las esperanzas de recuperación- cayó bruscamente en julio.

Otro síntoma inequívoco de recaída en la actividad económica es la bajada del precio del petróleo. El crudo Brent ha bajado un 10% en dos semanas, hasta los 108 dólares por barril.

La marcha de los mercados de valores tampoco augura nada bueno. El Dow Jones, principal indicador de la Bolsa de Nueva York, ha caído casi un 10% en un mes; el Eurostoxx, más de un 16%, y el Ibex, un 15,8%. Esta semana ha sido la peor para las Bolsas europeas desde el primer rescate a Grecia, en mayo de 2010.

¿Cómo es posible haber caído de nuevo en este agujero? Los expertos coinciden en una cosa: la indecisión de los líderes de la Unión Europea y las disputas entre demócratas y republicanos en EE UU han puesto en tela de juicio la capacidad de los políticos para defender el interés común y han sembrado la incertidumbre en los mercados. "Todos estamos a la espera de las decisiones políticas", dice Marie Diron, de Oxford Economics en conversación telefónica desde su oficina de Londres. "No hay motivos para que las primas de riesgo de España e Italia hayan subido tanto. Lo que de verdad pone nerviosos a los mercados es la falta de voluntad política para poner fin a la crisis y salvar al euro".

De Groot, de Rabobank, está de acuerdo. Cree que los líderes europeos acertaron al llegar a un acuerdo, el 21 de julio, para rescatar a Grecia, pero precisa que están tardando demasiado en presentar una hoja de ruta para reforzar el fondo de rescate europeo. "Hay un vacío político", agrega el economista holandés desde Utrecht. "Los mercados no saben qué esperar".

Paul Krugman, premio Nobel de Economía y profesor de Princeton, ofrece un remedio keynesiano para salir de la crisis: aumentar la inversión pública para crear empleo, aprovechando que los tipos de interés siguen siendo históricamente bajos. Gastar hoy para recoger mañana, aun a pesar de que el déficit público crezca. Otros siguen insistiendo en recetar austeridad ante todo; confían en que los mercados recuperarán la confianza una vez que los Gobiernos hayan puesto sus cuentas en orden.

Roubini, uno de los pocos economistas que pronosticaron la crisis financiera de 2008, cree que el BCE debería haber bajado los tipos de interés para ayudar a España e Italia a salir del atolladero. El Banco Central Europeo, que no tocó los tipos de interés en su reunión del pasado jueves, ha subido dos veces el precio del dinero este año a pesar de la debilidad de los datos de la eurozona. Su presidente, Jean-Claude Trichet, insiste en que su objetivo es frenar la inflación, actualmente del 2,5%, para acercarla a su objetivo del 2%.

¿Y los países emergentes? China sigue creciendo a un ritmo espectacular, pero ha comenzado a notar que los europeos y estadounidenses tienen el cinturón apretado. No es que el país asiático corra el riesgo de entrar en crisis, pero su economía empieza a perder fuelle. Sea como sea, todo indica que las grandes economías van a tardar en recuperar la prosperidad perdida, y que mientras tanto seguirán perdiendo poder e influencia en favor de naciones emergentes como China, India, Rusia o Brasil. El reequilibrio de fuerzas se acelera.

Fuente_ El País (España)


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Revive Gordon Gekko y la crisis financiera mundial llega a la pantalla grande


Hollywood y productores europeos acudieron al Festival de Cine de Cannes, con varias películas sobre el tema. Cuáles son los films que se vienen

La crisis financiera global y los "amos del universo" de Wall Street están en la mente de la industria cinematográfica.
Hollywood y productores europeos acudieron al Festival de Cine de Cannes, con varias películas sobre el tema, consigna un artículo publicado por The Wall Street Journal Americas.
Twentieth Century Fox proyectó por primera vez Wall Street: Money Never Sleeps (algo así como Wall Street: el dinero nunca duerme), la secuela de Wall Street, un drama de 1987 que ganó un Oscar y trataba sobre la codicia corporativa, con Michael Douglas una vez más en el rol del tiburón despiadado y amoral, Gordon Gekko.
En tanto, Sony Pictures Classic presentó Inside Job, un documental que expone la crisis financiera narrado por Matt Damon, mientras Saga Productions, de Suiza, proyectó su coproducción Cleveland versus Wall Street, un drama al estilo David y Goliat en el cual los ciudadanos de Cleveland representan un juicio ficticio a los bancos de Wall Street a los que culpan por las devastadoras ejecuciones hipotecarias que se produjeron en la ciudad estadounidense, detalla The Wall Street Journal Americas.
Según el medio norteamericano, algunos de los protagonistas de Hollywood, incluido Steven Spielberg, se encontraron entre los que perdieron dinero al invertir con Bernard Madoff y su pirámide financiera, que estafó a inversionistas por miles de millones de dólares.
Los banqueros y financistas de Wall Street, como Madoff, quienes fueron seducidos por el dinero para realizar inversiones desmedidas, algunas fraudulentas, les dan a los guionistas los villanos perfectos para historias sobre moralidad que muestran situaciones en que el sueño americano se convierte en una pesadilla.
Madoff es el centro de varios guiones que se están desarrollando, junto con muchas otras películas sobre firmas de Wall Street que incluyen a algunos de los mayores nombres de Hollywood.
Harry Markopolos, el investigador de fraude que persiguió a Madoff durante casi una década, reveló recientemente que los productores de Hollywood compiten por su libro Nobody Would Listen (Nadie escuchaba).
En tanto, HBO adquirió los derechos de Too Big to Fail (Demasiado grande para quebrar), el libro de Andrew Sorkin sobre la crisis de crédito, y Warner Bros. adquirió los derechos del libro Confessions of a Wall Street Shoeshine Boy (Confesiones de un lustrador de zapatos de Wall Street), de Doug Stumpf.
El autor afirma que el estudio ahora busca a un director. "La burbuja inmobiliaria y la crisis bancaria se convirtieron en un factor enorme en nuestras vidas que no podemos ignorar", agrega Stumpf.
Otros cineastas están interesados en dramas que ofrecen paralelos con eventos del siglo XXI, destaca The Wall Street Journal Americas.
El Gran Gatsby, la novela clásica de F. Scott Fitzgerald de la década de 1920 sobre la frivolidad de los ricos previa al gran colapso económico estadounidense, es un proyecto del director australiano Baz Luhrmann, como una parábola de los excesos financieros actuales.
Cleveland versus Wall Street es la historia de un juicio de ficción llevado a cabo por ciudadanos que no lograron que nadie tomara en serio sus quejas, según su director suizo, Jean-Stéphane Bron. El director afirma que un artículo de prensa sobre cómo la ciudad de Cleveland estaba demandando a los bancos fue lo que inspiró su película.
Los productores de estos filmes sobre Wall Street seguirán de cerca el desempeño de la secuela de Stone. Su estreno mundial el 24 de septiembre llegará más de dos décadas después de que Wall Street recaudara u$s100 millones en todo el mundo.
La película original ejemplifica la filosofía "la codicia es buena" de la década de 1980. La actuación de Douglas le valió un Oscar, mientras Gekko se convirtió en un modelo para los banqueros jóvenes y uno de los grandes villanos del cine. Ahora, afirma Douglas: "De todos los papeles que interpreté, Gekko es el personaje sobre el que más me habla la gente. Les encanta Gekko, lo que siempre fue una sorpresa para mí porque era un verdadero villano".
En la secuela, los villanos son los grandes bancos. Según relata The Wall Street Journal Americas, la película trata del impulso por ganar dinero a cualquier costo y de gente que está dispuesta a hacer cualquier cosa para unirse al exclusivo club de la riqueza y el poder. Tras cumplir una condena por fraude de valores y lavado de dinero, Gekko se da cuenta de que nadie lo esperaba.
Por fuera del sistema, está decidido a volver a convertirse en un hombre poderoso en Wall Street. Publica un libro, ¿Es buena la codicia?, en el que pronostica graves consecuencias para la economía como resultado de la especulación rampante en Wall Street.
Los cineastas compilaron una lista de expertos financieros que fueron presentados al elenco como parte de su estudio de personajes, según uno de los productores de la película.
Entre ellos figuran Nouriel Roubini, el académico y escritor que previó el colapso económico de 2008, y el financista George Soros, concluye el artículo publicado por The Wall Street Journal Americas.

Fuente: InfobaeProfesional


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¿Manipulación en las Bolsas?

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@S. McCoy – 25/07/2009

Y el mercado de acciones estalló. Tras haber amagado con la ruptura a la baja del importante soporte del 878, el S&P 500 ha rebotado con una fuerza inusitada que le ha llevado a romper la fuerte resistencia que el indicador presentaba alrededor de los 950 puntos, lugar de convergencia entre la tendencia bajista de largo plazo iniciada en octubre de 2007 y la alcista de corto que viene de los mínimos de marzo. Las posibles formaciones de hombro, cabeza, hombro cuya confirmación amenazaba con un fuerte recorrido a la baja en caso de materializarse, se han convertido en triples suelos que consolidan el vigor del mercado. La subida, como era previsible, ha sido extraordinariamente virulenta y nos ha dejado a los que preveíamos que la dirección de las bolsas sería la contraria con un palmo de narices.

Como cualquier otro movimiento técnico, detrás de su origen hay que buscar una causa fundamental. Y en esta ocasión no iba a ser menos. Han convergido, por una parte, unos resultados empresariales -fundamental pero no exclusivamente de financieras y tecnológicas, véase el caso de GE- mejores de lo esperado que, en el caso de las firmas del Nasdaq han sido fruto de la capacidad de reacción que la globalización ha propiciado. Aún así las caídas interanuales de beneficios siguen siendo importantes, como nos recuerda este revelador chart. Igualmente, la doctrina de los brotes verdes continúa ganando adeptos en la medida en la que los datos macro sorprenden positivamente y, aunque no se puede de hablar de recuperación propiamente dicha salvo en muy contadas economías, se impone al menos la tesis de la normalización. La conclusión es que el horizonte veraniego se plantea mucho más halagüeño de lo que el dato de paro estadounidense apuntaba hasta hace sólo un par de semanas.

¿Y España? Bueno, el jueves me sugería un lector que destacáramos lo bueno de nuestro país, que es mucho y abundante, que parece que sólo nos fijamos en el lado oscuro de la fuerza zapateril. Bueno, querido Jaime, pues un guiño para ti. El IBEX tira porque se ha convertido en una aproximación bastante certera a la emergencia latinomericana y, en concreto, tanto a México como a Brasil. Por si les cupiera alguna duda, echen un vistazo a estos gráficos de Bloomberg que comparan el comportamiento de los principales selectivos de los tres países tanto desde el inicio del año como a partir de la recuperación que se iniciara a comienzos de marzo. La correlación es prácticamente absoluta. Esto, que en el pasado era un factor de riesgo adicional, se ha convertido ahora en garantía de estabilidad si nos creemos la solida posición financiera de estas naciones, y en especial de la economía brasileña. El IBEX es cada vez más Latibex. Importa menos lo que ocurra dentro de nuestras fronteras.

Sombras de manipulación en el horizonte.

Sin embargo, una sombra de duda acecha sobre la reciente evolución de los mercados financieros a nivel mundial. Las primeras sospechas aparecieron a principios de julio cuando alguno de los blogs más outsiders de Estados Unidos se hicieron eco de la detención de uno de los principales operadores de mercado de Goldman Sachs al que el banco de inversión norteamericano acusaba de haber robado códigos que permitían a la entidad llevar a cabo operaciones de trading de alta frecuencia o Algo Trading, llamados así pues su fundamento último es algorítmico. ¿El fundamento de la Fiscalía? Su potencialidad para manipular las bolsas. Vaya, en manos del individuo, sí; de la entidad, no. Ummmm. En ese mismo post se nos recordaba cómo el 50% del volumen en Estados Unidos corresponde a este tipo de operativa muy de corto plazo que ha sido la heredera cuantitativa natural a esos otros programas que se vieron superados por cisnes no sólo negros sino de todos los colores. Y, por último, que como consecuencia de la detención Goldman, que era el líder indiscutible en esta actividad, había desaparecido del mapa. Suerte que ya estaban cerrados los maravillosos resultados del segundo trimestre.

El Algo Trading o High Frequency Trading (HFT) consiste, en su versión más simplificada, en una rabiosa operativa intradiaria, de extraordinaria rotación y muy bajo margen, que persigue aprovecharse de los diferenciales entre la oferta y la demanda mediante el posicionamiento, según convenga, en uno u otro lado de la ecuación. La ejecución es automatizada y la labor intelectual humana se limita a la creación y mantenimiento de los programas que se convierten, de esta manera, en creadores de mercado, toda vez que los volúmenes que manejan son muy elevados y la rapidez con la que liquidan sus posiciones extraordinaria. ¿Vamos hacia el Reino Bursátil de los Ordenadores? No sé pero, de hecho, cuando uno hace la ronda por los brokers conocidos y les pregunta acerca de la actividad del cliente final en toda esta subida, la respuesta unánime es: por aquí no ha pasado. ¿Entonces?

Entonces, como nos recordaba ayer mismo el New York Times, la respuesta a muchas de las preguntas de los últimos días. Y es que el círculo vicioso es innegable. El HFT permite a la entidad en cuestión obtener suculentas plusvalías a costa, en muchas ocasiones, de inversores que compiten con medios técnicos más limitados; tales resultados positivos, que suponen el 60% del total en un caso como el de Goldman Sachs, disparan la cotización de la firma que arrastra consigo a los principales selectivos mundiales; el mercado se hace direccional con lo que la operativa del HFT, se refuerza y así sucesivamente. Una dinámica difícil e romper y que generó por si sola 21.000 millones de beneficios en 2008. Clavo ardiendo al que aferrarse. Y vaya si se aferran.

Al final del día, aparte de ser un día más viejo, como cantan en Los Miserables, lo que cuenta es el resultado. Y lo que no se puede negar es la evidencia: lo que aventuraba ser un año bursátil desastroso se ha dado la vuelta de forma acelerada llenando los bolsillos de los inversores más avezados. La justificación fundamental existe, aunque se haya visto probablemente superada ya por los acontecimientos. La potencial manipulación, también, con el problema añadido de su difícil ruptura salvo intervención administrativa, que ya se vislumbra en el horizonte. Todo cambia, para seguir igual, de momento. Veremos a ver lo que pasa entonces. ¿Y ahora, qué? Seguir vigilando niveles: las resistencias pasan a ser soportes y en el punto de mira el 1008/1017 del S&P500 que, de romperse, llevaría al indicador al 1.100 que es el objetivo, nuevo, tarde y mal, como casi siempre, de estrategas como los de Credit Suisse y Morgan Stanley. Sean buenos y temerosos de Dios.

Fuente: Cotizalia


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El oro rompió su inercia y apuesta a superar su récord histórico

Luego de valer durante varios meses a u$s950 la onza, en lo que va de septiembre la cotización comenzó a subir en forma sostenida. Los pronósticos

0296963 Hace apenas una semana, la cotización del oro superó la barrera de los 1.000 dólares la onza por primera vez en seis meses. En su marcha ascendente, el miércoles tocó los precios máximos en 18 meses mientras que el dólar retrocedía a su menor valor del año frente al euro.

En el mercado de Nueva York el lingote negociado al contado tocó un máximo deu$s1.020,50 la onza, frente a 1.005,90 dólares del cierre del martes. De mantenerse esta combinación de factores, el mercado espera que el metal precioso siga avanzando debido al interés de los inversores de incorporarlo como un activo alternativo a sus carteras.

Operadores consultados por Reuters afirmaron que podría superar su máximo histórico de u$s1.030 la onza si el dólar sigue debilitándose.

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Fuente: Kitco.com

En este contexto, la analista Suki Cooper, de Barclays Capital, sostuvo que “si el dólar sigue bajando, el oro podría continuar trepando”.

Precisamente, el billete verde retrocedió a su menor valor de este año frente al euro, con la divisa única superando los 1,47 dólares por primera vez desde diciembre. Esto se debe a la salida de muchos inversores de esa moneda y sú búsqueda de activos más riesgosos, y más rentables, ahora que perciben que lo peor de la crisis global habría quedado atrás.

Su precio está ligado al del dólar por una fuerte correlación inversa, y tiende a apreciarse cuando éste se debilita. Esta menor aversión al riesgo también se hizo visible en las cotizaciones de las principales bolsas del mundo, que tocaron sus valores máximos de 11 meses.

La escalada del oro ayudó al avance de otros metales preciosos, con la plata y el platino -ambos de amplio uso industrial. La plata subió a su mayor registro en 12 meses, a u$s17,33 la onza, y el platino tocó los 1.338 dólares, su mayor precio desde septiembre del 2008.

"Alcanzar los 1.000 dólares la onza es tan sólo una de las primeras etapas de un gran mercado alcista para el oro. Este mantiene su valor cuando todos los demás activos bajan. El oro es dinero. Es la más antigua y la más sólida de las divisas, puesto que no se puede crear de la nada ni por decreto de los bancos centrales, como sí sucede con las divisas", señaló Marion Mueller, directora de OroyFinanzas.

"Las razones para la continuada suba de su precio se deben buscar no sólo en la inflación, ni en la depreciación de la moenda estadounidense, sino en un abanico de factores económicos, financieros y políticos que están causando malestar y desconfianza entre los inversores de todo el mundo. Esto se traducirá en mayores subas", explicó la directora del periódico digital especializado en este mercado.

El peso cada vez mayor de los ETF

El actual envión de las cotizaciones se debe en gran medida al considerable aumento de compras de oro a través de diversos Fondos Cotizados (ETF), que replican el precio de la onza.

Los Exchange Traded Funds (ETF) son certificados que representan una cuotaparte de una “canasta” de activos.
Cada una de éstas tiene una composición específica, con el objetivo de seguir el comportamiento de un determinado índice, mercado o industria.

Existen mas de 400 ETFs distintos que permiten invertir, por ejemplo, en acciones de tecnología, energía, biotecnología, medios, telecomunicaciones, transporte, S&P500, NASDAQ, Europa, Asia, mercados emergentes, granos, metales preciosos, petroleo, bonos, monedas, estrategias, etc.

Este tipo de activo está orientado a individuos o empresas que desean invertir en un portfolio diversificado en el exterior, de manera sencilla y a bajo costo.

Los ETFs se negocian en el mercado bursátil de la misma forma que una acción. Su cotización puede consultarse online y su operatoria es extremadamente simple, con montos que van desde los u$s 5.000 en adelante, y no se requiere una permanencia mínima.

En el caso particular del oro, desde Rava Sociedad de Bolsa dijeron que el preferido es GLD, cuyo objetivo es reflejar el precio del lingote. Con el GLD se puede invertir en este metal de forma más segura, innovadora y eficiente. Al negociarse en un mercado transparente y regulado, la autenticidad y seguridad de este instrumento es innegable.

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Fuente: Rava Sociedad de Bolsa

El activo subyacente a este ETF consiste en oro físico custodiado en el HSBC Bank of USA. Para determinar su valor se tiene en cuenta el precio del oro de London Fix.

La posición de los bancos centrales

En una reunión anual de esa industria, el economista Martin Murenbeeld afirmó que había un cambio positivo en la postura de los bancos centrales hacia el oro como inversión de una parte clave de sus reservas.

"Los bancos centrales y los países del G-20 se han quejado del dólar y de las políticas monetarias y fiscales de los Estados Unidos, que los lleva a pensar más y más sobre cambiar sus tenencias", afirmó el presidente de la consultora DundeeWealth Economics.

"Ellos no tienen una gran cantidad de opciones para cambiar sus reservas, y el oro está siendo mencionado con más frecuencia como un activo importante", agregó.

Recientemente, China y otras potencias económicas emergentes han mostrado un creciente interés en el metal, en lugar de acumular sus reservas de divisas en activos cotizados en dólares.

Pero no es el único que mantiene esa posición, ya que por ejemplo el muy respetado Richard Russell, que viene acertando en los mercados desde 1958, cree que la Reserva Federal tiene un gran interés en evitar que el precio del oro suba de forma algo más que gradual.

Russell argumentó que “la FED está tratando de luchar contra las fuerzas de la deflación a base de imprimir dinero en unas proporciones que no tienen precedente alguno en la historia”.

El gurú enfatizó que si el oro comenzara a llamar la atención a partir de subas espectaculares de su precio, se estaría poniendo de manifiesto que hay serios problemas económicos y financieros, y que los Gobiernos se encuentran en dificultades para enfrentarlos.

Aben Jaldin, en un artículo publicado en el portal OroyFinanzas, consideró que “el oro, como el termómetro, es un indicio de la salud del paciente. Podría ser que se estuviera solucionando el problema de la enfermedad de la depresión económica a base de un tratamiento que nos llevará a las puertas de la hiperinflación monetaria, y que esto se vería reflejado en la cotización del oro”.

¿Qué se espera para los próximos años?

El precio subiría por encima de los u$s1.110 la onza, en el 2010, debido a que los Bancos Centrales podrían diversificar sus reservas dada la inestabilidad del dólar, dijo Murenbeeld en un foro en Denver. Murenbeeld estima que podría trepar a un promedio de u$s1.116 la onza en el 2010.

Además, Murenbeeld, quien también es profesor adjunto del programa MBA de la Universidad de Victoria, señaló que se está volviendo cada vez más usado en portafolios de inversión por rendimiento y menores riesgos en general.
"Más y más administradores de portafolios están comenzando a pensar en oro y materias primas como un activo de inversión", aseguró.

Los precios pueden evolucionar "fácilmente" por encima de los u$s1.000, debido a temores inflacionistas.
"Es altamente probable que la monetización de la deuda y unas tasas de interés superbajas, en particular en Estados Unidos" terminen por alimentar la inflación, estimó el director general de GFMS, Philip Klapwijk.

Para luchar contra la recesión más profunda en 50 años, los bancos centrales de las economías desarrolladas bajaron sus tasas a niveles históricamente bajos, entre 0 y 0,25% en Estados Unidos, 0,5% en Gran Bretaña. También compraron masivamente bonos del Tesoro para desatascar el sistema crediticio.

En este contexto el oro lleva todas las de ganar, dado que es una inversión que los inversores privilegian en un contexto inflacionario.

Rubén Ramallo
© iProfesional.com

Fuente: InfobaeProfesional


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¿De crisis financiera a crisis de la deuda?

TRIBUNA: Primer plano KENNETH ROGOFF

KENNETH ROGOFF 13/09/2009

bola1 Todo el mundo -desde la reina de Inglaterra hasta los trabajadores de la industria automovilística despedidos en Detroit- quiere saber por qué no hubo más expertos que vieran acercarse la crisis financiera. Se trata de una pregunta embarazosa. ¿Cómo pueden estar tan seguras las autoridades de que la catástrofe financiera no reaparecerá pronto cuando, para empezar, parecieron no tener idea de que semejante crisis ocurriría?

La respuesta no es demasiado tranquilizadora. Esencialmente, sigue existiendo un riesgo de que la crisis financiera esté hibernando, mientras se metamorfosea lentamente en una crisis de deuda gubernamental.

Para bien o para mal, la razón por la que la mayoría de los inversores tienen ahora mucha mayor confianza que hace unos meses es la de que los Gobiernos de todo el mundo han colocado una enorme red de seguridad bajo gran parte del sistema financiero. Al mismo tiempo, han apuntalado las economías incurriendo en déficit en gran escala, mientras que los bancos centrales han reducido los tipos de interés casi a cero.

Pero ¿puede ser la liberalidad de los Gobiernos la última respuesta? Los apoyos de los Gobiernos dan resultado porque los contribuyentes tienen bolsillos profundos, pero ningún bolsillo carece de fondo, y cuando los Gobiernos, en particular los grandes, tienen problemas, no hay apoyo al que recurrir. Con unos niveles de deuda en todo el mundo que sólo se ven después de guerras, es evidente que la estrategia actual no es sostenible.

Si la trayectoria es insostenible, ¿por cuánto tiempo puede seguir acumulándose la deuda? No lo sabemos. Los economistas académicos han creado instrumentos útiles para predecir qué economías son las más vulnerables ante una crisis financiera, pero, aunque podemos descubrir las vulnerabilidades, determinar el momento oportuno resulta virtualmente imposible.

Nuestros modelos revelan que en teoría incluso una economía que está excesivamente apalancada puede avanzar laboriosamente durante años, durante muchos decenios incluso, antes de estrellarse y arder. Todo se reduce a una cuestión de confianza y coordinación de las perspectivas, que, a su vez, dependen de los antojos de la naturaleza humana. Así, podemos decir qué países son más vulnerables, pero especificar exactamente dónde y cuándo harán erupción las crisis es prácticamente imposible.

Una buena analogía es la predicción de los ataques al corazón. Una persona obesa, con hipertensión y niveles elevados de colesterol tiene, estadísticamente, muchas más probabilidades de sufrir un ataque al corazón o una apoplejía graves que una persona que carezca de todas esas vulnerabilidades y, sin embargo, personas con gran riesgo pueden pasar a menudo decenios sin problemas. Al mismo tiempo, las personas que parecen tener poco riesgo son también vulnerables a los ataques al corazón.

Naturalmente, la vigilancia minuciosa brinda en potencia información muy útil para prevenir los ataques al corazón. Sin embargo, sólo es útil, en última instancia, si se somete a la persona a un tratamiento y si ésta tal vez emprende un importante cambio en su forma de vida.

Lo mismo es aplicable a los sistemas financieros. Una buena vigilancia brinda información que sólo es útil si hay una respuesta. Lamentablemente, vivimos en un mundo en el que el sistema político y regulador es con frecuencia muy débil y corto de miras.

De hecho, ninguna economía es inmune a las crisis financieras, por mucho que los inversores y los dirigentes intenten convencerse de lo contrario, como Carmen Reinhart y yo mostramos en nuestro nuevo libro, irónicamente titulado This time is different. Eight centuries of financial folly (Esta vez es diferente. Ocho siglos de insensatez financiera). Ahora mismo, la última insensatez sobre lo de que esta vez es diferente es la de que, como los Gobiernos están cargando sobre sus hombros toda esa deuda, los demás no tenemos por qué preocuparnos.

Se nos asegura constantemente que los Gobiernos no dejarán de pagar sus deudas. En realidad, los Gobiernos de todo el mundo dejan de hacerlo con pasmosa regularidad, ya sea abiertamente o mediante la inflación. Incluso Estados Unidos, por ejemplo, redujo en gran medida su deuda mediante la inflación en la década de los setenta y también el valor del dólar en relación con el oro de 20 dólares por onza a 34 en el decenio de 1930.

Por ahora, la buena noticia es la de que mientras el crédito gubernamental se sostenga, se contendrá la crisis. La mala noticia es la de que el ritmo al que se está acumulando la deuda gubernamental podría propiciar fácilmente una segunda oleada de crisis financieras dentro de unos años.

Lo más preocupante es la enorme dependencia de Estados Unidos respecto de los créditos exteriores, en particular de China: desequilibrio que probablemente plantará las semillas de la crisis actual. Los asiáticos reconocen que, si siguen acumulando deuda en papel, corren el riesgo de sufrir la misma suerte que los europeos hace tres decenios cuando acumularon deuda de EE UU, se fundió espectacularmente mediante la inflación.

La pregunta que debemos hacernos hoy no es la de por qué nadie está advirtiendo sobre la próxima crisis, cosa que sí que se está haciendo, sino la de si los dirigentes políticos están prestando atención. El ajuste de los insostenibles niveles de déficit gubernamental es una cuestión decisiva que los dirigentes del G-20 deben plantearse cuando se reúnan en Pittsburg este mes. De lo contrario, la reina Isabel II y los trabajadores de la industria automovilística de Detroit volverán a preguntarse muy pronto por qué nadie la vio acercarse.

Fuente: El País


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Un año después

ANÁLISIS: Primer plano

JEFFREY D. SACHS 13/09/2009

2008022822hell_heaven Ha transcurrido casi un año desde que la economía mundial se tambaleaba al borde de la calamidad. En el transcurso de tres días, desde el 15 hasta el 17 de septiembre de 2008, Lehman Brothers se declaró en bancarrota, la megaaseguradora AIG pasó a estar en manos del Gobierno de EE UU y el simbólico Merril Lynch de Wall Street fue absorbido después de quebrar por el Bank of America gracias a un acuerdo facilitado y financiado por el Gobierno estadounidense. A renglón seguido se desató el pánico y el crédito dejó de circular. Las empresas no financieras eran incapaces de obtener capital para funcionar, y todavía menos fondos para inversiones a largo plazo. Una depresión parecía posible.

Ahora la tormenta ha amainado. Meses de medidas de emergencia tomadas por los principales bancos centrales del mundo evitaron que los mercados financieros se desplomaran. Cuando los bancos dejaron de proveer liquidez a corto plazo a otros bancos y empresas industriales, los bancos centrales llenaron el vacío. Como consecuencia, las principales economías evitaron un desplome del crédito y de la producción. La sensación de pánico se ha aplacado. Los bancos han vuelto a prestarse dinero unos a otros.

Aunque se ha evitado lo peor, la situación sigue siendo dolorosa. La crisis culminó en el hundimiento de los precios de los activos a finales de 2008. Las familias de clase media y acaudaladas de todo el mundo se sentían más pobres y por consiguiente redujeron drásticamente el gasto. Los precios del petróleo y los alimentos se pusieron por las nubes y contribuyeron a causar más dolor y, por tanto, a la recesión. Las empresas eran incapaces de vender su producción, lo cual provocó recortes y despidos. El aumento del desempleo agravó la pérdida de riqueza de los hogares, lo cual puso a las familias en grave peligro económico e indujo recortes adicionales en el gasto de los consumidores.

El gran problema ahora es que el paro sigue aumentando en EE UU y en Europa, porque el crecimiento es demasiado lento para crear suficientes puestos de trabajo. La deslocalización sigue sintiéndose en todo el mundo.

Se ha desatado un acalorado debate en torno al denominado "gasto en medidas de estímulo" en EE UU, Europa y China. Dicho gasto pretende compensar el declive en el consumo de las familias y en las inversiones de las empresas con desembolsos más elevados del Gobierno o con incentivos fiscales. En EE UU, por ejemplo, aproximadamente un tercio del plan de estímulo de 800.000 millones de dólares se compone de rebajas fiscales (para incentivar el gasto del consumidor); otro tercio consiste en desembolsos públicos para carreteras, colegios, energía y otras infraestructuras, y el último tercio adopta la forma de transferencias federales a gobiernos estatales y locales para sanidad, seguros de desempleo, salarios para los colegios y otras cosas por el estilo.

Las medidas para estimular la economía despiertan controversia porque aumentan los déficits presupuestarios y, por consiguiente, implican la necesidad de recortar el gasto o subir los impuestos en un futuro próximo. La pregunta es si conseguirán que la producción y el empleo se recuperen a corto plazo y, de ser así, si harán lo bastante para compensar los inevitables problemas presupuestarios que se avecinan.

La verdadera efectividad de estos paquetes de medidas no está clara. Supongamos que el Gobierno concede una rebaja fiscal para aumentar el dinero que los consumidores se llevan a casa. Si los consumidores esperan que sus impuestos suban en el futuro, es posible que decidan ahorrar esa rebaja fiscal en lugar de aumentar el consumo. En ese caso, el estímulo tendrá poco impacto positivo en el gasto de las familias y empeorará el déficit presupuestario.

Una primera valoración de las medidas de estímulo da a entender que el programa de China ha funcionado bien. La drástica caída de las exportaciones chinas a EE UU se ha visto compensada por un aumento acusado del gasto del Gobierno chino en infraestructuras: por ejemplo, en la construcción del metro en las ciudades más grandes de China.

En EE UU, el veredicto no está tan claro. Es probable que la rebaja fiscal se haya ahorrado en lugar de gastado. El componente de las infraestructuras todavía no se ha invertido debido a los prolongados retrasos a la hora de transformar el plan de estímulo estadounidense en verdaderos proyectos de construcción. La tercera parte -las transferencias a los gobiernos estatales y locales- ha conseguido casi con toda seguridad que se mantenga el gasto en escuelas, sanidad y los parados.

En resumen, las medidas de estímulo en EE UU probablemente hayan tenido un efecto positivo aunque pequeño sobre el gasto, pero no decisivo para la economía. Es más, la preocupación por el enorme déficit presupuestario, que ahora ronda los 1,8 billones de dólares al año (el 12% del PIB), seguramente aumentará, lo cual no sólo creará una enorme incertidumbre en la política y los mercados financieros, sino que también disminuirá la confianza de los consumidores a medida que las familias centren su atención en los posibles recortes presupuestarios y subidas de impuestos en el futuro. EE UU ha alcanzado los límites prácticos de la dependencia del gasto en estímulos a corto plazo, y tendrá que empezar a recortar el déficit presupuestario y a fomentar vías alternativas hacia el crecimiento.

Cuando la crisis empeoró hace un año, Barack Obama introdujo en la campaña presidencial el tema de la "recuperación verde", basada en un repunte de la inversión en energías renovables, nuevos vehículos eléctricos, edificios verdes eficientes y una agricultura razonable desde un punto de vista ecológico. Al desatarse la batalla contra el pánico financiero, la atención política se alejó de esa recuperación verde. Ahora EE UU necesita volver a esta importante idea.

Los consumidores agobiados por las deudas en EE UU y en Europa reducirán el gasto en los próximos años para recuperar su riqueza y sus pensiones. Pero la consiguiente falta de actividad económica nos brinda la oportunidad -y necesidad- histórica de compensar el bajo gasto del consumidor con un aumento del gasto en inversión en tecnologías sostenibles.

La política gubernamental en EE UU y otros países ricos debería estimular esas inversiones mediante incentivos especiales. Éstos incluyen un sistema de límites e intercambio de los derechos de emisión de gases de efecto invernadero, subvenciones para la investigación y desarrollo de tecnologías sostenibles, tarifas especiales e incentivos reguladores para las energías renovables, subvenciones para los consumidores y otros incentivos para la utilización de nuevas tecnologías verdes y la puesta en práctica de programas de infraestructuras verdes, como el transporte de masas.

El mundo rico también debería ofrecer a los países más pobres becas y préstamos a bajo interés para comprar tecnologías para energías sostenibles, como la solar y la geotérmica. El hacerlo contribuiría a la recuperación mundial, mejoraría la sostenibilidad medioambiental a largo plazo y aceleraría el desarrollo económico.

Esta crisis puede constituir una oportunidad para apartarnos del camino de las burbujas financieras y el consumo excesivo y seguir la vía del desarrollo sostenible. De hecho, el aprovechar esta oportunidad es la única receta que nos queda para un crecimiento verdadero.

Fuente: El País