La Economía de los no Especialistas

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“Será que el verdadero objetivo de los ‘planes de recate’ fue salvar a los bancos?”

Harald Schumann, es un periodista Alemán. Él con su equipo está realizando un trabajo consistente en un documental sobre la llamada TROIKA, es decir, FMI, Banco Central Europeo y el Banco Mundial. En una interesante entrevista, deja una no tan velada indirecta a los bancos.

En el decorrer de la entrevista, el periodista dice que la ideia de resolver el problema de la deuda a través de la austeridad, fue un colosal fracaso, ya que ésta es aún más insustentable que antes de la crisis.

Todo el peso de los programas son asumidos por los trabajadores y por los contribuyentes de a pié, encuanto lo que él denomina las élites privilegiadas, que conseguem ocultar su riqueza a través de las offshores, y que en su entender son los mayores responsables de esta crisis sistémica  están consiguiendo lucrarse con los mismo programas de ajustes, poniendo como ejemplo la compra de valiosos activos del Estado a precios de saldo

Ante la pregunta de que si esa es su principal conclusión?, dice que ese  “rescate” errado, ese que apenas salvó a los inversionistas extranjeros, principalmente alemanes de perder en sus malas inversiones, mina a confianza en las instituciones democráticas dos países afectados.

En todo caso, la verdad y esto es mi modesta opinión, la historia económica de estos tiempos debe ser estudiada para corregir los errores del pasado. En nuestra manos está que no vuelva a acontecer. Qué opinan Ustedes?…


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"El paquete de ayudas aprobado por la Unión Europea peca de timidez"

Publicado el 18-12-08 , por Manuel Conthe

El máximo dirigente del Fondo Monetario Internacional, Strauss Kahn, asegura que la institución que dirige ha propuesto un “estímulo fiscal global del 2% del PIB”. “El paquete del 1,5% del PIB aprobado por la UE peca de timidez”, añade.

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Pregunta: Llevamos muchos meses en los que cada dato estadístico es peor que el anterior y contribuye a minar la confianza de los consumidores, las empresas y los mercados financieros. ¿Ve algún dato o tendencia reciente que pudiera indicar si no perspectivas de recuperación, al menos alguna luz al final del túnel? ¿Hay razones objetivas para pensar que, tras un 2009 horroroso, el crecimiento en los países industrializados empezará a recuperarse a lo largo de 2010?

Respuesta: Por desgracia, las perspectivas económicas continúan deteriorándose. En enero el FMI actualizará de nuevo sus previsiones económicas y las cifras serán peores que las que hicimos públicas en noviembre, antes de la reunión del G-20. Hay una probabilidad razonable, sin embargo, de que la economía de EEUU empiece a recuperarse a finales de 2009 o principios de 2010.

Los dos factores que pueden impulsar ese cambio de tendencia son que el mercado de la vivienda toque fondo y que la demanda reaccione a las medidas de estímulo fiscal que se están aprobando. Reconozcamos, sin embargo, que la posibilidad de una recuperación está plagada de incertidumbres.

Si el mercado de la vivienda de EEUU continuara cayendo, no es descartable que se llegue a una situación de deflación. Nos enfrentamos a una abrupta caída de actividad y debemos recurrir a todos los instrumentos a nuestra disposición, con el fin de abordar, simultáneamente y con decisión, tres objetivos: el primero, restaurar la estabilidad y la confianza en los mercados financieros nacionales, de forma que vuelva a fluir el crédito. Eso requiere un enfoque sistemático “no caso a caso”, basado en proporcionar liquidez y garantías, y en la recapitalización de los bancos.

El segundo, sostener la demanda mundial mediante un estímulo fiscal excepcional y sustancial; y el tercero, apoyar con liquidez a las economías emergentes, ya que muchas se han visto atrapadas en una crisis de la que no tienen ninguna culpa. Incluso aquí en Europa, algunos países del Este están experimentando significativos problemas de financiación, que tenemos que ayudar a resolver. Lo hecho hasta ahora no es suficiente. Los objetivos de nuestras actuaciones deben ser claros y consistentes. Debemos coordinar no sólo los discursos y los anuncios; también su seguimiento y puesta en práctica.

P: ¿Qué países debieran tener especial protagonismo en estimular su demanda interna: aquellos con elevados superávits de balanza de pagos o aquellos con una situación presupuestaria sostenible o bajo nivel de deuda pública?

R: El FMI ha propuesto un estímulo fiscal global que represente, en promedio, el 2% del PIB mundial. El paquete debe ser lo suficientemente grande como para cambiar la actitud de los consumidores y disipar las incertidumbres sobre la severidad de la recesión. El 2% pretende ser un promedio mundial, de forma que aquellos países y regiones que puedan deben superar ese porcentaje respecto a su propio PIB, para compensar el menor estímulo fiscal procedente de aquellos países cuya capacidad de maniobra quede limitada por problemas de sostenibilidad de su deuda o de financiación exterior.

EEUU y China son los dos países que están tomando medidas más enérgicas. El paquete del 1’5% del PIB acordado la semana pasada por el Consejo Europeo peca de timidez. Es importante no sólo comprometerse a medidas significativas de estímulo fiscal, sino también ponerlas en práctica de forma efectiva. Siempre hay riesgo de que los países asuman grandes compromisos en las cumbres internacionales, pero luego no los cumplan cuando vuelven a casa.

P: ¿No estaría justificado complementar los estímulos nacionales con una iniciativa de inversión de la Unión, financiada mediante deuda?

R: Por razones políticas, es poco realista pensar que la Unión pueda hacer una emisión especial de bonos para financiar inversiones. Al mismo tiempo, el acuerdo adoptado recientemente por la UE, como parte de la lucha internacional contra el cambio climático, de que una parte muy significativa de los permisos de emisión de CO2 durante el período 2013-2020 no se regalen a las empresas europeas, sino que se subasten entre ellas, proporcionará una nueva fuente de ingresos públicos. Hasta ahora se ha considerado que tales ingresos corresponderán a los Gobiernos nacionales. Pero, puesto que la UE tiene una política común sobre cambio climático, no sería inconcebible que los ingresos públicos derivados de la venta de permisos de emisión de CO2 se destinaran a financiar un programa europeo de inversión pública.

P: ¿En qué medidas concretas debieran plasmarse los programas de estímulo fiscal?

R: El objetivo debe ser maximizar el efecto multiplicador del estímulo fiscal. Eso aconsejaría gasto en inversiones “por desgracia, la recesión no va a ser corta” y medidas que promuevan el consumo. Recíprocamente, no debiera considerarse prioritaria la reducción de impuestos a las empresas, o a los dividendos.

P: ¿Ve riesgos en que el súbito aumento en los déficits presupuestarios y en las emisiones de deuda pública asuste a los mercados financieros y a los inversores, y suscite temores sobre la sostenibilidad de la deuda pública?

R: El significativo impulso fiscal que el FMI preconiza debe concebirse como transitorio y acorde con las circunstancias extremas que el mundo está atravesando. No debe minar la disciplina fiscal a medio plazo. Por eso, tendría mucho sentido que los países compensen la expansión fiscal a corto plazo con medidas estructurales que saneen las finanzas públicas a medio y largo plazo. Un caso claro sería reformar ahora las pensiones públicas, para hacerlas más sostenibles a largo plazo.

P: Dada la difícil situación de los mercados, ¿hay motivos para reforzar la cooperación entre las autoridades monetarias y fiscales?

R: En EEUU ha existido tradicionalmente una relación estrecha y cooperativa entre el Tesoro y la Reserva Federal, a pesar de que ésta actúa con independencia del Gobierno. Por razones históricas, el enfoque en la UE es diferente, como quedó consagrado en Maastricht, que pone el énfasis en la independencia de los Bancos Centrales.

Tampoco existe en la UE una institución equivalente al Tesoro americano. El Tratado se negoció en un contexto en el que los mercados funcionaban adecuadamente y tiene que utilizarse de forma flexible durante períodos excepcionalmente anormales. Por suerte, el Pacto de Estabilidad se está interpretado con flexibilidad.

P: En EEUU, Bernanke ha defendido abiertamente la “relajación cuantitativa”. ¿Ve riesgos significativos en ese enfoque? ¿Debiera el BCE estar preparado para hacer lo mismo?

R: Hay límites a la capacidad de la política monetaria para estimular la demanda agregada mundial. Cuando se está en una “trampa de liquidez”, la nueva liquidez se atesora, como están haciendo ahora los bancos. Además, existe siempre el riesgo de que una creación monetaria excesiva, aunque sea útil para arreglar los problemas del estallido de una burbuja, engendre otra nueva si se prolonga en exceso. Alabo sin reservas la enérgica reacción de los Bancos Centrales ante la crisis. Pero para sostener la demanda necesitamos un estímulo fiscal.

P: El FMI fue creado, en gran medida, para evitar las “devaluaciones competitivas” y las políticas de “empobrecer al vecino” que siguieron los países en los años 30 en su lucha individual contra la Gran Depresión. ¿Ve riesgos de que reaparezca esa actitud? La reciente decisión de las autoridades chinas de depreciar el renminbi, ¿podría ser un preludio de ese riesgo?

R: En su reunión del pasado noviembre, los países del G-20 se comprometieron a preservar la libertad de los mercados y renunciar a medidas proteccionistas. Desde luego que es preciso resistir políticamente las inevitables tendencias proteccionistas que emergen durante las recesiones. Lo más importante es que los políticos cumplan, cuando vuelven a casa, las grandes promesas que hacen en las reuniones internacionales.

En el caso de la divisa china, el renminbi, está claro que sigue infravaluada y debe apreciarse a medio plazo. Su reciente depreciación frente al dólar es una desviación coyuntural de esa tendencia a largo plazo. China es uno de los países que mayores esfuerzos está haciendo para espolear la demanda interna y parece dispuesto a participar en el esfuerzo colectivo y asumir su cuota de responsabilidad en la lucha contra la crisis.

P: ¿Cuáles serían las principales reformas institucionales que debieran introducirse a nivel internacional para prevenir con mayor eficacia crisis futuras? ¿Cuál debiera ser el papel del FMI en ese nuevo marco institucional?

R: La comunidad financiera internacional “incluidos el FSF, el FMI y muchas otras instituciones” no supo prever los graves problemas que condujeron a la actual crisis. Hubo exceso de confianza en los países industrializados, entre ellos EEUU. Además, no llevamos a cabo a tiempo en EEUU un Programa de Evaluación del Sistema Financiero, que podría habernos ayudado a identificar vulnerabilidades. Se ignoraron las interrelaciones entre la evolución de la economía real y los acontecimientos y nuevas tendencias en los mercados financieros. Durante los tiempos de prosperidad no tuvimos en cuenta los efectos procíclicos de las normas financieras.

E incluso después de que la crisis llegara, tardamos en darnos cuenta del adverso efecto macroeconómico que iban a tener las pérdidas de los intermediarios financieros. La pasada primavera, el FMI intentó cuantificar esas pérdidas y evaluar su impacto macroeconómico. Se nos criticó entonces por ser demasiado pesimistas, pero, por desgracia, nuestras previsiones terminaron pecando de optimismo. De cara al futuro, el FMI está en una posición ideal para hacer el análisis y seguimiento de esas interconexiones entre los aspectos financieros y macroeconómicos. Sería, pues, lógico que se le asigne un papel destacado en los mecanismos institucionales que se establezcan para prevenir futuras crisis.

P: ¿Qué opina de la controversia sobre las reglas contables? En la medida en que, especialmente tras esos cambios contables, los balances de los bancos son más difíciles de interpretar ¿pueden ahora los bancos evaluar con certeza el riesgo de sus contrapartes en los préstamos interbancarios?

R: El Global Financial Stability Review que el Fondo Monetario Internacional publicó este otoño incluía un capítulo que analizaba si las reglas de valor razonable y valoración a precios de mercado tienen carácter pro-cíclico. Es un asunto complejo que deberá estudiarse en más detalle, pero parece innegable que, sin proponérselo, las normas contables y financieras facilitaron en el pasado los excesos financieros y el sobreendeudamiento.

Y al revés: ahora pueden estar agravando los problemas de las instituciones financieras en todo el mundo. Es cierto, por otro lado, que olvidarse de las valoraciones de mercado durante una fase recesiva puede aumentar la incertidumbre sobre el grado de solvencia de los intermediarios financieros y contrapartes.

Una paradójica consecuencia de esa falta de confianza entre las instituciones financieras y de su renuencia a prestarse entre sí, incluso a corto plazo, está siendo que los Bancos Centrales han vuelto a asumir la función que históricamente desempeñaron en sus orígenes: actuar como contrapartida central del resto de instituciones bancarias.

“Hablé con Zapatero en el G-20”
¿Son las autoridades políticas españolas plenamente conscientes de los riesgos inherentes al escenario de ausencia de reformas (es decir, una recesión con forma de L)? ¿Se ha reunido con el presidente Zapatero durante este viaje para debatir las recientes recomendaciones del FMI?

Las recomendaciones del FMI abarcan muchos asuntos y, en contra del estereotipo frecuente en muchos países, no se centran de forma exclusiva, como si se tratara de un mantra, en la reforma del mercado de trabajo. No he visto al presidente Zapatero durante este viaje, pero hablé con él a mediados de noviembre, durante la reunión del G-20. Mi impresión es que las autoridades españolas son plenamente conscientes de la necesidad de acometer las reformas que el FMI ha sugerido. España tiene la ambición legítima de ser reconocido como un «gran jugador» en los foros internacionales. Pero esa pretensión sólo será realista si se apoya en una economía fuerte.

Fuentes de financiación internacional
La Fed y el BCE han adoptado medidas extraordinarias para, mediante swaps, proporcionar préstamos a corto plazo a las autoridades monetarias de diversos países. Con independencia de esas medidas, el FMI ha mantenido que hay reforzar con urgencia los mecanismos oficiales de financiación internacional mediante un aumento de los recursos del Mecanismo de Liquidez a Corto Plazo (Short Term Liquidity Facility o STLF) o mediante un nuevo mecanismo cofinanciado por los países miembro. ¿Qué perspectivas hay al respecto? ¿Podría contemplarse una nueva emisión de Derechos Especiales de Giro para proporcionar liquidez adicional a las economías emergentes?

De momento tenemos suficientes recursos para la STLF, que proporciona préstamos a corto plazo, sin condicionalidad ex post, a aquellas economías emergentes que mantienen políticas sanas. Tras la cumbre del G-20, Japón prometió una contribución especial de 100.000 millones de dólares. Pero la crisis es global y podríamos quedarnos en el futuro sin recursos que prestar.

Varios economistas influyentes ya han abogado por una nueva asignación de DEG, como un instrumento adicional para proporcionaría liquidez a las economías emergentes. Una de sus ventajas sería que requeriría mucho menos tiempo que un aumento de las cuotas del FMI, lo que requería de un largo proceso legislativo en los países miembros que tardaría años. Todavía no hemos discutido en el FMI una nueva asignación de DEG: hasta ahora era sólo una idea que tenían en mente, en un segundo plano ¡pero se está desplazando hacia el primero con rapidez!

Fuente: Expansión